A Sala Llena

Tarascones

La máscara del monstruo 

“Lo ridículo puede ser definido acaso como un error o deformidad que no produce dolor ni daño a otros; la máscara, por ejemplo, que provoca risa, es algo feo y distorsionado, que no causa dolor”. Aristóteles. Poética, capítulo V.  

 

Un grupo de amigas (o personas dispuestas a ejercer la crueldad como forma de vínculo social) se reúne habitualmente en casa de una de ellas para tomar el té, hablar mal del otro, jugar a la canasta, mentir, comer masas y despreciar. Hasta que un día la infernal rutina es quebrada por una pesadilla aún más atroz: el crimen.  

Luego de un exitoso recorrido de años y teatros, llega finalmente a la avenida Corrientes Tarascones, el ya emblemático espectáculo escrito de forma muy original por Gonzalo Demaría y dirigido por Ciro Zorzoli, acaso uno de los mejores directores de la escena argentina, recordado por esa puesta tan asombrosa que fue Estado de ira 

Lo que tenemos aquí es una comedia negra con estructura policial donde un grupo de amigas, luego de que la mascota de una de ellas haya sufrido un atentado, se dedica a encerrar, acusar y juzgar a una mucama, personaje clave que nunca estará en escena pero se hará presente de todas maneras. Esta parodia de juicio será la excusa perfecta para realizar un monstruoso catálogo de miserias de clase y ruindad del alma. Y también, porque esto es una comedia, para divertirnos con las múltiples posibilidades de esa poética tan nuestra y tan pocas veces transitada con éxito: el grotesco.  

Hay un autor que es clave para la concepción de esta obra. Hablamos Jean Genet, y particularmente Las criadas. Como en esa obra también tenemos aquí un lenguaje poético, choque de clases, ritual de la representación, un mundo femenino como espejo de lo aparente, humor negro y muerte. Pero nuestra historia ocurre en la Argentina y esto la obra se propone tomarlo como decisión política: los personajes hablan desde una ideología, desde un sector político, desde un estereotipo (el gorilismo recalcitrante, lo nazi como destino genético). Seguramente injusto para un sector social. También terriblemente eficaz para una comedia sobre lo incorrecto.  

Si bien el espectáculo tarda en formar la línea de conflicto principal, teniendo en cuenta su hora de duración, una vez que lo logra todo cierra de forma perfecta. Es en la primera parte donde más cuesta arriba se hace, debido a una narradora que no modifica la trama, unas elipsis que rompen el ritmo, un escarceo de la información que vuelven al chiste y al comentario banal algo demasiado reiterativo. Pero una vez que se entiende la situación de juicio, el motivo y contra quién, y particularmente a partir de la utilización de una máscara, todo se desencadena con una precisión ágil y admirable.  

Estas imprecisiones de la estructura dramática y la puesta, son superadas gracias al talento de cuatro actrices que realizan un despliegue descomunal de sus capacidades. Las cuatro brillan gracias a sus perfectas marcaciones, a la construcción de sus personajes, a la generosidad con que se plantan en escena. Mencionemos especialmente a Alejandra Flechner y Susana Pampín. El monólogo de la primera haciendo un catálogo de insultos contra las empleadas domésticas y las exequias de la segunda sobre su perra muerta, son de los grandes momentos del teatro argentino contemporáneo. Otro momento muy disfrutado por la platea es el baile que ejecuta Eugenia Guerty cuando es poseída por una fuerza nativa gracias al uso de una máscara de carnaval. 

Este elemento de la máscara es sin lugar a dudas el gran hallazgo dramático de la obra. Entendiendo bien el origen ritual de este objeto y comprendiendo a la perfección tanto su carga simbólica como dramática, la máscara unifica aquí teatralidad, humor, crítica y otredad. Porque Tarascones, como todo grotesco, es una obra sobre la unión de los opuestos en una tensión imposible. Monstruosidad y rima. Rito sagrado y ceremonia de la impostura. Amistad y malicia. Un campo de concentración contemplado desde una potencia guaraní.  

Si el grotesco es esa forma de llegar al llanto desde la risa, su angustia carcome porque su pregunta es metafísica. Que sea entonces la imagen final de la dueña de casa, en sombras,  nuestra cifra. Belleza y angustia en la imagen alucinada de un ruego que trata en vano de enmascararse bajo la forma de una orden que a nadie le importa obedecer.   

Elenco: Paola Barrientos, Alejandra Flechner, Eugenia Guerty, Susana Pampín. Autor: Gonzalo Demaria. Escenografía: Cecilia Zuvialde. Musicalización: Marcelo Katz. Producción: Cooperativa Tarascones. Vestuario: Magda Banach. Iluminación: Eli Sirlin. Dirección: Ciro Zorzoli.

TEATRO METROPOLITICAN. CORRIENTES 1343 

Funciones: martes 20:00 y sábado 20:30.  

Entradas por Plateanet.  

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