A Sala Llena

Solo tres días…y ya hace frío

Y parece que se vino el frío nomás, sin vueltas y bastante rápido. Yo, que soy bicho de agua y calor, lo padezco bastante desde el comienzo. El frío se me mete en los huesos a penas arranca con sus primeros pininos. Casi desde el 21 de marzo, en mi casa comienza el operativo calefacción. Es como si mi cuerpo supiera que la estación cambió y comenzara a hacer chuchos, haga la temperatura que haga.  Pero no reniego, solo me seteo en el modo invernal y me dedico a disfrutar de la nueva estación, emponchada hasta la mollera.

Con el frío llegan varias cosas que adoro de la vida y que contribuyen a incrementar las llamas de mi pasión por el acovachamiento y la rutina hogareña: las frazadas pesadas en la cama, los calefactores prendidos en la casa, los gatos pegoteados en el sofá dándome calorcito, las bufandas, los submarinos, las  maratones interminables de películas (no es que no sucedan en el verano, pero con el frío se intensifican) las pijamas de lana en conjunto, las sopas bien calientes, la cucharita nocturna coreografiada como el más sofisticado de los ballets… Todo se me hace irresistiblemente tentador y voluptuoso, por lo que, en los últimos días, me la pasé acomodándome al otoño de manera devota y comprometida. Saqué las botas “pata de oso” del ropero, cociné en el horno que había estado apagado durante todo el verano, me envolví en mi campera de jogging con corderito y no saqué el trasero de sofá ni el sábado ni el domingo.  Me la pasé haciendo fiaca, recibiendo mimos y comiendo, además de mirando películas y más películas. En síntesis, el paraíso.

Durante mi período de adaptación al otoño, me encontré para mi sorpresa, con una película que quiero recomendarles, aunque no sea todo lo buena que pudo haber sido.  Ustedes se preguntarán por qué nos les recomiendo una que sea redondamente buena y algo de razón tendrán pero, verán, este film me dejó un muy buen sabor de boca, aún cuando al final casi se estrella en la estupidez Hollywoodense.

Estando hundida casi hasta las orejas en mi sofá, pesqué en HBO un film que se estrenó hace un año aquí en Argentina y que pasó medio sin pena ni gloria, a pesar de estar protagonizado por el mismísimo Gladiador en persona.  Puede ser porque el tipo está un poco excedido de peso (lo que no le quita ni una pizca de su rudo encanto sexual) o porque ha bajado significativamente su perfil o, tal vez, porque la gente no se enteró demasiado acerca de la trama de la película, la cosa es que este film, no tuvo la acogida que han tenido otros protagonizados por la estrella. Lo extraño fue que solo unos días atrás, un amigo me lo había recomendado y me había quedado en la mente, por lo que encontrarla en la tele, me resultó algo así como “milagroso”.  Me sorprendió para bien,  aún cuando no tiene la truculencia y la oscuridad de los policiales franceses, siendo como es, la remake de uno.

Solo Tres Días, dirigida por Paul Haggis (Crash), es la versión americana de un thriller francés de 2008 llamado Pour Elle (Por Ella, el título en francés es excelente) y que llegó a los cines argentinos en marzo de 2011. Lamentablemente para ustedes, no vi la versión francesa así que, por hoy, nos quedamos atascados con la americana, que está bastante buena, sobre todo porque se trata de un tipo locamente enamorado de una mujer y eso, a esta columnista, siempre le encanta.

En esta cinta, Crowe interpreta a un profesor universitario que vive una vida feliz con su familia y que se ve inmerso en un infierno, cuando su esposa es acusada de asesinato y condenada sin posibilidad de apelación. Es en ese momento, en que decide sacarla de la cárcel a como de lugar y huir con ella y su pequeño hijo.

La película tiene un clima excelente y la actuación de Russell es remarcable. Es él quien aporta el tono total de la obra y la lleva a un lugar mejor, convirtiéndola en austera, parca y atormentada. El rol de la esposa, interpretado por Elizabeth Banks, está bien plantado también y le otorga un dejo de misterio y de zozobra a la trama, que mantiene al espectador en vilo durante toda la película. Si no fuera por la torpeza del director y su afán de dejar las cosas demasiado claras, los dos personajes se echarían al hombro un film pletórico de energía fronteriza.  El vínculo que desarrollan estos dos actores en pantalla, es verdaderamente inflamatorio y, aún cuando los dos roles no salen de un marco de cierta “normalidad”, ambos invirtieron profundos rasgos de peculiaridad y apasionamiento.

El tipo quiere sacarla de la cárcel porque la ama y ella no quiere salir de allí por el mismo motivo, ya resignada a vivir una vida prisionera.  El periplo del  protagonista es orgánico y claro, natural y sórdido a la vez. Tratando de encontrar la manara de que su mujer escape, va sumergiéndose en el submundo de la marginalidad, esperando hacerse con todos los elementos que le permitan una huida limpia y directa. Recorriendo caminos que le son  extraños y hasta amenazantes, se mete en la casa de un narco que le robó dinero y llega a una de las escenas cúspide de la cinta, en la que casi se desata un western. Un bautismo de fuego filmado excepcionalmente bien, que convierte a esta película, en una buena.  El espectador avezado, disfrutará particularmente esta secuencia. Y a quienes han disfrutado del policial francés rudo de los sesenta y los setenta, este film les parecerá remarcablemente aceptable.

Ahora bien, el asunto va desarrollándose de buena manera casi todo el tiempo, hasta que el director cae en la vieja trampa americana de explicarlo todo y es entonces donde la calidad de la película disminuye significativamente. Las últimas secuencias, se convierten en un epílogo interminable, innecesario y poco feliz, que quiere borrar con el codo lo que escribió con la mano, pero afortunadamente no lo logra.  Si me lo preguntan, yo hubiera arrancado la película cuando la esposa ya está en la cárcel, y la habría terminado en la escena de la huida, en la autopista, cuando él decide dejar a su hijo. A penas la vean, chusmeen y díganme si no opinan lo mismo. Ahora, mis queridos amigos, los defectos antes mencionados, no dan por tierra con la trama y mucho menos con el suspenso y el gran contenido electrizante del film. A mí me resultó una muy grata sorpresa. Crowe lo lleva de manera impecable hasta el final y su compañera también, consiguiendo un altísimo nivel de identificación con sus personajes, aún cuando ya no los juzgamos inocentes.

Solo Tres Días es un policial que vale la pena ver y quiero recomendárselos enfáticamente. Ahora que se nos vino el otoño y tenemos que apechugar para estar calentitos el Gladiador sigue levantando temperatura y la cinta no da un solo segundo de tregua. Garantizada una buena dosis de tibieza, al calor de esta película llamativamente interesante y entretenida.

Dicho esto y a modo de posdata, quiero agradecer profundamente todos los mensajes recibidos en la última columna y aprovechar para que, desde aquí, vaya mi abrazo.  A quien preguntó que si me animaría con un libro, le cuento que ya tengo dos publicados: 13 Historias de Mujeres Bizarras y Los Aburridos. Aquí en Buenos Aires los pueden encontrar en la librería Juncal, que está en Talcahuano y Juncal. Si quieren los pueden comprar y hacerme millonaria, que mal no me va a venir, es obvio que  nací para eso y tengo muchas condiciones.  Mientras tanto, los espero siempre en este maravilloso espacio.  Gracias amigos y hasta la columna que viene.

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