A Sala Llena

El general Soprano va en coche al muere

La parca mugrienta desplegó
las mangas, alargó las uñas, destrozó las nubes. En un tajo borgiano se lo
llevó a la mierda. Nos dejó desnudos, nos dejó dolientes, nos dejó mediocres,
nos dejó partidos, nos dejó voraces.  Nos
dejó mirando el espejo de mugre en el que se reflejan los tontos. Nos partió la
vena.

Llegó la sombra y lo
envolvió maldita. Llegó la sombra y lo envolvió podrida, ladrona, envidiosa y
jodida.  Llegó la sombra y lo envolvió
pesada, maleva, matona, pandillera. Cuchillo rutilante para destajar talento.

Los ingenuos quedamos con la
mano extendida.  La mano extendida
esperando el contacto. La mano extendida esperando la fruta. La mano extendida
esperando la palabra del soldado sagrado, del perro salvaje, del perro indomable,
del perro negro con collar de plata que muerde la mano de los violadores. 

Borges y Soprano, Soprano y
Borges.

Nos dejó vacíos, nos dejó
pelados, nos dejó boludos y tapados de bosta. Nos dejó desnudos para llorar el
crimen de los bobos, nos dejó aullando a la luna de los indignos.

Por la calle gritan las
prostitutas calvas, las madres de harina, 
los gordos, los vagos: ¡Se murió 
Soprano, se murió Soprano!

Y el mundo se achica.

Y el mundo se deshoja. Y se
van los tipos que fabrican sueños, que fabrican almas, que fabrican ojos que se
abren en la noche. Y la sangre queda y queda la sangre.

La sombra de las voces, los
pasos, los golpes. Las flores del río, los besos, el pijama. La lluvia y el
sexo, las armas, las balas… El general Soprano se hizo de saliva y agujeros, de
miedo y de trauma. 

Lo extraña la mente, lo
extraña la envidia. Lo extraña la vida que se queda muda y se queda tímida.

La parca mugrienta se llevó
al soldado, se llevó al varón que cruzaba el puente y bajaba del auto.  Y en el coche va el general Soprano, vestido
de hambre, de luz, de gloria y de trompadas.

Y quedamos los tontos.

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