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Cosas que prometí no decir | Apuntes para el seminario “Avatares de Cameron”

Cosas que prometí no decir | Apuntes para el seminario “Avatares de Cameron”

Como sucede en Titanic, donde la cita mítica se vuelve puro kitsch por quien da ese nombre a la nave (su propietario): así sucede en Avatar y doblemente. 

Aquí tanto el experimento de mutar a una persona con restos de otra y hermana suya, como el propio satélite adonde los “restos” de la tierra se aprestan a explotar -y que llaman Pandora-, reduplica el vaciamiento mítico-simbólico que en Titanic era tan sólo uno. 

Si aquí la nave orgullosa y altiva en su viaje inaugural tecnifica el mito con su nombre, en el fin de esta empresa predatoria y ya con una Tierra exhausta que viaja en un nave-factoría-laboratorio para apropiarse de un bien mineral en un satélite, debe no sólo -como decimos- reduplicar la tecnificación del mito como en Titanic, sino que en su anemia bulímica debe proceder doblemente. 

Por un lado y una vez más, con uno procedente del común pasado mitopoético griego-europeo -Pandora-, pero aquí sumado a otro de origen hindú -Avatar-. 

Es decir que aquí se va hasta el propio origen indoeuropeo común de lo que llamamos lo europeo tanto en Europa como en América.

Digamos también que al sumar globalmente ambos orígenes, es como si la fuerza mántica de ambos unidos hiciera estallar, tanto como epifanía como explosión “mecánica”, a los que así tecnifican el mito. 

Tendríamos y para resumir y ponernos en tema tres reacciones. La del jefe militar y la del manager; luego la del o la -en este caso-, científica; y finalmente la de Jake, el héroe –que es también varias otras cosas, como veremos.

Es decir, puesto frente a lo raigal y a lo originario se tendrían tres respuestas: el odio y la explotación; el deseo o voluntad de saber en sentido primero profano, y luego –vía la Gracia- el saber tradicional –claro que in extremis-; y finalmente el pleno conocimiento: que es Amor, tanto como Eros como Ágape.

Claro que para llegar a ello, antes este héroe tiene que padecer, física, carnalmente en su propia creación; o más bien en su re-creación.

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