A Sala Llena

Sobre “Berlin Express”, Jacques Tourneur, 1948

“El
doble es el mito de la división primordial (véase el Banquete de Platón), por
lo tanto, las partes masculina y femenina están divididas, seccionadas, en cada
segmento del Todo: la persona, es decir, la máscara”. Espíritu de simetría –
“Doble de tema” pag. 344. Angel Faretta.

Hay
tres ciudades. La primera: París, la bella, la perfecta, la luz. En donde
reside la paz recuperada, o al menos eso es lo que parece: la Paloma Blanca
recibe una bala y muere. La segunda: Frankfurt, no hay luz, todo es ruina y
destrucción, esqueletos de edificios de una ciudad que en un tiempo pasado fue.
No hay palomas, hay hombres y mujeres que sobreviven. La tercera: Berlín,
también destruida y dividida, pero que pudiese albergar una esperanza. Allí
finalmente podría producirse una unión de paz. Estamos hablando, claro, de la
Alemania de la posguerra.

El
tren en donde viajan los personajes que llevarán adelante la acción, de París a
Berlín, cruza la frontera. Lindley (R. Ryan) mira por la ventana y encuentra el
borde, su mirada se centra ahora en ese alemán que viaja en el tren, el enemigo
al que derrotaron dos veces y que sin embargo aún lo desconoce e inquieta. Pasan
de lado, cruzan el borde, llegan al otro mundo, al alter mundus (A. Faretta).
De aquel lado está Frankfurt, de éste lado París.

El
alter mundus siempre se filtra en éste mundo. La paloma muerta, el mensaje en
clave que señala el tren, la hora, el camarote, la ciudad. Están de este lado,
el de la paz y la bella ciudad de postal, para anticipar el otro lado, la
ruina, la destrucción y la guerra. Y los hombres y mujeres que de este lado son
sencillos e inocentes y del otro lado no son lo que parecen. Dobles agentes,
dobles nacionalidades, informantes, prostitutas. El bajo mundo. Hay cuatro
viajeros –un norteamericano, un inglés, un francés, y un soviético- que siendo
diferentes van a unirse para rescatar a un quinto hombre, el que tiene la
capacidad humana de pacificar y unir, un alemán. Los cuatro son guiados en ese
viaje iniciático por una mujer: Lucienne (la luz). Lucienne habla todos los
idiomas de estos viajeros y los usa para poder evitar todo acercamiento
romántico. Habla ruso para escapar del norteamericano, francés para escapar del
ruso, alemán para escapar de francés. Todas distintas versiones de ella misma.
Es secretaria de oficio. Un oficio moderno, función laboral de la mujer de la
posguerra. Una mujer independiente que llega a lo laboral para ponerse a
disposición de un jefe hombre. Ni esposa ni prostituta, es la mujer de al lado.
La secretaria en el imaginario cinematográfico es una mujer ligera. Pero
Lucienne es la guía, la que sabe que unidos los cuatro hombres que representan
a los Aliados podrán salvar al sabio Alemán que es la clave de una posible
unidad para Alemania y para el mundo. Lucienne está en medio, entre el allá y
el acá.

Al
cruzar la frontera los dobles afloran. Dobles concretos, funcionales a la
trama: dobles agentes, dobles nacionalidades, máscaras o nombres (Pierrot se
llama el francés que finalmente es alemán) que dan lugar a otros dobles, los
dobles simbólicos. Como dice el Maestro Angel Faretta, el doble no sólo como
una mera proyección psicológica, sino como posibilidades que se nos ofrecen.
Pero la que nos interesa es Lucienne. Ella viaja con el alemán Bernhardt. Ella
es joven. El es viejo. Cuando viajan en el tren Lucienne deja que Bernhardt
entre en su camarote (recordemos que rechazó antes a los jóvenes aliados),
Lindley y el inglés miran suspicaces. Pero no. Lucienne deja entrar a su jefe
para resguardarlo, una bomba estallará en el camarote de al lado en donde viaja
un doble de Bernhardt, un agente que está ahí para protegerlo y que morirá por
ello. Entonces Lucienne sabe que su deber es velar por su jefe, por su vida. Y
es ella la que guiará a los cuatro hombres, iluminándoles el camino. No hacia
Bernhardt, porque eso lo hacen entre todos, sino el camino hacia la unidad, la
comprensión y el amor a la humanidad. En la escena en que ella y Lindley buscan
pistas en un cabaret clandestino, él le señala a las mujeres atractivas,
diferenciándolas de ella a la que encuentra bien parecida y eso es,
paradójicamente, aquello que lo cautiva mas. Las atractivas son las dos rubias
alemanas prostitutas, vestidas de encaje negro –mientras Lucienne viste tapado
blanco-, dobles agentes que buscan información del bueno e ingenuo soldado
norteamericano (¡Que también es doble agente! Un alemán, ya lo verán). Una de
ellas, que juega a ver el futuro en un número de cabaret es una doble de
Lucienne, una posibilidad.

Pero
Lucienne no cede a esa posibilidad y fiel a sus ideas sigue su camino hacia su
otro doble, ese que por opuesto es perfecto. El mismo Bernhardt. Uno no es sin
el otro. En las ruinas de una vieja cervecería los últimos vestigios de esa
Alemania vencida, tienen secuestrado a Bernhardt con la intención de demorar
sus planes de unidad en Alemania. Mientras los aliados estén separados,
disputándose a Alemania y al mundo, la resistencia alemana tiene esperanzas de
seguir en pie de guerra. El Cervecero alemán, jefe de la resistencia, recibe a
Lucienne con algarabía; así finalmente Bernhardt confesará sus planes. Cuando
Lucienne y Bernhardt, uno junto al otro, se encuentran literalmente contra la
pared él lamenta los muchos años que le quedaban a ella, mientras ella los
pocos pero trascendentales años que le quedaban a él para lograr su misión.
Padre e hija, maestro e iniciada, finalmente se salvan de la muerte. En el tren
Berliner 2 -por si hace falta aclarar que hasta el tren tiene su doble-,
Lucienne casi cae en los brazos de Lindley, pero una vez más un doble la salva.
Un tren que pasa en dirección contraria hace de espejo reflejando al último
doble agente que intenta asesinar a Bernhardt. Lindley lo salva a último
momento.

En
Berlín, finalmente, Lucienne se despide de Lindley diciéndole que no va a tener
dirección fija por mucho tiempo, y que cuando el mundo madure le avisará. La
mujer elige no ser esposa, pero tampoco secretaria. Ella seguirá a Bernhardt.
Lindley por su parte consigue que el soldado soviético acepte su dirección como
muestra de amistad. Hermosa simetría, el papelito con su dirección y aquel que
llevaba la paloma de la paz-mensajera (hasta la paloma es un doble). Un papelito
declara la guerra, el otro es un llamado a la amistad. Norteamericano y
soviético ¿Se juntarán a tomar una cerveza?

Tourneur
es optimista en el final de esta película y finalmente su utopía es tan
arriesgada como hermosa: un alemán y una mujer salvarán el mundo.

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