A Sala Llena

Vientos que zumban entre ladrillos

Vientos que zumban entre ladrillos

Autoría y dirección: Diego Faturos Elenco: Manuela Amosa, Francisco Lumerman, Lisandro Penelas, Ana Scannapieco. Escenografía: Sofía Rapallini y Mariana Samman. Iluminación: Ricardo Sica. Elenco: Manuela Amosa, Francisco Lumerman, Lisandro Penelas, Ana Scannapieco. Prensa: María Sureda.

Morir, dormir, tal vez soñar

Eugene Ionesco, el dramaturgo, se encierra con su hija muda y un admirador enfermo. Desesperanzado, sigue repitiendo discursos que en su casa ya no son oídos. Las paredes se cayeron, las puertas no están, el piso está mojado, hay una gotera que no se sabe de dónde viene y que inunda poco a poco la casa… En este ambiente de encierro y desolación los personajes sueñan. En medio de la vorágine poética y política que despliega Ionesco los sueños aparecen como pozos hondos, única salida de una realidad que todavía, a pesar del encierro, los persigue. ¿Cómo enfrentan la vida un poeta solitario que perdió las esperanzas, una niña muda y un enfermo que nunca salió al exterior?

Llega a este lugar una mujer que pareciera salir de un sueño. En Vientos que zumban entre ladrillos las imágenes de los sueños se hacen realidad, se vuelven palpables. ¿Los sueños se transforman en realidad o la realidad se transforma en sueños? ¿Qué rastros quedan del afuera? ¿Qué huellas dejó en cada uno lo que vivieron o lo que soñaron del afuera?

Una escenografía sintética y onírica acompañada de una iluminación tenue conforman un ambiente onírico donde estos personajes hacen sus cosas de todos los días, donde dos actores y dos actrices despliegan toda su sensibilidad, sin artificios. El texto de Diego Faturos alcanza momentos sorprendentes en vuelo poético y en claridad política, en la escena verdaderamente pareciera estar deambulando un Ionesco balbuceante y un tanto incapaz, que eligió a estos pobres compañeros para compartir su soledad. El rumbo cambia cuando llega la mujer soñada, la que esperan del principio al final y que no saben cuándo vino ni cuando vuelve. Después de Vientos que zumban entre ladrillos todo afuera se ve distinto.

Por Hernán Lewkowicz 

 

Aislados en una habitación, sin tiempo, sin puertas, y una cama para dormir y d

espertar dentro del mismo sueño… tres personas conviven, se encuentran, y se preguntan por la vida. Con una dramaturgia afilada que se asienta en la audaz actuación de Francisco Lumerman, la obra pasará zumbando por nuestros oídos como notas filosóficas sustentadas de textos de Eugene Ionesco, los cuales Diego Faturos (el director) promete volver a la vida.

Vientos que zumban entre ladrillos puede cifrar un marco entre un mundo onírico que todos habitamos y el mundo real que no queremos habitar. Cuestionando y reflexionando con humor y elocuencia los temas de amor, desesperación y miedo que inundan a los personajes en pensamientos y proyecciones que los llevan desde las nubes de la esperanza, hasta el agobio y el encierro que grita ¡Es horrible soñar y es horrible estar despierto!

En esta blanca puesta con luces cálidas, llegará una persona a mostrarnos que la soledad, es el único fantasma que separa la realidad del sueño. Sin duda, la oratoria complica al actor Lisandro Penelas, en el papel del mismo Ionesco, que contrasta con la sensibilidad de Manuela Amosa y la de Lumerman (es esta la idea del director?) y resultan un tanto indigestos en la comprensión del texto. El guión de Faturos pide mucho trabajo vocal a los intérpretes y en mi opinión, faltará trabajo para que los actores logren soberanamente dejar un soplo de vida en el espectador conmovido.  Pese a estos ajustes, es una obra que pide verse por su excelente dramaturgia.

Por Mauro Cavas 

 

Teatro: Teatro TIMBRE 4 – Boedo 640

Reservaswww.alternativateatral.com o www.timbre4.com

Funciones: Sábado 23 hs y Domingo 18 hs (hasta el 5 de diciembre)

Entrada: $30 y $20 

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