A Sala Llena

Estado de Gracia…

¡Mamita, cómo llovió todo el día!

Por mi parte, me desperté tarde, a eso de las diez y veintidós, y arranqué la jornada con la mochila de la pachorra colgada a la espalda, debido a un lunes (con fin de semana incluido) que me encontró medio enfermucha y desinflada. Me costó bastante ponerme en movimiento. Incluso, tuve que sobreponerme al enganche con una película de Steven Segal, con la me que me enrosqué mientras tomaba el té negro que, por estos días, me acompaña en las mañanas.  No tenía la más mínima gana de moverme. La panza todavía me molesta y voy a hacer pis cada cinco minutos. Tanía mi clase de pilates al mediodía, pero no encontraba la voluntad para ir.

Habían sido demasiados días de engolosinada quietud y, encaminarme a hacer ejercicio primero, y a la peluquería después, no me inspiraba ni el menor de los entusiasmos. Sabía que tenía que hacerlo por Ella, porque estaba esperando y no podía postergarlo más. Verán, Ella no puede tener el culo caído, no puede aparentar mas años que treinta, no puede tener pelos en ningún lugar del cuerpo salvo en la cabeza y deber ser rubia, uno o dos tonos más rubia que yo.  Por supuesto, Ella es más bonita y mucho, pero mucho más valiente y relajada. Es inocente y sensual y ningún hombre puede resistírsele demasiado, a diferencia de mí que, salvo uno, se me resisten todos. No le tengo celos, pero la admiro muchísimo. Eso sí, lo de tener que ir a la peluquería para que esté contenta y bancarme la gorrita de reflejos y al chabón con la agujita pinchándome y pinchándome la cabeza, es harina de otro costal.

Después de mi sesión de ejercicios me dio hambre, así que me fui a comer algo. Me gusta salir a comer sola, porque me encanta escuchar las conversaciones de otras personas, como ya les he comentado varias veces. Pero hoy, a mi lado estaban sentadas dos viejas que, de verdad, le hubieran bajado la moral a cualquiera. Debo confesar que no dejaba de ser divertido y que tomé varias notas mentales (choreos lisos y llanos) para incluirlos en algunas líneas de diálogo de películas en las que estoy trabajando. No es ningún secreto, que el mejor material se encuentra en la calle, con gente de carne y hueso.

_ Llegaron los chicos_ dijo una (la mas imbancable)_ y él les dijo: Miren a mamá, no se bañó todavía y tiene un olor que voltea.

La otra vieja, una mujer bizca con anteojos enormes de mucho aumento, se limitó a mirar a su interlocutora de manera extraviada y, después de largos segundos, le metió el dedo con este comentario:

_ ¿Por qué no te separás?

La otra no supo en qué agujero meterse, se había quejado del marido a lo largo y a lo ancho de la conversación (y con razón el tipo era, en apariencia, un energúmeno) pero no esperaba que su amiga la mandara a freír churros de manera tan categórica. Sin saber qué contestar, se ocupó de cortar su milanesa de lentejas a la napolitana minuciosamente, hasta que le vino una idea a la cabeza.

_ No me quiero separar, lo único que quiero es que no le diga a mis hijos que no me baño_ y dicho esto, se llenó la boca de puré. Yo metí la cabeza en la revista ajada que estaba leyendo, y sonreí. En ese momento supe que, a pesar de querer ahorcarlas durante todo el almuerzo, esas dos viejas me iban a dar más de una línea de diálogo impagable. Y así fue. Para cuando terminé de morfar y pagué, ya le estaban sacando el cuero a una amiga, que odiaba a la nuera por ser católica.

Parada detrás  de la puerta de vidrio, esperé a que parara un poco de llover y, encapuchada, salí a la calle. Una parte de mi rumbeó para mi casa, esquivándole el bulto a la peluquería. Pero Ella me habló al oído y, antes de haber hecho media cuadra, cambié de rumbo.

A estas alturas, ustedes deben pensar que Ella, es esa parte tirana de mi, que hace tenga que verme perfecta, joven, bella, dura y la mar en coche; pero no, Ella se llama Crista y es el personaje que interpreto en la ópera prima de mi amigo Darío Sabina, y que reanuda su rodaje este fin de semana.

Nada más riesgoso y excitante, que saltar al vacío y componer un personaje cinematográfico. Después de un arduo y amoroso laburo con el director y mi compañero de elenco Luciano Rosini (gran actor de teatro y fenomenal cantante) finalmente vamos a rodar el tronco dramático del film. Aún cuando me he formado mucho como actriz y he interpretado personajes, nunca antes había protagonizado una película y, créanme cuando les digo que es maravilloso despertarse y recordar que a uno va a tocarle semejante privilegio.

La búsqueda del actor en la performance cinematográfica es realmente apasionante y compromete hasta la parte más mínima del sujeto. La cámara, como me gusta repetir hasta el cansancio, lee los pensamientos y es por eso, que no se le escapa absolutamente nada. Nunca se le pide más vida a la composición de un actor, que cuando está haciendo cine. Yo me formé en el teatro (y pienso que es el único camino de formación) pero debo decir que creo casi a pie juntillas, y esto va a acarrearme muchas disputas, que la verdad de la milanesa está en el cine. Al cine se salta sin red, contrariamente a lo que se cree por ahí. La cámara es un elemento implacable que, cuando te ama es una aliada fiel y potenciadora, pero cuando no, te deja en pelotas y moqueando bajo la lluvia. En el teatro el actor depende, fundamentalmente, de su talento y de su oficio. En el cine también, pero no enteramente. Hay un factor extra, un puente inexplicable, una puerta de magia que existe entre la performance y el ojo de la cámara, que a veces aparece y a veces no. Y cuando no aparece, es aterrador.  Esa puerta o puente, ha tenido muchos nombres a lo largo de la historia, pero nadie puede poner el dedo sobre lo que realmente es. Es por eso, que hay muchos  grandes actores, muchas “celebrities” y muy pocas y verdaderas “estrellas de cine”. A veces, el universo se empecina de manera brutal y entonces nacen los Al Pacino, los Marlon Brando, los Julio Chavez y los Meryl Streep de la historia, pero no se confundan, son piedras preciosas y sumamente raras, con las que los seres comunes como yo, soñamos y nos obsesionamos. Tipos y minas que hacen arte con el aire, con el aliento de la vida y con la materia del pensamiento. MONSTRUOS.  De la observación de estas aves del paraíso, queda la intención de aprender y emprender un viaje que nos vuelva un pocos mas veraces, un poco más vivos, un poco más presentes como actores.  Pero después, solo existe el vacío.

El estado de gracia del cine, reside en el talento de sus actores y la compasión de sus directores.  Nada mas bueno para mí, nada más cierto, nada mas soñado.

La semana que viene, una columna desde el set.

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