A Sala Llena

Cuarteto

Dramaturgia: Eduardo Rovner.  Escenografía y vestuario: Altro Ke. Gabi Lepiansky. Diseño de banda sonora: Gaby Fiorito. Fotografía: Evann Violeta, Gastón Badell. Diseño gráfico: Romina Pinto. Asistencia de dirección: Romina Pinto. Dirección: Gaby Fiorito Elenco: Romina Pinto, Mauricio Chazarreta, Iván Steinhardt, Javier Guerrero y Guillermo Tassara. Prensa: U Ke Flash Prensa.

Cuarteto del gran dramaturgo argentino, Eduardo Rovner, fue escrita durante el gobierno de facto de 1976. Pero “si bien la obra contiene una fuerte mirada ideológica acerca de la nefasta dictadura militar, la historia se mantiene vigente a través de los años”, explica Gaby Fiorito, director de esta puesta en escena. Esto se debe, lamentablemente, a que la temática es la del egoísmo, la de la insensibilidad ante el sufrimiento ajeno. Así como una especie de negación ante lo que es feo: como la enfermedad, como la tortura, o llevado a hoy, como podría ser la pobreza sólo porque no nos ocurre a nosotros. Los protagonistas son personajes oscuros capaces de eliminar a todo el que pretenda sacarlos de su mundo excitado y artificial, porque no tienen la valentía suficiente para ver la realidad.

 La sinopsis narra el fanatismo y obsesión de los músicos de un cuarteto de cuerdas que prepara un concierto en homenaje a Beethoven, compositor del que son fervorosos adeptos. El concierto será televisado al día siguiente y se encuentran ensayando en la casa de Anselmo, cuya esposa se encuentra muy enferma en la habitación contigua. Por esta razón, utilizando una campana desde su cama debe interrumpir a los músicos y es ignorada. Entonces se acerca pidiendo remedios para el dolor y su marido le dice que vaya a comprarlos ella, ya que está muy ocupado. Más tarde llama por teléfono su médico explicando la gravedad de la situación pero tampoco es escuchado y cortan el cable de la línea. Y cuando la mujer grita pidiendo socorro, suben el volumen de la música. Los integrantes del cuarteto ensayan exaltados autoconvenciéndose de que hacen algo mucho más importante que la enfermedad de un simple mortal pero apenas manejan sus instrumentos. De este modo los personajes se muestran ridículos y patéticos en su pasión por Beethoven, en tanto pseudo – músicos, viviendo una realidad distorsionada. El final es el paroxismo al que llevaría todo fanatismo, por el que muchos grupos en la humanidad son capaces de crímenes terribles embanderando la búsqueda de la belleza para la sociedad.

 La escenografía está compuesta de una mesita con un teléfono, tres sillas, la silla de ruedas de uno de los personajes y los instrumentos. Esta puesta en escena algo austera enmarca a la perfección a los personajes, como mostrando la verdadera cara de una supuesta pompa que no tiene asentamiento en la realidad. Se acentúa de manera inteligente la carencia de verdadero brillo de los personajes y la pobreza espiritual que los caracteriza. Desde los muebles elegidos hasta la coloratura, casi totalmente en blanco y negro, son un gran acierto para simbolizar la falta de vida y normalidad reinante en la historia.

 Los vestuarios continúan esa tónica a través de los smokins de los músicos (ya vestidos para actuar en un teatro aunque se encuentren ensayando en una casa) y del camisón blanco lánguido de la mujer de Anselmo, suplicante, simbolizando la única bondad presente. Es asímismo destacable el maquillaje pesado y expresionista que remarca la oscuridad y la locura de los personajes.

 Las actuaciones son excelsas, con un trabajo tanto corporal como de la máscara, llamativo y talentoso, que sostiene con importante fuerza un texto tan hilarante. El género de la obra es el del absurdo y el grotesco, cuyos códigos actorales son difíciles de maniobrar manteniendo la verosimilitud. Sin embargo la historia es en todo momento creíble a pesar del surrealismo que la caracteriza.

 Finalmente en la dirección es destacable el manejo del espacio en movimientos casi coreográficos, incluso contando con un personaje en silla de ruedas, elemento que contrariamente a entorpecer, proporciona efectos de velocidad y ritmo en el desplazamiento del grupo actoral. Más allá de la indudable sagacidad del texto de Rovner y las muy buenas actuaciones, es la dirección la que se lleva el premio mayor, siempre responsable de tomar las decisiones de cada área y amalgamarlas magistralmente para que resulten un todo en el que el espectador pueda perderse mirando por la mirilla las historias de las que siempre es capaz el ser humano, cuando no lo miramos.

 Cuarteto, dirigida por Gabi Fiorito, es una obra brillante que explica de manera muy holgada como se puede hacer una comedia con la que nadie podrá parar de reír de principio a fin, pero con un texto de altísima calidad y un importante mensaje social. Para ver y tomar nota.

 Teatro: CELCIT -Moreno 431, CABA.

Funciones: $ 120,00 / $ 80,00 Sábados a las 21.

calificacion_5

 

Por Natasha Ivannova

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