EL BRILLO QUE FALTA
Mile End Kicks cuenta la historia de Grace (Barbie Ferreira), una joven periodista musical que se muda desde la periferia de Canadá hacia Montreal en busca de volver realidad su sueño: escribir un libro sobre Jagged Little Pill, el disco de Alanis Morissette. Pronto, este proyecto quedará truncado y Grace se encargará de tomar ciertos desvíos propios de los primeros veintes, entre los cuales se encuentra un triángulo amoroso con dos miembros de una misma banda indie.
La directora y guionista detrás de esta película, Chandler Levack, tiene en su haber un film anterior que corre en paralelo a Mile End Kicks, titulado I Like Movies. En él se retratan las andanzas -entre bateas de videoclubes canadienses- de un joven cinéfilo. Entre estos dos títulos se puede esbozar una primera certeza sobre la obra de Levack. Se trata de un díptico autobiográfico; de personajes socialmente periféricos obsesionados con la ingesta y reflexión sobre distintas artes (música y cine, respectivamente).
En ambos films se trata con una cierta cercanía a los protagonistas, con un cariño empoderador, como si incluso en sus (muchas) falencias la directora pudiese encontrar en ellos un atisbo de encanto. Este rasgo, al cual podríamos denominar “protagonista perdido que tiene que buscarse a sí mismo” es un elemento constitutivo del coming of age, género al que se inscriben ambas películas y, en cierto modo, Levack respeta a rajatabla. Quizás demasiado a rajatabla. Y es que Mile End Kicks posee alguna cualidad interesante en cuanto a su desarrollo del rol femenino en la industria de la crítica cultural, o incluso en formular maneras graciosamente tiernas de hablar (y representar) los cuerpos jóvenes, pero se queda en la base de la estructura, como si no pudiera construir nada por encima de ella.
Los vínculos que lleva adelante Grace en la película son llanos, casi arquetípicos. Dentro del triángulo amoroso, ella arde en deseo por Chevy (Stanley Simons), pretencioso y extenuante cantante que dice tomar como referencia la obra solista de Charles Manson. Desde el comienzo del film, la compañera de departamento de Grace le avisa que Chevy es “la peor persona de Montreal”, sin embargo ella no pone freno a lo que siente, sólo para darse cuenta con el transcurso del relato que la advertencia de su compañera era cierta. Chevy es un horror prácticamente desde cualquier punto de vista; podríamos deshacernos en adjetivaciones negativas para describir su personaje (y poco más). Las aristas, los grises, los detalles que hacen ricos a los personajes brillan por su ausencia. En la otra punta del triángulo tenemos a Archie (Devon Bostick), el guitarrista de la banda de Chevy y su opuesto complementario. Podríamos deshacernos en adjetivaciones positivas para describir su personaje. Archie es toda la atención y calidez que Grace necesita pero no sabe ver, sólo para darse cuenta con el transcurso del relato que el amor que ella necesita estuvo siempre a su lado.
Aunque posea un encanto atendible gracias a sus intérpretes, a la ternura que aporta Levack y a las formas propias del género, Mile End Kicks no termina por tener una voz propia. Parece sólo tener la habilidad de estructurarse a partir de obras anteriores (tales como Almost Famous, incluso referenciada en la propia película) y agregar a la mezcla una visión particular sobre el rol femenino en la industria cultural (que no necesariamente se ve reflejada en la forma final de la película).
- Ver El club de los cinco, Booksmart o incluso Los tonos mayores para constatar esto.
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(Canadá, 2025)
Guion, dirección: Chandler Levack. Elenco: Barbie Ferreira, Stanley Simons, Devon Bostick. Producción: Matthew Miller, Pat Kiely, Julie Groleau. Duración: 105 minutos.










