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BAFICI - Festivales

[27] BAFICI | Crítica de “Te amo, Antoño”, de Tamara Leschner

Del mar de lágrimas al llanto vacío; de Antoño a antaño. El primer largometraje de la multifacética Tamara Leschner  parece tener dos rostros que se ponen en juego. Uno, el más evidente, es el de la comedia. El otro, subyacente, se abre paso sin anunciarse, y va en busca de cambiar la “o” por la “a”, para hacer emerger un sentido oculto, abierto, nunca evidente ni recalcado.

Te amo, Antoño condensa su acontecer en un día y en un cuerpo, que en un principio se presenta tomado por la desazón. Este tormento es reconocible de inmediato: a Carla (Tamara Leschner) la dejó Antoño (Nicolás Schujman), y el mundo se suspende en esa certidumbre. Hay desborde, abandono, voracidad, como una forma casi programática de dejarse caer. También hay un (sobre)actuar del personaje que oculta aquel otro rostro escondido tras la aparente tristeza.

Laura (Julieta Tramanzoli), su amiga, un tanto reticente a dejarse conmover, irrumpe en el departamento de Carla para intentar sacarla de esta situación que, como una puesta en escena clishé, la propia protagonista parece crear. Con alguna aspereza, Laura la intenta movilizar hacia un plan espontáneo. Y, no sin resistencia, Carla se deja atrapar por esta especie de road movie llena de encuentros y pérdidas. Pero este viaje, nunca en línea recta, propenso a desviarse ante cualquier imprevisto, deja aparecer a su paso una especie de coming-of-age que insiste, pero que Carla elige ignorar.

Sin embargo, a pesar de los múltiples caminos, el rumbo se mantiene fijo. Esto parece afirmarse cuando las hojas amarillas, que auspician el otoño y los rastros de Antoño, caen sobre Carla señalando que no hay vuelta atrás, porque las hojas no pueden volver al árbol. Luego, el rumbo se vuelve necesario cuando la protagonista pone en juego un diálogo con las cosas mudas: el silencio de una batería sulfatada por el olvido, que le habla a Carla para decirle qué es lo hay que arreglar y que debe marchar poniendo el cuerpo: un cuerpo que se muestra torpe y que debe(ría) aprender a estabilizarse.

Carla lleva atado al cuello un collar con una chapa que podría identificar, acaso, lo que la película en superficie deja fuera de foco. De esa correa tiran varias fuerzas: la obsesión de amar y odiar a Antoño, la insistencia de su amiga -siempre entregada a un escorponismo multifacético-, incluso Carla misma, con su disposición al juicio de valor o al capricho.

Sin embargo, la que la lleva a Carla de la correa es la contradicción: la de estar perdida en la pérdida, la de ser, quizás, una abandónica abandonada. Allí, el mimetismo que intenta con Antoño marca está posibilidad, este reflejo que se desliza progresivamente y que emerge en el momento surrealista, donde la cámara por primera vez se agita, poniendo en evidencia su subjetividad.

En ese sentido, la cara blanca de Roberto abre a la paradoja temporal: un perro viejo y cachorro a la vez, siempre jadeante y cómodo con su correa bicolor. Carla deja atado en el poste su pasado, y sale a servirse de una máquina más veloz que la que ella conduce: la de recordar, que, como la etimología de la palabra dicta, es volver a pasar por el corazón algo sucedido antaño, para despertar quizás de un letargo en el devenir de un día que moviliza el presente, y que recién hacia el final parece posible de traducir.

Mientras la trama avanza, las escenas se demoran en planos largos, la mayoría fijos, o planos-contraplanos que se presentan siempre como exceso. Es en esa permanencia que la película encuentra, gracias a las miradas, los gestos y los diálogos, y a los otros personajes que se cruzan en cada situación, su mayor eficacia. Por un lado, la que trasluce el rostro de la comedia, por otro, la que deja latente otra construcción que implica la suspensión del tiempo y el espacio, y que propicia el viaje inmanente en la propia resistencia de la protagonista al cambio. El resultado final: una comedia que auspicia la acertada intuición de Leschner a la hora de filmar.

(Argentina, 2026)

Dirección: Tamara Leschner. Guion: Tamara Leschner; Matías Szulanski. Elenco: Tamara Leschner, Julieta Tramanzoli, Nicolás Schujman, María Cristina Callegari, José Espíndola. Duración: 69 minutos.

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