A Sala Llena

Woody Allen: El documental (Woody Allen: A Documentary)

Woody
Allen: El Documental
(Woody Allen: A Documentary, Estados Unidos,
2012)

Dirección,
Producción y Guión:
Robert B.Weide. Distribuidora: Mirada Distribution. Duración: 113 minutos.

Crítica previamente
publicada por motivo de exhibición en el 65° Festival de Cannes:

http://www.asalallenaonline.com.ar/festivales-cine/65o-festival-de-cannes/4039-65o-festival-de-cannes-diario-no4.html

Hacer
una revisión de la vida de una celebridad que aún vive no es tarea fácil. El
autor mismo puede terminar estando de acuerdo o no con la biografía planteada.
Ahora, Woody Allen: a Documentary viene a mostrarnos tranquilamente los
comienzos del director como actor en las tablas, mientras ejercía, incómodo, su
labor en lugares ignotos o casi clandestinos en la ciudad de Nueva York.
Gracias a un artículo en el NY Times, en el que salían a la luz sus dotes para
el humor, Woody pasó de ser cómico de stand up a invitado en programas televisivos
e incluso guionar What’s New Pussycat?, trabajo que le sirvió para darse
cuenta de que nunca jamás permitiría que alguien influyera en sus escritos.

Gracias
a esa experiencia, Woody desarrolló la idea de guionar y dirigir él mismo, no
tranzar y avocarse al cine, algo que parece haberle encantado. Así, logró
realizar sus primeros films cómicos y luego crecer con dramas inesperados para
su público. En cierto momento, sintió que sus fans le reclamaban mayor
comicidad en sus obras y, gracias a eso, filmó Stardust Memories,
uno de sus films preferidos, en el que menciona su relación con el arte
cinematográfico autoral y planteado como industria.

Robert
Weide permite que Allen hable de su vida personal, sus affaires, matrimonio,
divorcio, los Oscars y de cada una de sus realizaciones repletas de anécdotas.

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La
película que nunca haría Woody Allen

Revisar la filmografía de un
director que desde hace 44 años viene filmando ininterrumpidamente un promedio
de película al año da para mucho más que un documental de dos horas de
duración. Si ese director además es considerado uno de los autores más
representativos de la cultura estadounidense, más influyentes, icónicos y
controversiales hasta cierto punto, más que un documental se debería hacer una
serie sobre su vida.

El tema es que Woody Allen,
es posiblemente uno de los realizadores que más se oponen a ser documentados,
porque a pesar de su exhibicionismo, se trata de un director al que no le gusta
ser entrevistado ni dar detalles sobre su vida privada. Para conocer la
infancia de Allen no hace más falta que ver sus películas. Lo mismo que para
conocer su pensamiento, ideología, referencias. No hay director más
transparente en ese sentido que Allen, más autorreferencial e incluso
autobiográfico.

Y lo que no dicen sus
películas, lo completa el maravilloso libro de Eric Lax, “Conversaciones con
Woody Allen”. ¿Qué necesidad había de filmar un documental para la pantalla
grande narrando todo aquellos que los cinéfilos ya sabemos de Allen de la forma
más convencional y televisiva posible?

Una presentación de
Manhattan con jazz de fondo y la tipografía de los films del objeto de estudio
no construyen a Woody Allen. Robert Wiede, no traspasa la pantalla como aquel
hermoso personaje de La Rosa Púrpura del
Cairo
. Se queda de un lado invisible entrevistando a actores, actrices y
directores que trabajaron con uno de los humorista más apreciados, idolatrados
y odiados por igual de Hollywood para enumerar anécdotas de sus carreras y
análisis superficiales de sus obras particulares, altos y bajos de su
trayectoria. Claro es, que ninguna obra es específicamente mala, y acaso lo más
criticable que hizo en su vida fue abandonar a Mia Farrow por Soon Yi, pero ni
siquiera en este sentido Wiebe emite un juicio contra el escritor y cineasta

Por supuesto, es un placer
culpable para aquellos que vimos todas sus películas, lo idolatramos – más allá
del ícono pop creado a su alrededor – como un artista versátil y más profundo
de lo que muchos intentan numerosas veces defenestrar. Pero la realidad es que
se trata de una cáscara. Allen alega que todas las manifestaciones de
admiración son artificiales y que los premios no demuestran la calidad de un
film. Habla de gustos. Para Allen ganar, significa ganar una carrera de
atletismo.

Lo que hace el film de Wiebe
es sumar adulaciones gratuitas con pendenciera actitud reflexiva, aunque no se
trate más de un revisionismo histórico que otra cosa.

Aún así, hay que diferenciar
la primera hora del film, donde se centra más en la infancia y los primeros
años de su carrera, de la segunda donde definitivamente, se van dando vuelta
fichas técnicas de la mayoría de sus films.

Obviamente es atractivo,
dinámico y divertido. Una de esas obras que en un BAFICI, por ejemplo,
servirían para distraerse un poco, tomar aire fresco. Pero con una cartelera
cada día más competitiva, el estreno de este film que no presenta ningún punto
de vista novedoso sobre la carrera que el mismo Allen no haya explicado alguna
vez, resulta inexplicable.

Sí, se aprecia que el
protagonista sea más Allan Konisberg que Woody Allen, pero también queda claro
cierto aburrimiento para responder. Hay testimonios interesantes como el de
Martin Scorsese – parece que Tarantino estaba ocupado hablando en algún
documental sobre películas snuff – o Josh Brolin confesando que no entiende
muchas de sus marcas durante el rodaje de Conocerás
al Hombre de tus Sueños
, pero la discontinuidad de testimonios y una clara
falta de ideas de algunos invitados para responder – lo de Diane Keaton es
decepcionante – sumado a la contradictoria manera de iconizarlo, sabiendo que
él odia todo eso, convierten a Woody
Allen: El Documental
en una obra innecesaria.

Quizás si quieren ver como
envejecieron Mira Sorvino (para mal) o Mariel Hemingway (para bien), de que
manera la edad le llega a todos los artistas, puede resultar interesante. Para
aquel que se quiere introducir en el mundo Allen le recomiendo que vea
directamente sus films, para los que lo siguen desde hace mucho que lean el
libro de Eric Lax (también entrevistado, pero con poco para agregar).

Para los que atravesamos ambas
experiencias no es más que un refresco, una forma de calmar la ansiedad que
genera El Jazmín Azul o una
motivación para sumarse nuevamente a esa aventura intelectual llamada Woody
Allen.


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