A Sala Llena

Analizando a la muerte (Un tributo a George A.Romero)

Dentro de poco asistiremos a una nueva entrega, un nuevo paso tambaleante y jadeante de los zombies, de mano de su creador George A. Romero.

Es curioso este caso -Romero es considerado el padre del género- ya que seguramente estamos frente a una de sus últimas películas.

Pero el tema que nos ocupa es analizar este sub género del terror, específicamente las tres primeras obras de Romero sobre estos muertos: La Noche de los Muertos Vivientes (Nigth of the Living Dead, 1968), El Amanecer de los Muertos (Dawn of the Dead, 1978) y El Día de los Muertos (Day of the Dead, 1985).

Antes de continuar, es interesante marcar un punto, por qué Romero es considerado el padre del zombie. Hasta su ópera prima, los zombies eran totalmente diferentes; mayormente creados por magos voodoo, los zombies eran meros esclavos, marionetas dominadas por dicho hechicero, creados para hacer su voluntad. El primer tanteo del muerto que revive vino de la mano del inefable Ed Wood en su mítica Plan 9 from Outer Space (1959), pero fue Romero quien dotó al zombie de ciertas características que quedaron como leyes permanentes: el hambre por carne humana, el miedo al fuego, el disparo a la cabeza como única forma de exterminarlo, un caminar cansino pero perpetuo. Si bien en entregas recientes, como la remake también titulada El Amanecer de los Muertos (Dawn of the Dead, 2004) o Exterminio (28 Days Later, 2002), el muerto pasa de transitar caminando a correr, para diferenciarlos, entre los fans se decidió que el zombie clásico “romeriano” seguiría llamándose así, mientras que la nueva versión se llamaría infectado.
Una vez aclarados estos puntos, pasemos a lo que nos ocupa. Romero debuta y estrena el género con su Noche de los Muertos Vivos. Filmada con un escaso presupuesto, en blanco y negro y con actores amateurs, sienta las bases del género y de temas recurrentes en posteriores entregas, como el constante pesimismo que transmite el film, la falta de lealtad que tienen los personajes entre si, aún al encontrarse en situaciones límites (haciéndose presente un conflicto de egos entre Ben y Cooper). Si bien la amenaza son los zombies, la mayor amenaza proviene del humano mismo, y esto se muestra gracias a un guión perfectamente escrito por Romero y John Russo, quienes ponen la amenaza exterior (los zombies) como excusa para mostrar las miserias humanas, donde el ego, la traición y la falta de confianza afloran. Todo esto sumando a un final desesperanzador donde además nos muestran el terrible racismo en el que vivía la sociedad estadounidense de ese entonces.

Llega 1978 y Romero decide hacer una secuela de su ópera prima, en esta ocasión con guión únicamente del realizador, y con la ayuda clave de Tom Savini como jefe de efectos especiales.
La horda de zombies es cada vez más grande, las ciudades están sitiadas por los muertos, el equipo SWAT se ve superado; entonces unos miembros acompañados de otros refugiados deciden dejar la ciudad y refugiarse en el único lugar que conocen que les ofrece seguridad, comodidad, comida y bienestar: un centro comercial.
Romero nuevamente toma a los zombies como excusa para criticar a la sociedad -recordemos que en esa época el consumismo nacía y crecía a pasos agigantados- entonces ¿qué mejor que poner a los protagonistas luchando por el dominio de lo que representaba la cumbre del consumismo y bienestar? Porque no solo luchan contra los zombies; las miserias humanas vuelven a ser un tema en los films de Romero, y el cuarteto protagónico debe verse cara a cara con un grupo de saqueadores que no dudará en eliminarlos. Otro tema que vuelve a aparecer en el film es ver un personaje importante interpretado por un actor de color, así como también el inicio de algo que se volverá una constante en futuros films, no solo de esta trilogía, sino del resto de las entregas de zombies, y es la mujer guerrera que se pone de igual a igual con un hombre.
Si bien los zombies azulados no son algo que gustó a la mayoría, Savini dio sobradas muestras de que es el rey del látex a la hora de mostrar gore.

Y llegamos al final del recorrido, la que es considerada por muchos (me incluyo) la mejor película de zombies realizada por él. En 1985 Romero cierra su trilogía inicial de los no muertos de la mejor forma.
Los zombies siguen ganando terreno a paso agigantado; la relación entre zombies y humanos es de 100.000 a 1; la humanidad está al borde de la extinción; las grandes ciudades están dominadas por los no muertos; nuestros protagonistas (un reducido grupo de militares y científicos) se refugian en un bunker a las afueras de la ciudad y salen esporádicamente en busca de sobrevivientes.
Nuevamente con guión de Romero y con Savini a la cabeza del FX, Romero se despacha con una salvajada de tripas sustentada por su historia más lograda, e irónicamente, donde los zombies tienen menor presencia que en sus dos secuelas.
Nuevamente se ve la crítica social, esta vez desde el totalitarismo que imponen los militares; la lucha por el poder de ambos grupos hace que la tensión crezca a cada momento mientras se espera que llegue algún tipo de ayuda. En este film la mujer guerrera toma el protagonismo absoluto, relegando al personaje de color a un papel secundario.
También vemos una evolución en los zombies, evidentemente en el personaje de Bob, quizás el no muerto más famoso de la historia del sub género.
Otro punto a destacar del film es el excelente trabajo de Tom Savini, que le da rienda suelta a su imaginario de tripas, y con un personaje (Frankenstein) casi puesto para que el viejo Tom despliegue su maestría a la hora de trabajar con látex y vísceras.

En conclusión, George A. Romero no solo sentó las bases, junto con otros directores, de lo que se conoce como “terror moderno”, sino que también se dio el lujo, desde el mismo terror, de criticar fuertemente a una sociedad tan interesante para analizar como la estadounidense. Además se dio el lujo de crear y hacer evolucionar a uno de los mejores monstruos -sino el mejor- de la historia del género.
El zombie no solo es un muerto que camina, sino que antes era un amigo, un conocido, un familiar, éramos nosotros, o nosotros seremos ellos.

Un saludo con hambre de carne humana.

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