A Sala Llena

Sibila

Sibila (España, Chile, Francia, Perú, 2012)

Dirección y Producción: Teresa Arredondo. Guión: Teresa Arredondo, Martín Sappia. Distribuidora: Tren. Duración: 94 minutos.

La imposibilidad del enajenamiento

El tipo de registro fluye. La fusión de la pasión periodística que tiene innata el realizador de un documental con cualquier estilo de los que existen en un género tan amplio como éste, otorga al espectador una amplia gama de opciones para definir su gusto. Desde el mero hecho de querer informar, al de también combinar un estilo de mostrar la realidad a transmitir.

Cuando comienza Sibila, la identificación es inmediata. La historia se narra como si fuera un diario, con una voz en off protagonista. La persona que habla es la directora, la persona que necesita respuestas que, en su momento, nadie le dio. No es una búsqueda de identidad, no es un drama que le quite el sueño. Es una cuenta pendiente, es una ausencia repentina que se volvió permanente, es un hueco que nadie supo rellenar. Teresa Arredondo pregunta pero no exige, comprende. Es su familia, que por una causa más o menos valida que otra, decide abstraerse de la realidad vivida, al menos discursivamente. Su tía Sibila, perteneciente al grupo terrorista Sendero Luminoso en Perú, donde por esta causa termina encarcelada 15 años, parece ser tema prohibido en su seno familiar. Esa incomodidad de no saber, esa fuerza por querer encontrar las respuestas es transmitida por la cámara, que no parece ser más que una subjetiva que refuerza esta idea de identificación para con el espectador. Esta tensión generada por el vínculo, ese amor de la niñez puro e inefable para con su tía, vuelve su camino intenso pero recto hacia el encuentro que se hace desear.

La aparición de Sibila en el plano conmueve tanto, que se necesita una reformulación desde el recurso cinematográfico para poder lograr expresar lo que siente esta Teresa niña. Y escribo esta niña, porque parecería ser un viaje en el tiempo. Una atemporalidad, un universo paralelo donde se busca esa inocencia en el lazo, esa unión básica e inquebrantable. Esa inspección minuciosa de una persona, esa conexión automática con el recuerdo, hace de esta película una especie de introspección. Hay dos cuestiones que parecen buscar respuestas; por un lado, la de poder saber lo que por parte de su familia no va a poder, ir a la fuente, volver atrás, entender, y por el otro, y mucho menos evidente, el de encontrarse a sí misma, y buscar una referencia, drenar esa admiración. Esta ambigüedad expuesta vuelve al film mucho más profundo. Abre su mente y su corazón a la pantalla.

Sibila va más allá de los hechos vividos, más allá de un discurso político, de una postura frente al mundo en sociedad. Sibila muestra la nostalgia, la ansiedad, la verdad, con tanta transparencia, con tanta textura que se asemeja a lo que logró transmitir Naomi Kawase en Embracing (1992). Transforma a la cámara, dejando de lado el concepto de dispositivo para volverla casi como sus ojos. Las respuestas ya no necesitan palabras, las imágenes ya las suplantaron.

Por Nahuel Rodriguez Acosta

Sentencia Sibila

No puedo pasar por alto los intrínsecos recuerdos que este documental despertó en mi y que hace rato están queriendo ser evocados. No pude identificarme con nadie más que con la propia directora, porque más allá de que esto sea producto de la subjetividad de la cámara y su voz siempre detrás de ella, la búsqueda que originó este documental (aunque me gustaría llamarlo de algún modo más íntimo, tal vez diario como se lee sobre el final en una nota) me toca muy de cerca. Sibila no es un documental biográfico sobre Sybila Arredondo, exiliada chilena que en Perú formó parte de la agrupación Sendero Luminoso, por lo que fue acusada de terrorismo y puesta en prisión durante 15 años. No. Es la historia de Teresa Arredondo anhelando conformar un cuadro familiar quebrado a fuerza de silencios y reproches por la militancia política de su tía. Si alguien vivió una experiencia similar durante su infancia o adolescencia sabe perfectamente que el carecer de ciertas informaciones –peor aún si se es consciente de ello- nos deja en un estado total de incertidumbre. A veces los adultos en el intento de salvaguardar a los más chicos de asuntos delicados, creyendo erróneamente que estos no tendrán la capacidad de procesarlos, terminan logrando un efecto contrario que como un boomerang se les vuelve en contra con el tiempo.

Teniendo en cuenta todo lo dicho, punto de partida elemental para encarar Sibila, queda claro que Teresa busca la verdad desde su niñez, y pregunta con voz infantil –observación para nada peyorativa- ahora que la mujer adulta se anima a destrabar de su garganta todos los cuestionamientos que calló cuando no tenía autoridad suficiente o, mejor dicho, no se la reconocían. Más que entrevistar a los miembros de su familia acerca del pasado de Sybila, les está recriminando el no haberla hecho parte de esa historia, su historia. Tiene claro que ambas fueron silenciadas, pero ahora que sabe filmar se escuda tras la cámara, nos pone a la par y va tras la mujer de su familia a la que verdaderamente admira, porque aunque no coincida en sus pensamientos –o tal vez aún esté tratando de asimilarlos- ambas son fuertes, luchadoras, testarudas, y eso las une no sólo en sangre sino también en espíritu.

Si bien la película recorre un hecho histórico y social importante en la historia de Perú, no abunda en insertos que lo documenten (hay algunas transmisiones de noticieros, la filmación del sepelio del escritor peruano José María Arguedas, marido de Sybila), en cambio se va componiendo por planos de fotos familiares, viejas filmaciones, y los entrevistados siempre situados en espacios hogareños que les son propios, como si Teresa intentara tomarlos por sorpresa en la comodidad de sus casas para revolver una historia de las que les jode hablar. Abundan los gestos y las respuestas que los dejan en evidencia. Esto la vuelve muy interesante porque le da un tono amorosamente aguerrido que podría comparar con las discusiones políticas de sobremesa que muchos presenciamos de chicos en nuestro entorno familiar y de las que ahora algunos somos protagonistas. Pero lo que hace Arredondo, no me atrevo a decir que premeditadamente, es reflejar en esta microsociedad de la que forma parte la división de todo Perú al respecto. Hasta que de pronto llega Sybila, con la lluvia y su larga trenza grisácea, mujer resistente, que no vacila en cada una de sus sentencias, sellando el documental con un duelo final, bien frente a frente, que nos obliga a definir una postura determinante. Y se va cantando con sus ideales en alto, mitificada por la misma mirada que intenta condenarla en vano.

Por Nuria Silva

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