A Sala Llena

Amanece, que no es poco…

Les dije que no iban a zafar, y no zafaron nomás. La columna de hoy la va de Amanecer Parte1,  la Saga de Crepúsculo.  No me pueden pedir que escriba sobre otra cosa, cuando ya les advertí que no se salvarían y los dejé tomar carrera toda una semana entera.  Además, saben muy bien por columnas anteriores, que soy fana de la saga y que me devoré los libros uno tras otro. De ahí proviene de hecho, la llamativa condición de encogimiento en la edad adulta, de mi ya baqueteado cerebro (de eso y de las telenovelas mexicanas).

El lunes a la noche, tarde como siempre, se me ocurrió que para llegar a tiempo con esta columna, debía participar de la privada de prensa de la película. Sobre el pucho (también  como siempre) le mandé un texto a José Luis de Lorenzo, pidiéndole que me acreditara.  José Luis es un caballero y, solo por eso, no me mandó al carajo. Me contestó que las acreditaciones ya estaban cerradas desde el viernes y que la función  era el martes, o sea al día siguiente. Sin demasiado esfuerzo, deduje que estaba rompiéndole la camiseta. Pobre José, a esas horas de la noche, tratando de acreditar a una minita que recién se daba cuenta de que para escribir sobre una película, debía primero, verla. Me dijo que trataría de acreditarme, pero que no prometía nada y apoyó mi idea de mandarme con todo al cine por las dudas.  Así que, al día siguiente, me puse mis zapatitos de Chanel traídos de Milán, me perfumé y entalqué las partes y salí toda cocorita rumbo al Village Recoleta, ya tenía mariposas en la panza.

Por supuesto que el fanatismo por una saga como la de Crepúsculo  (por lo menos el mío) no se compara con lo que fue el frenesí de El Señor de los Anillos, por aquellos días  yo casi dormía haciendo cola para entrar a las premieres, pero el solo hecho de recordar cómo se siente, me reconfortó y me hizo sentir joven, pendeja, nueva. Tal vez por eso, tantas minitas adultas entre las que me cuento,  hayamos leído los libros.  De hecho, durante toda la función de la película, lo mejor que saqué de ella, fueron algunas recreaciones de momentos de mi propia vida. Pero bueno, eso viene más adelante,  ahora les chusmeo cómo siguió la cosa.

Haciendo la cola para entrar en la función y con mucha suerte, me encontré con José Luis.  Estaba justo detrás de mí y le conocí la voz.  Me sentí aliviada, porque en el caso de no haber llegado a tiempo con la acreditación, tal vez  él pudiera ayudarme, corroborando con la gente de la organización mi identidad y mi condición de columnista de la página.  José pasó y a mí me dejaron a un costado de la fila, junto con varios periodistas más que no estaban acreditados, a la espera del veredicto final. Por suerte, unos cuantos minutos después, nos anotaron a todos en sendas listas y nos permitieron entrar.  Fue muy gracioso. Los que no estábamos acreditados parecíamos penitentes de colegio, alumnos revoltosos que se quedan al costado de la fila mientras sus compañeros cantan el himno y entran a las aulas.

Ya dentro de la sala, me senté junto a José y nos encontramos con Matías Orta que ya estaba acovachado, tratando de protegerse del frío del aire acondicionado, al centro de una de las hileras delanteras de butacas. Me dio alegría por fin verlo en persona y me alegré de que las cosas hubieran salido bien a esas alturas.  El aire acondicionado estaba programado casi como para que no envejeciéramos. Por suerte, yo había ido bien pertrechada con saco y chalina y subí los pies a la butaca, cruzándolos tipo indio para no tener frío al tiempo que metí las manos dentro de la cartera para que me quedaran calentitas. Así de cómodos estábamos cuando se apagaron las luces y empezó el film.

Como ya saben, la cosa arranca con la repartición de invitaciones para la boda de Bella y Edward. El momento más importante de la secuencia, se desarrolla cuando Jacob Black recibe la suya y ahí nomás huye a los bosques convertido en lobo, para viajar durante mucho tiempo tratando de olvidar su dolor. El muchacho arroja la invitación al suelo, se saca la camisa y entra en fase.  En ese exacto momento, José se inclinó hacia mí: “Ya peló el indio”, me dijo en tono de cachada y yo me reí por lo bajo, tratando de olvidarme de que Taylor Lautner tiene, a penas, 19 añitos y que por ende es medio patético de mi parte hacerme demasiado los ratones con él. Rápidamente me di cuenta de que “patética” es mi segundo nombre, así que me di amplio permiso para fantasear con el lobito hasta que me sangraran las orejas.  Después de todo, a qué va una  a la función de Crepúsculo si no a fantasear con los protagonistas.

En esta versión de “Amanecer”, Melissa Rosemberg (guionista de toda la saga) deja afuera el periplo de Jacob durante su alejamiento. Eso, debo decir, me jorobó bastante la paciencia, ya que para mí, el lobo es el personaje más bello y mejor desarrollado tanto en los libros como en las pelis. Jacob es el que tiene carne, el que tiene el calor, el que tiene humanidad por sobre todos los demás personajes. Es bueno pero tiene malicia, es sacrificado y altruista pero no es un santo, tiene sus componentes egoístas, es sexual y no lo oculta, no se reprime. Jacob es, sin lugar a dudas, el único personaje de la saga que está desarrollado en todas sus dimensiones y es por eso que, salvo por el pequeño detalle de que es un hombre lobo, es el más real y cercano de todos.  Edward es una lápida perfecta y Bella, es Bella y sólo por eso, ya la queremos y, en esta película en especial, la queremos todavía más.

La cinta, del laureado y prestigioso director Bill Condon, que se une a la lista de directores grosos que encararon la saga, tiene fuertes componentes del género de terror, cosa que no sorprende, teniendo en cuenta que el director de Candyman 2, tiene un particular afecto por las imágenes de  ese estilo. Así, una pesadilla de Bella en la que se ve a sí misma y a su futuro marido, como dos muñequitos de una torta de bodas hecha de cadáveres o el maquillaje tenebroso, impresionante y casi mortal de la protagonista durante el embarazo de su hijito chupasangre, no deberían sorprendernos demasiado, pero lo hacen y muy bien. Las secuencias de este calibre le aportan a la película una oscuridad un poco más limítrofe y menos light. Eso ya es decir bastante, ya que la saga se caracteriza por no llegar al hueso casi en absolutamente ninguno de sus componentes.  De hecho, a los que esperen sexo les digo que escasea famélicamente y, además, cae en cuanto lugar común se haya caído jamás en la historia del cine. Me hubiera gustado un poco  mas de mostaza sobre ese pancho en particular. Después de todo, los muchachitos ya se casaron amigos, así que todas las chanchadas que hagan ya son “legales”.

En términos de imagen, la película se deshace en plasticidad. De hecho, el código visual es tan perfecto, que casi cae en una especie de artificialidad hipnotizante. Las escenas de la Río de Janeiro y la isla Esme en Brasil, son de una belleza tan portentosa que  hacen caer al relato en una exuberancia casi sintética, pero que remarca el estado de enamoramiento  fantasioso e idealizado en el que se encuentran los protagonistas.

Particularmente, debo despojarme de muchas cosas en las que creo fervientemente, para disfrutar esta película. Como mujer, debo olvidar el hecho de que fomenta la castidad, de que luego de perder su virginidad, Bella es casi castigada metafóricamente con un crío que se la come por dentro y, aún así sacrifica su cuerpo, que su marido la lastima cuando se la coge y, por eso, decide no tocarla más durante casi toda su luna de miel aún cuando ella casi le ruega que lo haga. Si, las posiciones que asume el relato, dan por tierra con todas las luchas que las mujeres hemos ido ganando durante siglos, retrocede años y años sobre el terreno que tanto sufrimiento nos costó ganar en la batalla por nuestra libertad y nuestros derechos y, decididamente, tenemos que apartarlos de nuestra cabeza por un rato, para poder mirar esta película y leer estos libros, sin abochornarnos. Por lo demás, todo está justificado por la belleza extrema, los valores puritanos sacados de proporción y la falta de humanidad de los personajes. Aún así, en inevitable aceptar que el magnetismo de la historia a lo largo y ancho del globo, es absolutamente innegable y arrollador.

Si me preguntan, creo que faltó enfatizar un punto en particular: la imprimación de los hombres lobo, sigue siendo tratada superficialmente, espero que en la secuela se adentre más en el asunto. De hecho, el director omite a conciencia, la dependencia de Bella hacia Jacob durante el embarazo. Eso hace que la imprimación de Jacob con Renesmee, quede medio descolgada o se viva un poco arbitrariamente. En los libros, Bella no puede casi alejarse de Jacob durante la gestación, ya que su hija desde el vientre, reclama la presencia del lobo de manera ávida y brutal.

Por otra parte, sí están bien tratados ciertos temas como la angustia del casamiento, el estado de nerviosismo y curiosidad de la “primera vez”,  las reacciones paternas frente a la hija que abandona el nido, la felicidad de experimentar las primeras libertades que nos convida el matrimonio y el temor y la angustia de la maternidad. Las partes que particularmente me conmovieron, son más que nada, las que abordan sin demasiada metáfora, la emoción que se siente al estar frente al ser amado, sin más límites que los propios. Por supuesto, si esto hubiera sido tratado a fondo, nos encontraríamos frente a otro film, pero éste aspecto sale ganando bastante, dentro la construcción contenida del relato.

Si hablamos de estrellas, Taylor Lautner es, sin dudas, el héroe de acción y romance de las próximas dos décadas. Creo que el muchacho sigue la senda del prolífico de Tom Cruise, mientras que Pattinson se me hace un poco mas dulzón e introspectivo, carismático, misterioso y  moderadamente talentoso,  pero mucho menos actor. Por supuesto, Kristen Stewart se yergue como la próxima gran luminaria de la gran pantalla femenina. Es HERMOSA y en esta película más todavía.  Es suficientemente talentosa y tiene un halo enigmático tan prometedor que, me atrevo a decir, la llevará hasta lo más alto del camino hollywoodense.  El vestido de novia que Carolina Herrera diseñó para la escena de la boda, merece toda una columna aparte y ella lo lleva con un garbo tan espectacular, que casi se me caen todos los dientes.

Las actuaciones en general, están bastante bien delineadas aunque no se requiere demasiado de ellas. El maquillaje tal vez, haga un poco de ruido en algunas partes, pero, por lo demás, Amanecer es casi todo lo que se esperaba que fuera. Así que, mis queridos lectores, los que hayan adorado los libros, no esperen para ir a verla y, los que no, mándense igual, como mínimo, para ser partícipes y algo conocedores de la nueva mitología reinante por esta época, elegida sin pudor por el gusto adolescentemente popular.

 

Nota al pie: Ni me di cuenta de que una de las vampiresas primas de los Cullen era Mía Maestro. Congratulaciones a la Argentina en permanente ascenso.

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