VOLABAN UNAS MARIPOSAS Y HABÍA UNOS EUCALIPTOS MUY HERMOSOS, NADA MÁS QUE ESO
Héctor Viel Temperley (1933-1987) fue un poeta argentino que, como Van Gogh o los grandes artistas, logró entrar al gran parnaso nacional una vez muerto. Su figura solo fue creciendo con el tiempo. La obra consiste en títulos como El nadador o Crawl donde el misticismo de origen catolico bizantino se entremezcla con lo humano, con lo terrenal. A finales de los ochenta, a través de algunos movimientos propiciados por Fogwill y una última famosa entrevista hecha por Sergio Bizzio, el poeta nacido en Buenos Aires se convirtió una figura recurrente entre anaqueles de poetas, revistas de investigación académica y cenáculos de intelectuales. Su último poemario se llama Hospital Británico y fue escrito después de una operación por la cual le extirparon un tumor cerebral. Es una obra que ha tenido resonancias a lo largo del tiempo que aún se pueden vislumbrar. La película de Gustavo Fontán y Gloria Peirano es una prueba de eso. Un filme que dialoga con el poema en forma de homenaje y actualización.
El último largometraje de estos dos realizadores forma parte de una larga tradición que tiene anclaje en sus propias filmografías. Una mezcla de ambientes sensoriales, intersecciones de figuras y literatura argentina que pueden tener resonancias en trabajos como El limonero real, Marechal, o la batalla de los ángeles o El piso del viento. En este caso tenemos una obra que dialoga con las palabras de Viel Temperley de manera circular. Las imágenes algo borrosas, difuminadas por el celuloide, son una rueda que gira en loop pasando por tres momentos distintos: el peregrinaje, la confesión y el poema.
Estamos frente a un viaje, o si se quiere, una procesión. Quienes deambulan, los que parecen desplazarse en un trance místico a través de praderas verdes y tierras sembradas de caballos, son poetas. En orden de aparición: Julián López, Teresa Arijón, Alicia Genovese, María Mascheroni, Mercedes Araujo y Andi Nachon. Sus presencias tienen una doble función. Por un lado, recitan versos de Hospital Británico y por el otro, comentan su relación con el libro. El primer contacto, sus sensaciones, la huella que dejó. Es curioso que muchos de ellos relacionen la obra con la enfermedad. Tanto la convalecencia o el mismo hospital parecen manifestarse en la vida real pero esta vez, resignificandose. El poema funciona como un talismán que transforma el dolor en otra cosa, en algo más apacible, conciliador.
La pregunta que surge hacia el final es inevitable: ¿Cómo se filma la poesía? Gustavo Fontán y Gloria Peirano ofrecen una respuesta. Dialogando con los versos, entregándose a confesiones, en busca de imágenes líricas como las de la tapa de A 18’ del Sol de Spinetta: así se van tejiendo los pilares de este recorrido. Hacia el final del largometraje aparece un monasterio con sus silencios y su aura. Esta institución de clausura posee varios paralelismos con la obra de Viel Temperley y la película. Ambos son espacios divinos en la tierra, una conexión mística que se hace desde lo material. Como la sala de cine, un refugio del alma que se escapa del mundo.
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(Argentina, 2026)
Guion, dirección: Gloria Peirano, Gustavo Fontán. Elenco: Julián López, Teresa Arijón, Alicia Genovese, María Mascheroni, Mercedes Araujo, Andi Nachon. Producción: Papu Curotto, Andi Nachon. Duración: 68 minutos.









