A Sala Llena

Enterrado, Según Tomás M. Luzzani

Parecía demasiado bueno para ser verdad.

 

Críticas excelentes por doquier, una trama sencilla, pero un gran desafío en aspectos técnicos. Este era una de esos casos donde el cine se pone a prueba. Digo, es muy fácil escribir un cuento que transcurra en un espacio chico, ahora bien, en cine esto es completamente distinto, las películas son esclavas de dos reyes tiranos, el espacio y el tiempo, y Enterrado se metió con ambos.

No voy a mentir, técnicamente hablando, la película es un hallazgo, el montaje es genial, y tanto el trabajo de dirección como de fotografía son muy buenos. Al menos muy buenos para las limitaciones que tenían. Pero hasta ahí llega el asunto. No hay nada más, no pidan nada más, porque lo que van a obtener es triste y opaco.

La película de Rodrigo Cortés tiene un serio problema, el guión. A no confundirse, que 90 minutos en un ataúd sean llevaderos tiene mucho que ver con lo que había en el papel, no es solo el trabajo de Cortés y Reynolds lo que saca la película adelante –aunque eso parezca- pero aún así el guión tiene demasiados huecos.

Parece que la realidad indica que en las películas darle un celular a un personaje implica que este personaje sea un idiota. Pido disculpas por lo agresivo de mi comentario, pero a la realidad me remito, Paul Conroy es un idiota y todos los que hablan con el también lo son. El teléfono móvil es un karma del séptimo arte, nunca encontró su lugar, falla en Control Total, falla en Celular, falla en Una Llamada Perdida, falla siempre.

Cual es el problema “el verosímil”, lisa y llanamente, el celular es una herramienta superpoderosa, nos conecta al instante con todo el mundo y nos permite desenvolvernos en el mundo de una forma mucho más cómoda, tal vez demasiado para las trabas que requiere un buen guión. ¿Cómo se compensa esto? Sencillo, dale un celular, pero hacelo un estúpido al protagonista. Paul Conroy hace los llamados equivocados, en los momentos equivocados. No usa el celular como podría. Los que lo atienden del otro lado parece que nunca hablar por teléfono en su vida, desconocen la tecnología que tienen en sus manos. Entiendo que en las películas rastrear una llamada requiera 90 segundos, en la vida real es instantáneo, pero es parte del lenguaje cinematográfico, pero que un agente de una organización multigubernamental con equipo militar no pueda rastrear una llamada en dos horas porque la línea esta clonada o fue desviada a Egipto es demasiado. Ahora bien, que el jefe de personal de la compañía para la que trabaja Conroy si lo pueda hacer hace surgir una nueva pregunta.

¿Son realmente estúpidos o es a propósito?

Si, damas y caballeros, he aquí lo más importante de toda mi reseña. Es a propósito. Y esto es un problema, pero un problema en serio. Porque el planteo de guión no va de la mano con la historia que se quiere contar. Hay un trasfondo político que nunca se acopla a la narración y se entorpecen mutuamente. Siempre que pasa algo, siempre que hay algún cambio, siempre que hay alguna alteración de la narración, siempre que se presenta algún conflicto, algo hace ruido. Y es por su contenido político.

No quiero ahondar demasiado en detalles, porque es una película fácilmente estropeable si adelanto detalles de la trama, pero basta con pensar lo siguiente: ¿Cuál es el rol de las corporaciones en la película? ¿Cuál es la respuesta del FBI y del 911? ¿Cuál es el rol del gobierno? ¿Son terroristas los que lo secuestran a Conroy? ¿Quién se mete al ataúd con Paul? ¿Qué es lo que pasa que se adelanta el final? ¿Quiénes lo causan? ¿Qué metáfora hay detrás de todo eso?

Todas preguntas que nos llevan a un mismo lugar, a la ideología del film. Sobre la cual no tengo ninguna crítica, más allá de que no comparto algunas pequeñeces. Pero cuando la parte política de un film no va de la mano con el planteo narrativo, yo no disfruto mis 90 minutos en sala. Cuando me toman por estúpido vendiéndome una diégesis inverosímil, la película pierde valor. ¿Qué más puedo acotar? Prefiero United 93 de Paul Greengrass en ese sentido, ahí no había vueltas, la política y la narración iban de la mano, y la tensión del final es excelente. Se resuelve una situación muy compleja a nivel cinematográfico, a nivel político, con altura (perdón por la palabra, pero no se me ocurría una más precisa) y con un respeto profundo hacía el espectador. Y ese es un detalle clave. El juicio no sería el mismo si el espectador no estuviese el 100% del metraje dentro del ataúd con Paul. Si no se lo hiciera pasar por todo eso. 90 minutos de tensión, con un par de situaciones completamente innecesarias que juegan con la sensibilidad del espectador. Todo esto ¿En pos de qué? ¿Acaso el fin realmente justifica los medios? El cine es más que un buen montaje, un poco de tensión, y una buena idea. Pregúntenle a Hitchcock sino.

Con todo esto, valga la pena aclararlo, no quiero decir que Enterrado no merezca ser vista. Tiene muchas cosas positivas, las cuales obvié en su mayoría porque fueron repetidas hasta el hartazgo por todos los medios. Es interesante. Ahora bien, es defectuosa en lugares peligrosos. De todos modos no puedo evitar pensar durante cuantos años les perdonamos estos defectos a películas que empujaban la balanza para el otro lado, que en el peor de los casos, la película solo iguala la ecuación. Sea como sea, el cine es cine, el espectador es sagrado y si sentí la obligación de decir lo que dije, por algo será.

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