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CRÍTICAS - CINE

Un Fin de Semana en París (Le Week-End)

(Reino Unido/ Francia, 2013)

Dirección: Roger Michell. Guión: Hanif Kureishi. Elenco: Jim Broadbent, Lindsay Duncan, Igor Gotesman, Olivier Audibert, Sophie-Charlotte Husson, Etienne Dalibert, Mauricette Laurence, Gabriel Mailhebiau, Déborah Amsellem, Jeff Goldblum. Producción: Kevin Loader. Distribuidora: CDI Films. Duración: 93 minutos.

El amor es lo único interesante.

Lejos quedaron los primeros opus de Hanif Kureishi, uno de los guionistas más célebres de Gran Bretaña, especialmente en lo referido a aquel retrato del multiculturalismo y la crisis económica del régimen thatcherista, ítems condensados en Ropa Limpia, Negocios Sucios (My Beautiful Laundrette, 1985) y Sammy y Rosie Van a la Cama (Sammy and Rosie Get Laid, 1987), ambas dirigidas por Stephen Frears. Tampoco podemos olvidar la miniserie para televisión The Buddha of Suburbia (1993), recordada con mucho cariño por los melómanos por la canción y el álbum homónimo de David Bowie. De hecho, esta última obra -una suerte de traslación aggiornada de las problemáticas inmigratorias trabajadas en el pasado- constituyó la primera colaboración de Kureishi con el realizador Roger Michell.

Hoy estamos ante la cuarta faena en conjunto entre el guionista y el sudafricano, un film que toma prestada la fórmula y el naturalismo descarnado de la trilogía de Richard Linklater en torno a Jesse (Ethan Hawke) y Celine (Julie Delpy), aunque en esta ocasión elevando la edad de los protagonistas y profundizando la relación a niveles insospechados, siempre con vistas a reemplazar aquellas conversaciones interminables (esa especie de mixtura maltrecha entre Woody Allen y Billy Wilder, en modalidad somnolienta e improvisada) por segmentos de una mordacidad muy hilarante (ahora la poesía desaparece dando paso a las compulsiones y las discordias que regala el transcurso del tiempo). Así las cosas, la verborragia de la tercera edad se reduce a dardos afilados y una angustia sin filtro.

Como su título lo indica, Un Fin de Semana en París (Le Week-End, 2013) se centra en el viaje a la capital francesa de Nick (Jim Broadbent) y Meg (Lindsay Duncan), una pareja de Birmingham que en su trigésimo aniversario de casamiento decide limar asperezas y replantear sus opciones ahora que los hijos han partido del hogar. La película coquetea con todos los puntos intermedios entre la posibilidad de refundar la relación y la alternativa del divorcio, a su vez condimentando la acción con las “complicaciones” derivadas del hecho de no contar con el dinero suficiente para un periplo turístico de esta índole. Mientras Nick y Meg recorren la Basílica del Sagrado Corazón o el Cementerio de Montparnasse y se escapan sin pagar de distintos restaurantes, el péndulo anímico va de la alegría a la tristeza.

Aquí el cineasta vuelve a demostrar su maestría en lo que respecta a la dirección de actores ya que consigue interpretaciones muy medidas y precisas por parte de Broadbent y Duncan, quienes todo el tiempo juegan con una dialéctica del roce basada en la sensualidad, las frustraciones y una distancia afectiva negociada, por momentos hasta bajando la guardia y entregándose a la jocosidad más impredecible (también suma mucho la breve intervención de Jeff Goldblum como un antiguo compañero de universidad de Nick). La propuesta combina la severidad de The Mother (2003) y el sarcasmo de Venus (2006), las dos colaboraciones anteriores de Kureishi y Michell, para terminar construyendo otro análisis sincero y apasionante alrededor del amor en general y sus “manifestaciones” en la vejez…

calificacion_4

Por Emiliano Fernández

 

¿Siempre nos quedará París?

Un Fin de Semana en París (Le Week-End, 2013) es una comedia romántica, con algún dejo de drama, dirigida por Roger Michell. Tal vez el nombre del director no suene conocido pero muchos recordarán una de sus buenas películas, Un Lugar Llamado Notting Hill (Notting Hill, 1999). Teniendo dicha propuesta en su filmografía, podemos esperar o ansiar los mismos resultados para esta ocasión, pero la realidad es que nos quedamos con un sabor amargo al encenderse las luces de la sala.

La trama se centra en una pareja mayor, Nick y Meg, interpretados por los geniales Jim Broadbent y Lindsay Duncan, dos versátiles actores a los cuales la historia parece quedarles chica. Componen un matrimonio en crisis, razón por la cual deciden ir el fin de semana de su aniversario a París, ciudad idílica donde pasaron su luna de miel muchos años atrás. Con los hijos ya fuera de casa, en parte, estos dos profesores británicos tratarán de encontrar la manera de salir de la rutina, de volver a encontrar lo que amaban uno del otro, y por qué no, lo que odiaban del otro y de ellos mismos.

En algún momento podemos pensar que las escenas atestadas de diálogos son similares a las protagonizadas por aquella pareja joven, en Viena, que nos regaló Richard Linklater en Antes del Amanecer (Before Sunrise, 1995), donde los diálogos eran protagonistas del argumento y nos mantenían cautivos. Aquí no es tan así; y si bien las palabras están bien pensadas, las escenas se suceden de manera elegante -con un sentido del humor sutil- y es en general todo correcto, pareciera que nada termina de convencernos en esta historia de amor maduro.

Existe entre los actores algún tipo de química que sostiene la historia. Lamentablemente Jeff Goldblum, quien interpreta a un viejo compañero de facultad de Nic, está -en un rol secundario- demasiado alterado para el ritmo que lleva esta película, y en vez de equilibrar, desentona aún más. Si de comedias románticas se trata, perdonamos al director por esta tibia película y le seguimos agradeciendo una y otra vez aquella historia donde Julia Roberts y Hugh Grant nos enamoraban a todos.

calificacion_2

Por María Paula Putrueli

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