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Festivales - SAN SEBASTIÁN

#74SSIFF | Crítica de “Bucking Fastard”, film dirigido por Werner Herzog

Dos hermanas, que no gemelas, que hablan al unísono, en perfecta sincronía. Es decir, que piensan y actúan de forma sincrónica como si fuesen una única persona. Son las hermanas Holbrooke, Jeanie y Joanie (Kate y Rooney Mara), que hasta se han enamorado del mismo hombre, Mulroney (Orlando Bloom), manteniendo con él unas apasionadas relaciones sexuales (que Werner Herzog no nos muestra, por lo que quedo muy intrigado por el papel de estas dos hermanas que no entienden de alternancia o complementariedad, solo de simultaneidad) para luego acosarlo violentamente cuando Mulroney conoce a otra mujer con la que se va a casar. El acoso termina en un juicio, que es como empieza Bucking Fastard, y por un momento uno podría pensar que ahí está toda la película, un escenario que propicia una reconstrucción de la vida de las Holbrooke a partir de una sucesión de flash-backs.

Nada más lejos de la realidad: Herzog organiza el relato justo en dirección contraria, siempre hacia adelante, con una meta que tiene algo de utópica o de reino de Oz en el archipiélago escocés de las Orcadas. Pero esta es también una película que emana de una suerte de trampantojo temporal: el atuendo del juez con su peluca, el ambiente del juicio o la propia forma de vestir de las hermanas parecen remitirnos a un tiempo pasado indeterminado, como si Herzog partiese de unos personajes de tiempos pretéritos, de cuando estos sucesos extraños aún podían pasar desapercibidos, al menos hasta que algún hecho característico de la crónica de sucesos los sacaba a la luz. Tendremos que salir del juicio y ver cómo las Holbrooke incendian el coche de su ex-amante (un  coche contemporáneo) para poder comprobar que la acción se desarrolla en la Irlanda de hoy en día (aunque la película se inspire en un hecho real acontecido en la Inglaterra de los años ochenta). Lo que no quita para que, aún en las calles de Dublín, cuando el juicio le ha proporcionado una fama que nunca buscaron y ya son objeto de interés de las redes sociales, se sigan vistiendo como si viviesen décadas o siglos atrás.

La mudanza a Dublín y después al campo no son más que los tránsitos necesarios dentro de una película que avanza en base a una sucesión de episodios un tanto anecdóticos mediatizados por ese ahelo de las Orcadas y que, de alguna forma, se materializa en ese túnel a ninguna parte que las hermanas se obsesionan en excavar. Quiero decir con esto: Bucking Fastard interesa menos por su desarrollo argumental (una idea que nunca acaba de definirse y que parece perderse en múltiples vericuetos) que por el retrato de sus personajes principales. Y no lo digo (o no solo) porque se traten de personajes muy herzoguianos (su fuente de inspiración seguramente se merecía un documental), sino más bien por cómo esa idea especular del doble se materializa en cualidades puramente rítmicas, musicales y hasta coreográficas.

Los diálogos de las dos hermanas, que en su simultaneidad y dicción tienen algo de hipnótico, me recordaron Attenberg, aquella película de 2010 de Athina Rachel Tsangari en la que las dos mujeres protagonistas caminaban por la calle como salidas de un musical de Stanley Donen o Vincente Minelli. Del mismo modo que me interesan bien poco las vivencias de las Holbrooke, también debo decir que podría pasarme horas escuchando a Kate y Rooney Mara recitando sus diálogos, repitiendo las mismas frases, trastabillando algunas palabras y conformando el más acompasado y perfecto de los dúos vocales que el cine nos haya ofrecido.

(Irlanda, Estados Unidos, 2026)

Guion, dirección: Werner Herzog. Elenco: Kate Mara, Rooney Mara, Simon Delaney, Orlando Bloom. Producción: Agnes Chu, Werner Herzog, Ariel Leon, Isacovitch, Clara Wu Tsai. Duración: 109 minutos.

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