A Sala Llena

Va (versión artesanal)

 

 

Va (versión artesanal)


Directora:
Mariana Carli Iluminación: Mariano Arrigoni Música: Daniel Figueroa Intérpretes: Ramiro Bailiarini / Emiliano Formia Prensa: Julia Laurent

El espacio está ahí, tal cual. Ni una silla, ni una mesa, ni un banco. Nada. Sólo un gran tacho metálico que sin ningún problema se camufla cerca de una columna y que muy probablemente sea también parte del espacio original. La sala Kosovo del espacio IMPA a secas. Y no es moco de pavo.

Los que tuvieron la posibilidad de visitar y recorrer este lugar extraordinario y tienen alguna relación con artes escénicas seguramente no pudieron impedir que su cabecita loca (en el cuarto y hermoso sentido que le da la RAE: “Loca. Que excede en mucho a lo ordinario o presumible”) dejara de imaginar y entretejer los diversos modos en que podía usarse ese espacio repleto de maquinarias, con recovecos insólitos, oscuro, frío, inmenso.  Muchas fueron las puestas que se repartieron en las diferentes salas del IMPA, por supuesto no he visto todas, pero con esta obra que dirige Mariana Carli sucede algo especial. Va no usa el espacio como un simple marco en donde se desarrolla la obra ni tampoco lo interviene modificándolo, simple y complicadamente lo habita. Y lo hace de un modo tan vital que parece que esa sala, que no por casualidad bautizaron “Kosovo”, fue construida especialmente para ella.

El diseño y la puesta de luces a cargo de Mariano Arrigoni se ocupan de darle a cada rincón de la sala un ambiente particular con variaciones de colores e intensidades. Círculos de luz blanca para delimitar pequeños puntos perdidos en la noche, tonos rojos en cuartos donde se cambian los intérpretes/se transforman los personajes, tonos verdes cercanos y azules fríos en sectores alejados en los que los personajes disputan una pelea.

La interpretación de Ramiro Bailiarini y Emiliano Formia es intensa y generosa en todo momento, tanto en las partes más íntimas y pequeñas como en las más fuertes y extrovertidas. El gran tamaño de la sala permite un movimiento expandido y desplazamientos que difícilmente pueden lograrse en escenarios más convencionales. Pero esto no solo habla del trabajo de los bailarines sino también de decisiones claras desde la dirección que asumieron esta extensión y le dieron un uso extremo. El juego con las distancias desde el punto de vista del espectador resulta muy rico. La diferencia entre tener a los intérpretes a un metro de distancia y tenerlos a quince produce, con la ayuda del diseño lumínico, que esta sala del espacio cultural IMPA se transforme totalmente y se resignifique cada parte de ella dando la sensación, por momentos, de estar viendo una obra de video-danza en vivo.

La música en vivo a cargo de Daniel Figueroa es otra parte fundamental de esta interrelación permanente en la que se desarrolla la obra. Con un teclado al principio y luego golpeando ese tacho de metal que mencionamos al inicio, el sonido refuerza la sensación de estar ahí en ese momento: con los intérpretes, con el espacio, con el otro. Sonido y movimiento es un ida y vuelta constante.

Desde el ingreso a la sala cuando subimos por unas escaleras laterales solo iluminadas por unas pequeñas linternas que llevan las asistentes y oyendo desde un grabador sonidos nocturnos nos invitan ya a habitar ese lugar de un modo distinto. Nos convidan a estar con ese espacio, así como luego los intérpretes estarán con ese mismo espacio, con la música y con el otro en escena.

La relación con el otro. No es un espacio intervenido. No es la intervención de la música. No es la intervención sobre el otro. En todo sentido, esta obra es la relación con lo otro.

 

Teatro: IMPA. La Fábrica Ciudad Cultural
Funciones: Se terminó la temporada 2010
Reservas: [email protected]

 

 

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