A Sala Llena

Entrevidas

¿Se puede reparar todo lo que se ha roto en algún momento?, pregunta Guadalupe en el documental de su papá, Pablo Doudchitzky. La obra consigue varias respuestas.

El cuerpo tiene un sentido errático en Entrevidas (2021). Y los descuidos técnicos ejemplifican este tema central desde la segunda escena. En ella, dos adolescentes versionan “Titanium” de David Guetta y Sia en el plano medio de lo que parece un ensayo musical. El sonido de sus voces se oye como una falla técnica. Hay también dos interrupciones cortando la inspiración de las jóvenes cantantes.

Esos errores evidencian la desprolijidad del organismo en pacientes que pasan por trasplantes de órganos como le ocurre a estos personajes*. Gran parte de la película está marcada por cortes abruptos, cámara en mano temblorosa y testimonios tomados espontáneamente antes de que el entrevistado sea advertido de que ya están grabando. 

Para resaltar el efecto errático, la obra traza y entorpece a propósito cuatro paralelismos: la autobiografía del realizador Doudchitzky y los testimonios de Mario y su hijo, de Oscar, y de los padres de Lola. Estas son familias de pacientes quienes como Pablo recibieron donaciones de órganos. Sus experiencias van a la par porque ejemplifican la continuidad de sus vidas después de haber sobrevivido operaciones de trasplante.

El ritmo vital se sostiene con un collage de cortes acelerados por el montaje. La duración de tres segundos o menos en estos planos atenta contra la continuidad para acentuar el efecto de cambios inesperados. Además aparecen en varios momentos de la obra. La propuesta experimental advierte que todo relato tiene mucho de tropiezo por más exitoso que parezca.

Un ejemplo técnico de esto se escenifica cuando Pablo indaga en su lejana relación materna. Este material fotográfico prueba un vínculo del que solo quedan las palabras del narrador y realizador, imágenes de su mamá y recuerdos mas no cuerpos ni individualidades. Ella falleció y él está buscando mantener la cercanía con su hija y su entorno. 

Por esa decisión lo errático reaparece en el exceso de cortes y acercamientos de cámara a los testimonios. Si bien estos últimos ocurren más en las entrevistas al hijo de Mario, ya la primera parte de la obra invita a otra pregunta. Si un trasplante es una forma de recomponer partes de un cuerpo en el de otro y el montaje de los planos busca alguna recomposición audiovisual, ¿para qué Pablo no jugó más con esta posibilidad?

La pregunta es necia. Transforma las decisiones formales de la obra en limitaciones y olvida dos detalles. Primero, Pablo busca sentido sobre todo en los errores de la composición y aun así hay coherencia visual con los negros, los rojos y los escasos amarillos que Guadalupe menciona en un momento. Segundo, no debemos desestimar una obra según lo que pudo ser. Solo la percibimos por lo que es.

Y en esta tautología, Entrevidas se reconoce desde los márgenes de sus pacientes. Sus intersticios vitales son inasibles aún en la voz del realizador. La narración queda de Pablo y la cálida de Guadalupe dan cuenta de un contraste. 

Entre el cansancio generado por estos procesos y el inquieto montaje, queda entonces la vital contradicción de estas imágenes. Han sido rescatadas de perderse por completo en un disco duro, en la caprichosa memoria o en un empolvado álbum de fotos que casi todos ignoraríamos.

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

Dirección: Pablo Doudchitzky. Duración: 68 minutos.

* Usaremos personajes para efectos de análisis entendiendo también que una obra documental es un esbozo de personas reales y más en películas como esta que trata sobre pacientes al borde entre vida y muerte.

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