A Sala Llena

18º BARS: Críticas 3

Thelma, de Joachim Trier (Noruega, 2017 – Competencia Internacional), por Alejandro Turdó

Ese fuego que quema por adentro

El paso de la adolescencia a la adultez y el despertar sexual son temáticas capaces de atravesar todos los géneros imaginables. El director danés Joachim Trier toma ambas cuestiones y las direcciona en el sentido de lo fantástico y lo sobrenatural en Thelma (2017), su más reciente opus.

La protagonista que da título al film, interpretada por Eili Arboe, es una joven noruega que deja el hogar familiar para estudiar biología en una universidad Oslo. Apenas iniciado el ciclo lectivo, comienza a sufrir ataques de epilepsia y conforme los episodios continúan, Thelma tiene la sensación de que algo extraño sucede con ella, al mismo tiempo que comienza una relación de amistad muy cercana con Anja, una compañera de clase.

Trier y su co-guionista Eskil Vogt hacen un minucioso trabajo desde lo argumental, entregando la información de manera segmentada a través de la narración, dando forma a ese rompecabezas que representa la protagonista y su devenir agorero. La carga sexual del relato se combina con cierta lectura religiosa puesta sobre algunos personajes, generando un contrapunto interesante.

Con un eje temático que guarda similitudes ineludibles con la Carrie de Stephen King, Thelma es una película cuyo interés radica en aprovechar el costado más solapado pero efectivo del género, narrando una historia con múltiples capas de lectura.

 

 

 

Herederos de la Bestia, de Diego López y David Pizarro (España, 2017 – Documentales), por Ximena Brennan

El homenaje a la Bestia

En la España anterior a los años ’90, el cine fantástico y de terror no lograba encontrar su lugar. Fue en ese año en que un grupo de cineastas -un poco locos, un poco héroes- rescataron y elevaron ese cine a su máxima expresión. Una ola de películas de jóvenes valientes encontró su público.

Entre ellos, el más importante fue el gran Alex de la Iglesia, que, para ese entonces, era director artístico. Pero aquella profesión le empezó a quedar chica. Insatisfecho, comenzó sus primeros trabajos como director propiamente dicho, y su obra cumbre es, sin dudas, El Día de la Bestia (1995).

El film significó la “Nueva edad de oro” del cine fantástico español para muchos y es el que más recuerda la gente cuando le preguntan por alguna película de Alex de la Iglesia. Para quienes aun no la hayan visto, El Día de la Bestia representa una visión absolutamente pesimista de nuestra sociedad adornada con gran espectacularidad con metáforas sobre Satanás. Al principio fue una película de culto imperdible para luego ser vista, con el correr de los años, por cada vez más gente.

Veinte años después de su creación, aparece Herederos de la Bestia (2017) de Diego López y David Pizarro, documental que se adentra en los pormenores del rodaje del film de De la Iglesia, mediante las infaltables apariciones de personalidades tan importantes para el cine español como la propia película: su célebre creador, su guionista Jorge Guerricaechevarría, los actores Santiago Segura, la fallecida Terele Pávez, Nathalie Seseña, Armando de Razza, el director de fotografía Flavio M. Labiano, los directores artísticos Arri y Biaffra, y los directores Paco Plaza y Jaume Balagueró, entre otros.

Por supuesto que no faltan las fotografías e imágenes de archivo que dan cuenta de la planificación del film, anécdotas, los inicios de la producción hasta su estreno, las repercusiones a nivel internacional y el legado que perdura hasta nuestros días.

“Alex iba por la jungla con el machete despejando el camino”, se lo ve decir a Paco Plaza. Y así fue. De la Iglesia fue el puntapié para que otros se animaran a hacer lo mismo, porque “alguien ya lo hizo, y le salió bien”. Hacer cine fantástico en España ya no era una utopía. Alguien lo había hecho realidad.

 

 

 

En Busca del Muñeco Perdido, de Facundo Baigorri y Hernán Biasotti (Argentina, 2016 – Última Página), por Matías Orta

La comedia argentina tiene una buena cantidad de vertientes, pero casi nunca se atrevió con el humor absurdo, pero no menos inteligente y creativo (al menos, no de manera satisfactoria), como el que desde los Estados Unidos potenciaron la trío David Zucker, Jerry Zucker y Jim Abrahams en películas como Y Dónde está el Piloto (Airplane, 1980). Es posible encontrar algo de esos elementos en algunos films del cine argentino de género independiente, por el lado de la productora Vaco Moloco. Pero el exponente más nuevo y deudor de aquellos largometrajes proviene de La Plata: En Busca del Muñeco Perdido (2016).

Fito y sus amigos se conocen desde chicos y siempre estuvieron condenados a ser suplentes, del equipo de fútbol vecinal y de la vida en sí. La chance de hacer algo grandioso reside en un muñeco gigante, relleno de juegos de pirotecnia, que, como es tradición, deberá ser quemado el 31 de diciembre, a fin de despedir el año anterior y recibir al nuevo. Pero a pocas horas del ritual, descubren que el muñeco, preparado con amor y dedicación desde hace tiempo, les fue robado. Tendrán un puñado de horas para recuperar la verdadera fuente de esperanza personal, no sin antes toparse con diferentes tribus, personajes y situaciones con alto grado de locura.

Los responsables de Tangram Cine ya venían demostrando su imaginación y su sentido del humor en las series web Policompañeros Motorizados (que retrata la vida de agentes de la ley cuando no están siendo heroicos) y Un Año sin Televisión. Aquí logran explayarse en su estilo, con montones de parodias y homenajes, un desparpajo a prueba de todo y un saludable nivel de autoconsciencia: en algunos momentos, los Fito y sus amigos suelen interactuar con los propios cineastas, y hasta advierten la llegada de flashbacks y se divierten con ese recurso. Y detrás de los gangs y del delirio que puebla la trama, una tierna oda a la amistad.

Si lo que se busca es reírse a carcajadas y disfrutar de referencias a superhéroes, monstruos, pandillas y demás, entonces En Busca del Muñeco Perdido se erige como una propuesta imperdible.

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