A Sala Llena

Cuarto de Guerra (War Room)

(Estados Unidos, 2015)

Dirección: Alex Kendrick. Guión: Alex Kendrick y Stephen Kendrick. Elenco: Priscilla C. Shirer, T.C. Stallings, Karen Abercrombie, Beth Moore, Jadin Harris, Tenae Downing, Alena Pitts, Kathleen Dellinger, Noël Baker, Perry Ball. Producción: Alex Kendrick y Stephen Kendrick. Distribuidora: Hoyts. Duración: 120 minutos.

Mentiras piadosas.

Y aquí tenemos otra propuesta religiosa que se abre camino hacia la cartelera argentina, toda una curiosidad una década atrás. Hoy la variedad permite establecer una mínima jerarquía entre los representantes individuales del lote: a diferencia de los casos de El Remanente (The Remaining, 2014), Tierra de María (2013) y El Apocalipsis (Left Behind, 2014), en esta oportunidad no estamos ante un vehículo en busca de nuevos creyentes sino más bien frente a un exploitation cristiano hecho y derecho, que pretende satisfacer al público devoto con una semblanza que respeta lo que el segmento desea consumir a nivel artístico/ ideológico, entregando un producto que “ratifica” el fervor de los espectadores.

Si trazamos una escala cualitativa, considerando que los antecedentes más significativos fueron Señales (Signs, 2002) y Prueba de Fe (The Reaping, 2007), resulta más que claro que Cuarto de Guerra (War Room, 2015) se ubica en las antípodas con respecto a Z for Zachariah (2015), un admirable ejercicio post apocalíptico -con ecos de la fábula bíblica de Adán y Eva- que también superaba a otro ejemplo reciente del rubro, la melosa El Gran Pequeño (Little Boy, 2015). Los hermanos Alex y Stephen Kendrick, los responsables mayores de la película (el primero es el director y guionista, el segundo colaboró con la historia), poco y nada hacen en materia cinematográfica para respaldar tanto delirio místico.

De hecho, estos ministros de la Iglesia Baptista de Sherwood, reconvertidos en productores con cinco opus en total en su haber, todos en la misma sintonía sacrificial, son verdaderos adeptos a construir de la manera más gráfica posible relatos de expiación y descubrimiento dogmático; siempre con vistas a dejar entrar a Jesús en el corazón de los impíos, honrar el poder del rezo, resaltar la necesidad de difundir la “palabra sagrada” y en especial poner de manifiesto la batalla entre Dios y el Diablo, de allí el título. La trama en esta ocasión pasa por la relación entre una agente de bienes raíces y una señora mayor, que actúa como “consejera matrimonial” ante una típica situación de abuso doméstico por parte del marido.

Más allá de las múltiples falencias del film en sí (la catarata de estereotipos, la pobreza en el desarrollo de personajes, un metraje que se siente interminable, etc.), asusta un poco la tesis detrás del periplo, vinculada a considerar que con la todopoderosa fe -y la pasividad que suele arrastrar- se resuelven los conflictos familiares (el esposo abusa verbalmente de ella, se desentiende de la hija de la pareja y bordea la infidelidad). Una vez más “no hacer nada y aceptar la Santa Trinidad” es sinónimo de una convivencia feliz y de una especie de autonivelación del universo, como si siempre resultase exitosa la estrategia de ofrecer la otra mejilla a espera de que el prójimo comparta/ elija nuestras maravillosas convicciones.

Estos atajos del humanismo manipulador y berreta, del que sigue comiendo el enjambre de cultos cristianos de la actualidad, toma a la ligera la interesante dimensión del fanatismo, léase el salir a matar -o dejarse morir- por un ideal. Por supuesto que la contracara de la buena recepción en taquilla que están teniendo realizaciones como Cuarto de Guerra, es el declive de las sociedades de nuestros días en este aspecto: ante el vaciamiento ideológico, la estupidez reinante y la cultura del hedonismo, hasta tópicos vetustos como el “amor a Jesús” tienen cabida en el trajín de justificar una existencia marchita. Así las cosas, hoy las mentiras piadosas de turno nos interpelan con una jerga bélica y poco abierta al diálogo…

calificacion_1

Por Emiliano Fernández

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