A Sala Llena

El Día que Tim Burton Plagió a Joe Dante

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A primera instancia, es imposible no reconocer el estilo de Tim Burton en esta remake animada de su propio corto, Frankenweenie. O sea, las figuras realizadas con plastilina son literalmente una copia exacta en tres dimensiones de los dibujos que el director de Marcianos al Ataque ha realizado durante toda su vida. Si uno mira los bocetos que Burton dibujó y fueron incluso exhibidos en Museos de París y Nueva York, quedan pocas dudas, que Frankenweenie a pesar de estar distribuida por la Disney, que ahora lo atesora como uno de sus niños prodigio y le da toda la libertad para hacer el producto que desea – mientras en los años 80 lo rechazó en forma escandalosa por ser demasiado “oscuro” – es una de sus obras más personales y destacadas.

Quedan incluso pocas dudas, que después de trabajos bastante menores en su carrera, donde el estilo dominó la narración, donde la estética burtoniana tapó el lado sensible y cínico del realizador, que Frankenweenie es algo así como un regreso con gloria. Se trata de una obra querible por naturaleza, emotiva, delicada, cinéfila, llena de libertades creativas. Disney nunca dejaría a ningún otro realizador crear, en una película de animación destinada principalmente a una platea infantil, una escena donde una niña le muestre eses de gato al protagonista. Incluso el solo hecho de ser blanco y negro es un factor de riesgo extremo para atraer audiencia. Burton hizo la película que quiso. Su mayor homenaje al cine de terror clase B de los años 50 y 60, a la Hammer, y sobretodo su film más autorreferencial (y sin necesidad de incluir a Johnny Depp o Helena Bonham Carter en el elenco de voces).

Sin embargo, y más allá de todos los guiños que se incluyen a ambas Batman, El Joven Manos de Tijera, El Cadáver de la Novia (Víctor, el protagonista es igual a Victor, el novio de El Cadáver), Marcianos al Ataque incluso, y sobretodo a La Leyenda del Jinete sin Cabeza, hay numerosos factores extracinematográficos que sorprenden en el universo de Frankenweenie.

Principalmente, que a pesar de ser una versión muy libre y autobiográfica incluso, Burton agarra la novela de Mary Shelley y adapta numerosos pasajes, algunos muy conocidos, otros no tanto, en forma sutil y sin manifestar abiertamente, que se tratan de extractos de la novela. Obviamente, está llena de referencias a la saga creada por James Whale y numerosos personajes que remiten a actores relacionados con el género (un personaje de hecho es igual a Boris Karloff, otro se parece a Vincent Price). Sin embargo, lo que mayor sorprende en esta obra, es que el mundo de Víctor y sus padres se termina pareciendo más, incluso en tono narrativo al de otro cineasta influido por los mismos clásicos: Joe Dante.

Al igual que Dante en sus obras más personales (Pequeños Guerreros, Gremlins, Miedos, Matineé), la historia sucede en un suburbio y está protagonizado por jóvenes preadolescentes. Si bien, este micromundo, Burton lo enfatizó en El Joven Manos de Tijera, esta vez, la estética es menos fabulesca y más real. El colegio, la marginalidad, el primer amor. La estructura narrativa y la inocencia del tono, como si fuera un cuento navideño macabro, el ataque de un monstruo a una ciudad y el final ultra exagerado en carga violenta puede relacionarse perfectamente con El Joven, pero fue Dante el que lo desarrolló en toda su carrera. Y de hecho (¡spoiler!) que en un momento, unos bichitos pegajosos, traviesos y chillones salga de una pileta de natación es clara referencia a Gremlins. Admito que mientras que se desarrollaba la escena (sin duda la más imaginativa y divertida de la película) con su nivel de absurdo absoluto, escuchaba el leit motiv de Jerry Goldsmith acompañando el movimientos de los monstruos. La visión de las masas y las fuerzas militares con todos sus prejuicios, obstinación y fascismo subyacente también está presente en ambos realizadores. Y que ningún fanático burtoniano me venga a decir que Joe Dante copia a Burton, porque realmente, cierro todo y me escapo a las montañas.

Joe Dante vino antes que Burton, el universo clase B le pertenece tanto como Burton, y siempre lo manifestó en formas menos pretenciosas y estilísticas que el director de Frankenweenie.

Al igual que Burton, Dante también le profesa admiración a Christopher Lee, tiene visión de niño (como Spielberg) y sorprende engañando al espectador con un humor negro autóctono. A Burton el humor negro le solía salir bastante bien. A partir de Sweeney Todd, algo le sucedió y perdió el sentido del humor. Y a pesar, de que Sombras Tenebrosas aparenta ser una comedia, los gags son fallidos, no se sostienen los chistes, están anticuados. En Frankenweenie el humor funciona por el efecto sorpresa, por esperar la reacción, por no intentar ser cómico. Y porque hay un tono nostálgico, melancólico que le viene muy bien al producto.

Además, Burton decide (¡por fin!) dejar de lado subtramas románticas que llevan a ningún lado y hacer un relato que primeriza la amistad antes que el deseo de un primer amor. Si bien las relaciones entre personajes son el punto más flojo del guión, así como el desarrollo de algunos secundarios, la relación entre Víctor y Sparsky es tan genuina que no hace falta que los otros tomen mayor protagonismo. Y de hecho, la creación del personaje de la vecina que siente atracción hacia Víctor termina siendo más un homenaje del realizador hacia su primer actriz fetiche, Winona Ryder, una oportunidad para que vuelva a generar atención – recordemos que tras los episodios de cleptomanía de la actriz, no pudo reestablecer su carrera – que una justificación narrativa. Su look remite indefectiblemente al de Lydia en Beetlejuice, y que la actriz ponga la voz no es casual.

Al mismo tiempo también se reencuentra con otros actores con los que no trabajaba hace bastante: Martin Short (desde Marcianos…), Catherina O’ Hara (Beetlejuice y El Extraño Mundo de Jack), Martin Landau (El Jinete sin Cabeza).

Y aún así, con todo lo que implica la existencia de un universo Burtoniano, no puedo dejar de pensar que Frankenweenie parece dirigida por Joe Dante. O acaso se olvidan que Short también trabajó en Viaje Insólito.

¿Desde cuando hay una escena deportiva en un film de Burton? O, más allá de que se trata de una película de Disney, ¿por qué en la marquesina de un cine figura Bambi? Recordemos que en Gremlins, los monstruitos mueren mientras están viendo Blancanieves. ¿Es casualidad acaso que en tal escena aparezca dicha referencia? (El ladrón de Tarantino usó 20 años más tarde la misma idea para el final de Bastardos sin Gloria)

El cine clase B de los ’50 y ’60, los productos de la Hammer, el cine japonés de desastres post Hiroshima y Nagazaki, los films de Roger Corman son referentes indiscutidos de los cineastas surgidos a finales de los 70 y principios de los 80. Incluso muchos de ellos empezaron sus carreras con el director de El Péndulo y la Muerte. Pero no seamos naif en pensar que porque Burton se autocita constantemente es el primero en hacer estas referencias.

Frankenweenie es un gran film y no lo pongo en tela de juicio. Es divertido, dinámico, sensible e inteligente. Confirma que a diferencia de Robert Zemeckis, Burton debería dedicarse más a la animación – aunque considero El Cádaver de la Novia la mejor de las animadas ideadas por el autor – que al cine live action. Es lo mejor de un director que venía en decaída, pero a veces los universos se cruzan, se mezclan, se parecen y debemos olvidar las tendencias – o las loas a Burton – y recordar que ningún producto es ajeno a un contexto cultural, u olvidar que tipos como Joe Dante son los que verdaderamente inventaron el cine contemporáneo.

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