A Sala Llena

Borat: Subsequent Moviefilm

La conexión humorística seguramente sea -como dicen que pasa con el amor o la atracción- una cuestión de química. La relación que establecemos con algún cómico de estilo muy definido, con esos cómicos que crean algo así como una identidad o universo -o un mundo, o un caserío- puede ser muy particular, muy personal, al punto de… ¡DETESTO EL HUMOR DE SACHA BARON COHEN! NO SOPORTO BORAT, BRUNO, ETC. No lo aguanto como actor, ni en Ricky Bobby, ni en Hugo… no puedo con su gesticulación, su presencia, etc. De todos modos, las películas que no son “de Sacha Baron Cohen” no me generan las reacciones tóxicas que sí me generan Borat, Bruno, etc.

Pensé que Borat era algo del pasado, de hace casi una década y media… pero a este señor se le ocurrió hacer una secuela de Borat Bolas con el diario de estos días -uh Trump, uh el coronavirus, uh otros temas álgidos de hace un rato- y yo estaba esquivando verla, porque a diferencia de todos ustedes yo no soy inmortal y para qué enfrentarme al peor cómico de la historia del cine, al más carente de gracia y, sobre todo, al más carente de lucidez. Pero los amigos de A sala llena me pidieron este texto; bah, no este, con seguridad esperaban algo mejor, pero en mi defensa debo decir que fueron debidamente advertidos.

El humor de Borat la secuela está tan -mal- pegado a la hora y el minuto exacto en que se hizo que, en ese sentido, nos hace pensar en los infructuosos esfuerzos de un cómico de radio o un twittero haciendo chistes con el valor del dólar. De todos modos, los cómicos radiales -aún los peores- tienen más filtros a la hora de descartar las ideas más banales, estúpidas y toscas, esas que Sacha Baron Cohen mete en modo metralleta flatulenta en Borat 2 -el título largo búsquenlo ustedes, demócratas inmortales-, una celebración del humor de Sacha Baron Cohen por Sacha Baron Cohen y con una corte de bufones sin energía carentes de talento, incluso para moverse. Baron Cohen quiere ser el centro de atención: aún en las secuencias en las que no está quiere ser el origen de todo, la fuente de la que emana la mirada cómica que tanta gracia les causa a ustedes, Highlanders.

Y termina Borat 2, filmada con esa indolencia tan actual de planos irrelevantes + música dispuesta por algún programa de computadora (el de la tortuga, ya que estamos usando términos viejos) + chistes de redes sociales y teléfonos y humor de culos y pedos y pijas y conchas pero sin la menor elaboración ni tampoco con fresca tontería ni con genuina inocencia. Es algo así como humor de viaje de egresados del secundario de pibes que creen que “se las saben todas”, pero ni siquiera de un secundario más bien salvaje y no domesticado: es el humor que uno puede imaginar en uno de esos secundarios “progres y comprometidos”, en los que se permite poner en la cartelera de eventos una poronga en una foto de Trump y hohoho, de esos lugares en los que está bien visto detestar matemática y biología porque no son ciencias “socialmente comprometidas”. Sacha Baron Cohen propone un mundo en el que hay que reírse de lo que él dice que es risible y, extrañamente, nunca pone en juego su mirada ni su cuerpo en tanto cómico. No hay explicitud en su mundo, que es apenas un pobre caserío cómico: lo que abunda es mera obscenidad carente de desnudos, de fluidos y de fluidez; el suyo es un humor que aspira a lo escatológico pero sin el coraje -ni las bolas que se embolsa en el afiche- para ser explícito. Sacha Baron Cohen quiere reírse de los conservadores y las tradiciones y queda babeando al hacerse el vivo, y quiere “decir algo sobre la política” pero evidencia no haber leído jamás la sección de noticias internacionales de algún diario decente; signo de los tiempos, quizás. Y quizás también sea otro horrible signo de los tiempos que estas porquerías de Sacha Baron Cohen sean más valoradas por “la crítica” que las apuestas valientes, estoicas y de tradición y puesta en escena cinematográficas de Johnny Knoxville y Jackass. Pero ya se dijo: es cuestión de química, de reacciones personales. La gracia de la comedia sopla donde puede soplar, y acá me hice un búnker para que no entren nunca más las brisas de Borat, Bruno, Burdo y Bolurdo.

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