A Sala Llena

Sombras Tenebrosas, según Rodolfo Weisskirch

Pastiche Setentoso… a lo Burton

Lo primero que voy a decir es que ninguna película de Tim Burton me desagrada. Es más, defiendo aquellas obras que la mayoría de mis colegas defenestran como la remake de El Planeta de los Simios (no es lo mejor de su carrera pero tiene buenos momentos y un final divertido) y Alicia en el País de las Maravillas -que se destaca por aportarle un poco de oscuridad y sentimentalismo al cuento de Lewis Carroll, además de tener un imaginario visual impresionante-. La película que menos me gustó de Burton fue el musical Sweeney Todd, al que le faltaba el humor negro que Burton solía tener como marca registrada.

Aun así no era un film del todo desechable, a pesar de que Johnny Depp no puede protagonizar un musical.

Sin embargo, admito que tanto Sweeney como Alicia, con el paso del tiempo, me gustan menos, al igual que El Planeta de los Simios e incluso El Gran Pez. En cambio, la única película de Burton que odié en el momento del estreno, ¡Marcianos al Ataque!, hoy en día me parece una obra anárquica, divertidísima y personal.

Hace varias horas que terminé de ver Sombras Tenebrosas y todavía no decido qué grupo integra. Es un film realmente extraño, macabro, pretencioso, absurdo, ridículo, fallido y, a la vez, muy divertido, en parte por las fallas involuntarias pero también por algunas decisiones narrativas.

Tras un prólogo típicamente burtoniano ubicado a fines del siglo XVIII, donde Barnabás Collins cuenta la historia de su maldición, pasamos a 1972, siguiendo la ruta que Victoria, una joven institutriz, realiza en tren. Como es habitual, Burton pone al inicio la secuencia de títulos, solo que esta vez no recurre a la animación ni a la banda sonora de Danny Elfman de fondo, sino a una de las tantas canciones setentosas que se escucharán en la película. Una secuencia demasiado normal. Básicamente, así será el resto del film: un enfrentamiento entre la sátira flower power y el melodrama gótico.

Todo lo relativo al vampiro Barnabás (Johnny Depp, muy parecido a CharlieSweeneyIchabod); Angie, la malvada bruja que lo hechiza (hermosa, seductora, magistral y sorprendente Eva Green, que presenta una faceta cómica reveladora) y la inocente Victoria llevan la marca del oscuro Burton, pero la familia que vive y se cría en los ‘70 tiene un aspecto salido de series de esa década o de los ‘60, mezcla de La Tribu Brady con Los Locos Addams, con influencias de Scooby Doo.

Como parece que entre John August y Seth Grahame-Smith (guionistas del film) no lograron encontrarle la vuelta a la adaptación de la oscura serie de Dan Curtis, aparentemente Chris Lebenzon -habitual editor de Burton- fue el encargado de armar la historia, ya que por algo figura como productor ejecutivo. Por eso hay escenas que parecen estar insertadas de manera forzada, que podrían ir donde están, más adelante o después. Personajes que aparecen, desaparecen, cambian su personalidad, su físico, algunos a los que les aparecen facetas incoherentes y otros que de repente se van. Hay mucha intriga alrededor del armado argumental. Realmente falta una cohesión narrativa; son retazos, como episodios copiados y pegados de la serie. De alguna manera todo esto se comprende, y acá se nota la mano de Lebenzon, que soluciona lo que el guión, e incluso la dirección, no pudo.

La película peca de artificial pero con un extremo de patetismo. No se sabe a ciencia cierta si Burton quería hacer una comedia absurda o un relato fantástico-dramático y le salió mal. El tono del film puede cambiar de un minuto al otro; una escena sentimental tiene, a los pocos segundos, un remate humorístico.

Tanto el contenido romántico como la violencia del film tienen relevancia narrativa pero, a diferencia de otras obras, Burton decide no tener una mirada tan cursi, y la sangre termina siendo menos importante de lo que debería ser. Por otro lado, el director se burla -aun prestando poca atención al perfil mítico- de los estereotipos de los vampiros y las brujas.

Justamente por este sentido ambiguo, por lo bizarro e incoherente que es el relato, es que Sombras Tenebrosas es un obra clase B de alto presupuesto (como Marcianos). Burton se burla de los personajes, de los fanáticos, de lo mainstream. La estética recuerda a un film de la Hammer, y esto no es para nada casual, teniendo en cuenta que el mismísimo Lord Christopher Lee, actor fetiche de la compañía, hace acá un cameo a los 89 años de edad.

El romance del film también es extraño. Barnabás ama a Victoria pero desea carnalmente a Angie, la bruja. Las escenas de ambos tienen diálogos morbosos pero la gracia de la pareja Depp/Green funciona. Los duelos entre ambos, sumado al humor negro que le imprime el director, recuerdan bastante a los de Meryl Streep y Goldie Hawn en La Muerte le Sienta Bien de Zemeckis.

Por otro lado, quedan bastante relegadas algunas tramas que prometían tener mayor desarrollo y que Burton y los guionistas resuelven discursivamente, como la de los hijos más chicos de los hermanos Collins -la relación entre ambos y, en particular, el rol de Victoria-. El casting es un punto fuerte del film, ya que el timing humorístico de Michelle Pfeiffer, Jackie Earle Haley y esa promisoria gran actriz llamada Chloë Grace Moretz es más efectivo que el rol de los personajes per sé. A la vez, la mujer de Burton, Helena Bonham Carter, con menor relevancia que en otros films de su esposo, compone el personaje más divertido y entrañable: la psicóloga borracha de la familia.

Los habituales colaboradores de Burton, Rick Heinrich, Danny Elfman y Collen Atwood, ayudan a crear Collinsport y sus ambiguos personajes. Hay un particular interés por revivir las canciones y las modas de la década, desde Love Story hasta Barry White, pasando por los Carpenters y T-Rex. Hasta el mismísimo rey de las tinieblas, Alice Cooper, se suma a la parodia.

Desde lo visual, es una propuesta de contrastes, pero desde lo temático no contiene mayores novedades. Burton empieza a alejarse de la mirada infantil y, por primera vez en su filmografía, se insinúan referencias sexuales (con sexo oral incluido) y escenas literalmente “fumadas”.

Parece que durante todo el proceso de filmación y armado del film, Burton también consumió un poco (¿habrá consumido lo mismo para Marcianos?) porque es la única forma de justificar que este imaginativo director haya hecho un film tan malo en términos narrativos pero tan bizarramente divertido y original por otro – ¡que dicotomía!-

Sombras Tenebrosas parece seguir la senda de “película de culto”, una obra menospreciada en el momento de su estreno, como Marcianos al Ataque, elogiada con el paso de los años. Quizás esta es la fórmula de Tim Burton para ser inmortal.

calificacion_3

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