BIOGRAFÍA DE UN GENIO DISCRETO
Es predecible pero efectiva la forma en la que Jud Apatow decide comenzar su documental sobre Norm Macdonald: con un clip breve y muy conocido del comediante canadiense hablando de la muerte de Steve Irwin, el cazador de cocodrilos. Ese comienzo anuncia un recurso que el documental va a usar muy seguido: clips aislados que la propia película muestra como búsquedas por Internet de un usuario curioso y anónimo. Desconozco cómo es que Apatow conoció la figura de Norm Macdonald, pero es seguro que sabe que su figura fue conocida por mucha gente (quien escribe estas líneas es uno de esos casos) buscando obsesivamente clips aislados de este humorista en entrevistas y podcast, o chistes distribuidos por la web de su sección de noticias en SNL.
Es que si bien Norm Macdonald protagonizó una película y hasta tuvo una serie propia, la gran obra de él, su gran legado, no está centralizado en algo específico sino que está hecho de un conjunto interminable y feliz de chistes y comentarios hechos en diferentes contextos.
La gracia de Macdonald se basaba en parte en que no buscaba ser gracioso todo el tiempo. Podía, a veces, frustrar un chiste haciendo que el público o su interlocutor esperara un remate cuando no venía nada. Podía, al contrario, sacar un chiste extraordinario cuando nadie lo esperaba o tener una gracia sobrehumana para contar chistes predecibles y hasta estúpidos. Hay otro rasgo particularmente impresionante en Norm Macdonald:: su ocasional humor negrísimo, políticamente incorrecto, que impacta no solo porque podía venir de la nada, sino porque Macdonald tenía -por decirlo de una manera sencilla- cara de buen tipo. El personaje que había creado era el de un comediante que parecía estar hablándole a alguien como él si fuese un amigo o un viejo conocido con ideas ocurrentes. Podría decirse incluso que Macdonald jugaba que no era un estrictamente comediante, sino un tipo gracioso y amable. Sus rutinas de stand-up, sus apariciones en entrevistas, rompían con estilos de stand-up donde la persona que habla parece obsesionada con decir algo sofisticado e irónico todo el tiempo, donde el humor tiene que mezclarse también con una mostración de inteligencia e ingenio, así como la necesidad de meter remates cada 30 segundos. Macdonald disimulaba su inteligencia constantemente, como si su evidente genio cómico le diera vergüenza y tuviera que disfrazar sus ocurrencias de un comentario casual, o de un momento de inspiración cómica que podía venirle a cualquier mortal. Por eso eran claves en él, sus inflexiones de voz, sus pausas posiblemente impostadas, todos elementos que le daban a sus discursos o reflexiones cómicas un aire casual, como totalmente improvisado. El mismo Macdonald dijo una vez que el público no quería ver gente inteligente, que lo mejor que podía hacerse a veces era parecer una persona como cualquier otra.
Por otro lado, había algo incluso muy original en Macdonald y su expresividad a la hora de hacer humor. Si bien se habla de él como uno de los grandes maestros del deadpan (un tipo de humor que Buster Keaton llevó a su extremo más icónico y que juega con la sobriedad de la expresión en contraste con el disparate), lo cierto es que la expresión que usaba Macdonald a la hora de contar sus chistes o hacer sus comentarios delirantes no era completamente neutra o seria. Al contrario, jugaba siempre a poner una sonrisa ligera que generaba una complicidad amable entre el espectador y el humorista. Este efecto era antitético a la distancia cómica que se busca con el efecto deadpan, donde el humorista juega a ser un ente extraño, con el que es difícil establecer empatía.
Así y todo, -y esto es algo que el documental de Apatow deja claro desde un principio- había algo que contrastaba mucho con esa complicidad amistosa que Macdonald buscaba con el espectador: y es que su figura era, en el fondo, sumamente elusiva con su vida. Si bien parecía ser confesional en sus dichos, Macdonald podía mentir claramente sobre sí mismo: desde su infancia, hasta sus estudios y la figura de su padre. Se inventaba historias extravagantes, a menudo se contradecía en los relatos que contaba sobre su pasado, impostaba ingenuidad y hasta ocultó una enfermedad gravísima durante nueve años haciendo pasar por gordura lo que eran los efectos del tratamiento.
Hay algo incluso en lo que el documental de Apatow parece insistir mucho: y es que la figura de Macdonald escondía una melancolía muy grande así como un carácter muy sentimental: ahí está en el documental su aguda reflexión sobre su propia adicción al juego, su confesión acerca de un carácter muy emocional que necesitaba del humor para sobrevivir, el amor por su mamá y su hijo, su búsqueda religiosa basada en un camino introspectivo y la relación muy cercana que tenía con amigos suyos como David Letterman o Bob Saget (a quien, como el documental muestra en un uno de sus momentos más emocionales, se negó a humillar en un Roast).
Desde este lugar, la necesidad de Apatow de intentar ordenar la vida de Macdonald a partir de sus archivos, videos de internet, podcast y hasta tweets tiene mucho sentido. Primero el desafío por la reconstrucción de una vida dispersada en videos y cuyos testimonios no son siempre fiables, en segundo lugar el deseo por conocer a un tipo amigable, cálido al mismo tiempo que enigmático. La tercera, creo que la más importante, es la función didáctica. Ordenar la vida de Macdonald, contar su historia como si fuese una autobiografía, permite a aquellos que nunca han conocido a esta persona acercarse a él con mucha facilidad. Este documental parece en cierta medida una invitación a conocerlo primero en forma de cuento para luego hacerlo en forma de clips.
Esto le da también ciertas limitaciones a la película: como film introductorio tiene el problema de simplificar a veces demasiado las cosas, ser obvio en la búsqueda de sus rutinas de comedia (los momentos cómicos que muestra el documental fueron, varios de ellos, virales y muy conocidos para cualquier seguidor de Macdonald). Además, en el caso de este documental, la figura del comediante se vuelve casi tan bondadosa, tan angelical, que uno no sabe hasta que punto no debe desconfiar de esa amabilidad. También podría decirse que por buscar tanto lo narrativo en la vida de Macdonald la película no tiene un momento de análisis profundo de su tipo particular de humor. Meramente se limita a mostrar algunos chistes extraordinarios mientras colegas de él expresan, con justicia, admiración a su figura.
Pero que más da, hace un buen tiempo ya que conocemos a Apatow, un director interesante, algo desparejo pero con películas notables y alguna que otra obra maestra, que ha mostrado que una de sus mayores cualidades es saber tener un cariño genuino por sus personajes. Apatow parece estar tratando a Macdonald con el mismo afecto con el trató a muchos de ellos y es posible que en este caso lo haga también por motivos promocionales, por una intención genuina de que los seguidores de Macdonald se multipliquen. Hay mucho de noble en este gesto. Quizás por eso también se siente tan genuina la última media hora del.film, cuando el tono se vuelve más sentimental hablando de Macdonald y la enfermedad que ocultó.
Este silencio respecto de su agonía tuvo por un lado un costado valiente, pero por el otro también una coherencia con el resto de su vida y con su talento. Macdonald, perteneció a la raza extrañísima del genio discreto, esa clase de mentes privilegiadas cuya brillantez y creatividad fuera de serie pasa desapercibida quizás hasta para el genio mismo.
Esta persona que quería que su inteligencia apenas si se notara no quiso tampoco que su enfermedad y sus padecimientos estuvieran en primer plano en sus nueve años finales. Su fallecimiento terminó siendo como su humor extraño, algo que entraba sin avisar y que terminó tomando por sorpresa a todos.
Esta clase de artistas suelen tener una característica: como no han querido que su brillantez se note demasiado, su legado recién se hace notar después de fallecido, o cuando se retiran y su ausencia suele notarse por un tiempo prolongado. A Macdonald lamentablemente le tocó lo primero, y su legado hoy es una de las formas más creativas de hacer humor de las últimas décadas. No es un mal comienzo para empezar a apreciar o seguir valorando ese legado que esta película de Apatow, un documental sentido, limitado pero hermoso, sobre una inteligencia poco convencional y un personaje que supo ser al mismo tiempo provocador, incómodo y querible.
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(Estados Unidos, 2026)
Dirección: Judd Apatow. Producción: Amanda Rohlke, Ross M. Dinerstein, Lori Joo Hoekstra. Duración: 126 minutos.









