A Sala Llena

Soy una Mujer

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Hoy tuve un día un tanto “slow motion” como quien dice y, para rematarla, me pusieron una inyección. Me pasé el día en joggineta y zapatillas, haciendo cosas de la casa (pocas), twitteando, mirando la tv y Cuevana, mientras trataba de armar esta columna en mi cabeza y esperaba la hora de ir a que me pincharan el trasero. Ayer me rasguñó uno de mis gatos, medio que me sacó un bife y, para dejarme tranquila, me dieron una antitetánica. Ustedes bien saben que mi paranoia me precede. Es por eso, que me encuentro ahora, escribiendo en cuclillas porque no me banco mucho estar sentada, mientras me froto el huevo que me dejaron en la nalga izquierda, (en la derecha se ve que me lo pusieron más suave y va una en cada cachete).

Entre hoy y ayer surfeé los canales bastante salvajemente, mientras me guarecía de esta lluvia tropical que nos está mojando la cabeza y las ideas. Me encontré con algunas cosas muy interesantes, que me terminaron enganchando. En general, la programación de los fines de semana es más bien pochoclera y entretenida. Particularmente la disfruto bastante, pero también me gusta toparme con alguna cosa con un poco más de consistencia, para bajar un poco las golosinas.

Me encontré con El Gato Desaparece (que vi dos veces) para disfrutar doblemente y porque, la verdad, la primera vez me quedé con dudas. Me zambullí en un par de documentales formidables que me encantaron, sobre todo uno sobre supermodelos. Vi las noticias, vi el programa de fútbol de Fantino, la película sobre Sarah Palin de HBO, agarré Boogie Nights… En fin, una paleta más que variopinta, y un banquetito tutti frutti que me dejó un excelente sabor de boca y me dio envión para lo que queda de la semana. Y justamente fue hoy, que para mi deleite, me choqué de frente en el cable con Sensatez y Sentimientos. Si, ya sé que ya hablamos y le dedicamos una columna entera a esta película, pero hoy me gustaría volver sobre ella de otra manera y no en forma de homenaje como antes, si bien se lo merece y en todos lo aspectos.

La versión de Ang Lee de este clásico de Jane Austen, se estrenó en 1995, protagonizada por Emma Thompson, Kate Winslet, Hugh Grant y Alan Rickman y no tenía un solo punto flojo. El guión (de la virtuosísima Thompson) era impoluto y de una sensibilidad tan arrolladora, que dejaba literalmente sin aliento. La fotografía era excelente, la música era excelente, la dirección de arte era excelente, la dirección de actores era excelente, las actuaciones eran… bueno, eran mucho más que excelentes, inclusive la de Hugh Grant, que creo que dejó allí el papel de su carrera. Pero no voy a meterme con la película de la manera que siempre lo hago. Hablemos, más bien, de lo que se trataba: una familia que quedaba huérfana de padre, el hermano mayor heredaba todo y la segunda esposa del padre y sus tres hijas mujeres, quedaban con una pequeña pensión de la que tenían que vivir. Una cuasi limosna, sujeta a la voluntad del hermano, ya que las mujeres no podían heredar por aquellos días. No tenían ese derecho y quedaban a merced de la buena voluntad de los hombres que accedían a las herencias. De esa manera, la única forma que tenían de asegurarse medianamente el futuro, era a través del matrimonio y la procreación.

Eran pocas las mujeres que trabajaban y lo hacían, en general, las que estaban compelidas a la servidumbre, a la enseñanza y a la prostitución. Las mujeres de clase acomodada, arruinaban sus reputaciones si se sabía que ejercían algún tipo de labor remunerada y quedaban poco menos que proscritas. Los hombres, a los que debían unirse en matrimonio para sobrevivir, las descartaban como mercancía dañada, si se sabía que trabajaban. Eran, por supuesto, las clases más bajas y por necesidad, las que toleraban que las mujeres  realizaran actividades laborales ya fuera dentro o fuera del hogar. De esa manera, fueron la clase obrera y la baja burguesía, en los actos no en la teoría, las que fueron engendrando de a poco, el embrión de la lenta y muy paulatina, liberación femenina que, aún con el gran terreno ganado hasta nuestro días, no termina de llegar del todo para nosotras. Porque parece que el machismo y la misoginia secular, siguen haciendo más que de la suyas, hasta ahora.

Las mujeres de Sensatez y Sentimientos, trataban como quien dice, de hacer limonada con los limones que la vida les daba y se empeñaban en encontrar, a la vez, el amor y la supervivencia en la medida de lo posible, y dentro de las expectativas que cada una tenía. El éxito de la película entre las mujeres, más allá de las maravillosas historias de amor, era la actualidad del conflicto: hoy en día, las mujeres seguimos haciendo malabares, para articular la supervivencia, el amor y los sueños, dentro de una sociedad que sigue sin reconocer en pleno nuestros derechos.

Hasta el hartazgo he visto en los noticieros de estos días, a gente manifestándose en contra de la ley que otorga el derecho a las mujeres de interrumpir el embarazo si la concepción se ha dado bajos circunstancias violentas. La más reciente víctima en la que rapiñaron, fue nada menos que una chica violada reiteradamente, dentro de una red de trata de personas. Un par de (no voy a decir lo que pienso de ellos tan gráficamente) “señores”, interpusieron un recurso de amparo para impedir que el procedimiento fuera realizado y lo lograron vergonzosamente, de la mano de una jueza, si, de una jueza MUJER. Es la opinión de esta columnista, y solo de esta columnista (de ninguna manera me tomaría la atribución de opinar por el resto del equipo de A SALA LLENA) que las mujeres debemos tener plena facultad y soberanía sobre nuestros cuerpos, incluso frente a la decisión de ser o no,  huéspedes de otro ser humano en cualquier circunstancia y sin ningún tipo de restricciones. Creo fervientemente en el derecho a elegir que debe tener la mujer y que debiera serle  proporcionado de manera legítima, segura y gratuita. Pero hay muchas voces y muy poderosas evidentemente, que siguen acallando a nuestro género y siguen haciéndolo víctima de persecuciones, escraches y linchamientos morales y físicos a lo largo y ancho del globo. A las mujeres, se nos sigue persiguiendo, se nos sigue denostando y se nos sigue postergando en materia de derechos.

Hoy vemos films como Sensatez y Sentimientos, Orgullo y Prejuicio, El Color Púrpura, La Amante del Teniente Francés, El Violinista sobre el Tejado, No me iré sin mi Hija, Te Doy Mis Ojos,  Tomates Verdes Fritos, La Sonrisa de Mona Lisa o Golpes de Mujer y decimos “¡Wow, qué bien que lo estamos haciendo, cuánto hemos avanzado!”, pero la realidad nos muestra que, cuando la papas queman, la sociedad sigue dándole la espalda a las mujeres, anteponiendo todo tipo de argumentos que no debieran venir al caso, como por ejemplo, la imposición del dogma religioso. A la larga gente, no estamos todo lo lejos que creemos de Las Brujas de Salem o de Juana de Arco, y mucho menos teniendo en cuenta la humillación pública y el impuesto a la femineidad al que son sometidas las mujeres, incluida nuestra presidenta, a diario.

El cine tiene la enorme capacidad de mostrarnos la historia y a sus protagonistas, otorgándoles claros lugares dramáticos en el escenario de la vida. Hay héroes y antagonistas, villanos y buenos. Por alguna razón, nosotros siempre creemos estar del lado de los buenos pero, es imposible que así sea. Lo que si puede lograr una película, es que veamos claramente qué bando estamos ocupando en el presente. ¿Somos la reina mala de Blancanieves o somos uno de los siete enanos? ¿Somos de los que dicen que la Tierra es plana, o estamos del lado de los que ven desaparecer los barcos en el horizonte? ¿Somos Galileo, o somos de los que lo hubieran quemado en la hoguera si no se hubiera retractado? ¿Somos el liberador, o somos la cruz? ¿Quiénes somos y de qué estamos hechos?

Hoy los invito a rescatar títulos cinematográficos, que nos ayuden a distinguir en qué vereda estamos parados. Films como Libertarias, Ángeles de Hierro, La Joven Vida de Juno, Vera Drake, El Grito Silencioso, Mujercitas, Jane Eyre, Eva Perón, Cocó antes de Chanel, DogVille, Lo que el Viento se Llevó, Thelma y Louise, Norma Rae, Las Horas, Nunca Más, Miss Potter, En Tierra de Hombres, Yo la Peor de Todas, Viva María… y muchas, pero muchas, películas más.

El cine, que como siempre me gusta decir, es un espejo de la vida, va a colaborar en poner bien claro, qué rol estamos ocupando en este asunto y tal vez, solo tal vez, tenga la facultad de tocar algunas mentes, algunos espíritus y modificar arcaicos y machistas comportamientos.

Para finalizar, me gustaría dejar algo bien en claro: SOY UNA MUJER.

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