A Sala Llena

Wolverine: Inmortal, según Rodolfo Weisskirch

Sushi industrial.

Llegó “El combo del verano”. Pongamos unas piezas de samurais, otras de yakuzas, algo de manga y el resto de ninjas, y tenemos el plato de sushi ideal. ¡Ah me olvidaba! Este es un plato de un restaurante japonés atendido por estadounidenses, por lo tanto en el medio del plato viene la salchicha con mostaza: ¡Wolverine! ¿Y el gusto? Obviamente es artificial. Hay cosas que no se mezclan. James Mangold, un especialista en cocinar de todo, pero con una alarmante falta de gusto fresco, regresa a las andadas en esta secuela de la saga X Men. Sí, no se trata de la continuación del origen del personaje de Logan que vimos en 2009 con el sudafricano Gavin Hood detrás de cámaras, haciendo un video clip de secuencias ridículas, que derivaban en un película grasosa, pero entretenida. Esta vez se trata de una secuela de Men 3: La Última Batalla, y Mangold demuestra una vez más su pretenciosa ausencia de personalidad con una película que solamente es rescatable por su secuencia inicial y una anecdótica escena post créditos.

Todo empieza cuando siendo prisionero de los japoneses, Logan rescata a un soldado de la bomba nuclear de Nagasaki, protegiéndolo solamente poniendo el lomo delante suyo. Más allá de la fantasía, la secuencia es divertida y tiene cierta tensión. Pasan más de 60 años y Wolverine vive en medio del bosque, escapando de los recuerdos de un amour fou con Jean Grey, de la culpa de haberla asesinado, con la apariencia de Jean Valjean. Parece que le costó mucho a Hugh Jackman sacarse el personaje de encima. Pero además se ha vuelto un protector de los osos, persiguiendo cazadores furtivos en bares de mala muerte. En uno de estos lugares, aparece una joven oriental salida de Sailor Moon y se presenta como guardaespaldas de Logan. Ambos emprenden un viaje a Japón para que el protagonista se reencuentre aquel soldado que salvó durante la guerra, que le promete volverlo una persona mortal para que pueda tener una vida normal. Claro, que no todo es tan fácil y Logan, que se ha convertido en una especie de Drácula moderno – hombre inmortal que busca su redención después de la muerte de su amada – queda envuelto en una disputa por el trono de su “amigo” que se ha convertido en un multimillonario inventor de toda la tecnología moderna japonesa. Así como las obras de Kurosawa, Shakespeare llega a la cultura nipona, y en el medio lo vemos a un mutante succionado por todas partes, enamorado de la hija del lord y perseguido por una femme fatale venenosa.

James Mangold y los guionistas hacer un verdadero rejunte de ideas, y la combinación no solo tiene sabor a poco, sino que además aburre. La ausencia por completo de un comic relief, sumado a la falta de gags, líneas “ocurrentes” y un personaje que genere empatía con el espectador convierten Wolverine: Inmortal en un film denso y moroso, que solamente tiene una interesante secuencia de persecución arriba del vagón de un tren bala. A favor de Mangold se puede decir que aprovecha sus conocimientos en el western para convertir a Wolverine en un Clint Eastwood de la saga de Leone. Un hombre que viene de afuera, marginado, sin pasado, melancólico, queda involucrado en una guerra de bandos, etc, etc. Incluso, esta pelea con yakuzas arriba del vagón se puede interpretar como un homenaje a las peleas arriba de trenes de los westerns de los años 60. No olvidemos que Mangold tiene experiecia con el tema, dado que realizó la correcta remake de El Tren de las 3:10 a Yuma. Pero la suma de efectos visuales no consiguen a darle a la secuencia un gusto artesanal, disfrutar realmente la pelea. Es artificio puro. Y vamos a ser honestos, vimos lo mismo hace menos de un mes en El Llanero Solitario.

El resto de la película son diálogos salidos de algún culebrón y golpes de efecto tan previsibles, que no ayudan a quitar la monotonía. Queda la sensación que tantos estereotipos de la cultura pop japonesa son mal aprovechados, que se podría contar la misma película con Peter Parker, Tony Stark o Bruce Wayne. Y al mismo tiempo, por alguna razón Mangold consigue vender que es una buena película. Quizás porque tiene una coherencia, una narración clásica. Pero a no engañarse, este hombre hizo lo mismo con otras obras mediocres como Encuentro Explosivo, Johnny y June: Amor y Pasión, IdentidadInocencia Interrumpida. Todas películas muy sobreestimadas, cáscaras sin esencia. Básicamente este es el mismo problema de Wolverine: Inmortal. El guión es demasiado dialogado, discursivo, obvio, previsible.

Se puede rescatar que, más allá de todo, Jackman sigue siendo convincente – efecto post nominación al Oscar + hace de taquito el personaje – y que el resto del elenco no desentona, especialmente Hirouyi Sanada, sólido intérprete recordado por su paso fugaz en Lost y como el amante de Anthony Hopkins en La Ciudad de tu Destino Final, película de James Ivory, filmada en nuestro país que pasó merecidamente inadvertida. Poco aporta narrativa y cinematográficamente esta secuela a la saga de los X Men; a excepción de unos vibrantes minutos finales que anticipan el épico film que veremos el año que viene, nuevamente con la dirección de Bryan Singer. Mutantes, son los del futuro pasado…

calificacion_2

Por Rodolfo Weisskirch

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