A Sala Llena

Beavis y Butt-Head recorren el Universo (Beavis and Butt-Head Do the Universe)

PALABRAS MENOS

Se estrena una nueva película de Beavis y Butt-Head, que no es lo mismo que decir que Beavis y Butt-Head vuelven. No vuelven como volvieron Jurassic Park, Top Gun u otros cientos de franquicias, porque lo de B&B no es un retorno sino otra cosa, una intervención, una irrupción fulgurante que rehúsa cualquier mecanismo de adaptación o gesto nostálgico. Top Gun: Maverick es de lo mejor que veremos en una sala de cine este año (y tal vez de los que sigan), pero la película de Joseph Kosinski reinventa la de Tony Scott, la ajusta a los requerimientos del presente. Esto fue lo que casi todas las críticas elogiaron: que la secuela construye “mejor” a sus personajes, que se siente el peso del drama o que las actuaciones son más discretas y “precisas”, todas cosas que alejan esta versión de la de Scott y de su conocidos excesos y barroquismos (que son, justamente, los que dieron a Top Gun, la primera, la estatura de mito). Hay, además, otras señales de ajuste: un reparto con una notable contabilidad de diversidad y una igualación entre géneros, dos artilugios que le permitieron a la película sobrevolar con eficacia el radar (perdón) de la crítica. Por eso B&B no vuelven y Do the Universe no es una secuela de Do America ni de la serie de MTV, sino otra cosa. Porque Mike Judge, que no dirige la película, pero que está ahí, como cualquiera puede verlo (y escucharlo, en las voces del dúo protagonista), se muestra felizmente desprovisto, al igual que sus héroes, del más elemental instinto de supervivencia que fuerza a cualquier artista a realizar las concesiones de rigor al tiempo que le toca. 

Judge, por interpósita persona (Albert Calleros y John Rice), no se adapta, no se ajusta, sino que sigue exactamente igual que hace treinta años, insistiendo con los mismos chistes y con las mismas “historias” (si es que puede llamarse así a las desventuras del dúo). Hay ahí un acto de identificación impresionante entre autor y personajes: el primero no le impone a los segundos nada que no aceptaría hacer él mismo como creador. Un compromiso infrecuente. Y Judge quiere seguir haciendo exactamente lo mismo que varias décadas atrás. Se trata de un movimiento parecido al de Idiocracy, pero ejecutado con los medios opuestos: ahora la sátira distópica no queda en manos de un americano promedio perdido en un futuro distópico, sino que son los protagonistas los que llevan sus balbuceos, sus obsesiones y su estupidez generalizada al futuro (que es, en verdad, nuestro presente). De alguna forma, Do the Universe funciona como una crítica velada de Idiocracy, como si Mike Judge admitiera que erró el pronóstico, que si en ese momento se le temía a una sociedad envilecida por la televisión y el retroceso de las capacidades mentales, al final la degradación terminó viniendo por otros lugares, de la mano de celulares, jueces demagogos, políticos progresistas y la ola woke. Esa desintegración, dice Judge, merece una sátira inversa a la Idiocracy: a las máximas biempensantes hay que oponerles el habla entrecortada que no puede hilar frases, al perimetrado de las relaciones humanas hay que responderle con la idea del sexo como obsesión excluyente y enloquecedora, al adoctrinamiento de las identity politics de las universidades estadounidenses hay que desmontarlo tomando sus máximas al pie de la letra, sin discutir en sus términos, y sacarlas literalmente de los campus (que es lo que les pasa a B&B cuando siembran el caos afuera de una universidad creyendo que pueden cualquier cosa porque les explicaron que tienen white privilegies). Finalmente, sigue Judge, a la corrección sumaria de Hollywood, que todo lo convierte en un asunto de cupos y porcentajes, que achata cualquier relato o personaje en nombre de la inclusión y del “respeto”, hay que contestarle con una concepción imposible de la mujer: para B&B las mujeres ni siquiera son un objeto, no se los puede acusar de “cosificación” porque jamás estuvieron ni estarán cerca de ellas, mucho menos podrán “poseerlas”. Para nuestros héroes las mujeres suponen una suerte de seres inaccesibles, guardianes severas del único secreto de la existencia que parece movilizarlos (score, o sea: coger. O, más precisamente: ponerla). O sea, son criaturas fantásticas e incomprensibles.

La visión que tiene del mundo Mike Judge es la de un satirista, y la visión de Do the Universe es más compleja y refinada que la de Idiocracy (los artistas cambian, y entre una película y otra hay más de quince años de desaguisados nacionales y globales de los que aprender). Ya no se trata de denunciar un empobrecimiento general de la cultura, sino de señalar algo peor, algo que el relato de Do the Universe construye en el pasado, durante la escena de la nave espacial. Todo se va al diablo por culpa de B&B y Serena, la comandante, informa que dos astronautas deben sacrificarse o, de lo contrario, morirá toda la tripulación. Ella y un compañero terminan proponiéndose a sí mismos como voluntarios, hasta que otra tontería de los protagonistas dispara la furia de Serena. Todo se transforma en cuestión de segundos: los voluntarios no son mártires sino monstruos calculadores dispuestos a cualquier cosa para obtener un poco de rédito. Judge ya no necesita buscar su distopía en un futuro lejano (el 2505 de Idiocracy) porque la tiene ante sus ojos: la argamasa de la sociedad es una membrana demasiado fina y está en manos de un montón de embaucadores que legitiman sus actos en nombre de valores en los que no creen. Los protagonistas son lanzados al espacio y succionados por un agujero negro que los hace viajar veinticinco años en el tiempo. Ahora Serena es gobernadora. A esta distopía contemporánea, nos dice una vez más Mike Judge, hay que oponérsele con el reverso de Idiocracy, no con grandes declaraciones ni planes de cambio, sino con farfulleos, risas tontas, distracción, chistes con palabras que parecen soeces. En suma, hay que correrse, sustraerse, preservarse, incluso si el único resquicio posible es el balbuceo idiota que no se dirige a nadie y se agota en sí mismo. 

Contra todo pronóstico, la cosa le salió bastante bien: Do the Universe tuvo excelentes críticas en todas partes, pero sobre todo en Estados Unidos, como si los críticos, desorientados, aturdidos o simplemente perezosos no hubieran notado los dardos envenenados que no para de lanzarles la película. Al final algo de Idiocracy había.

 (Estados Unidos, 2022)

Dirección: Albert Calleros, John Rice. Guion: Lewis Morton. Basada en los personajes de Mike Judge. Producción: Matthew Mahoney. Duración: 87 minutos.

1 comentario en “Beavis y Butt-Head recorren el Universo (Beavis and Butt-Head Do the Universe)”

  1. “al perimetrado de las relaciones humanas”
    Decime que tenés el incelaje a flor de piel sin decirme que tenés el incelaje a flor de piel…

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