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CRÍTICAS - CINE

Ferrari

LA POLIVALENCIA DE LOS COLATERALES

La vuelta a la pantalla grande de nuestros directores favoritos siempre es motivo de celebración. La mejor forma de hacerlo es visitando la obra de turno en la mejor sala posible. La segunda mejor forma de hacerlo, posiblemente, sea siguiendo el rastro de todas las conversaciones y notas periodísticas que dicha figura haya realizado a causa de su más reciente estreno.

En el caso de Ferrari, Michael Mann ha respondido, en más de una ocasión, que: él no ve espejada a su persona en el personaje histórico de Enzo Ferrari; su primer vínculo con él se dio lateral y comercialmente cuando compró su primer Ferrari, un 308 GTB, con el cheque que recibió por dirigir Thief; y su segunda interacción también fue indirecta, cuando el empresario le regaló el modelo Testarossa blanco para la tercera temporada de Miami Vice, con la condición de que el Corvette disfrazado de Daytona Spyder -manejado por Don Johnson en los dos primeros años de la serie- fuera destruido en pantalla.

No fue hasta principios del 2000, a casi década y media del fallecimiento del Commendatore de Módena, que Mann y Sidney Pollack contrataron a Troy Kennedy Martin para escribir una adaptación cinematográfica de la biografía “Enzo Ferrari: el hombre, las máquinas, las carreras”, de Brock Yates.

Yates, pese a percatarse de que sus datos podrían resultar ofensivos para los seguidores de la Scudería, parte de los sueños frustrados del hombre. Su fracaso o abandono como periodista deportivo, cantante de ópera y piloto de carreras. Y su autodefinición del talento, como “alguien que hace que las cosas funcionen y las mantiene así”, y no como ingeniero.

Pollack y Mann acordaron que la película contaría con un elenco angloparlante y acento italiano. Mann, por otro lado, sugirió que el guion no abarcara la totalidad cronológica del libro, ya que eso “pertenece al Discovery Channel”. Según quien terminaría dirigiendo Ferrari, el año que convierte al hombre y a la marca tal cual la conocemos hoy es 1957, el más vulnerable de su vida.

A favor de su postulado, podemos decir que el largometraje protagonizado por Adam Driver está repleto de gestos visuales que sintetizan mucha de la historia no contada de manera argumental. Incluso en la fotografía de Erik Messerschmidt, a quien Mann le sugirió estudiar las pinturas de Caravaggio, el dorado es su color incidental por excelencia. Dorado es el campo del logo del Cavallino Rampante porque para Ferrari “el dorado es el color de Módena”, como también de oro estaba llena la bolsa que le ofreció Enzo a Laura Garello (Penélope Cruz) como regalo de bodas.

Hay síntesis histórica en la iluminación, como también la hay en los objetos. Enzo Ferrari está en bancarrota y no puede ni siquiera costear sus propios modelos para uso particular. Él maneja un Peugeot 403 y un Alfa Romeo queda a la disposición de Laura. Para salir de su debacle financiera solo tiene tres salidas posibles: se asocia a una marca que altere su método de producción; lo cambia por su cuenta fabricando 400 automóviles en un año; o arma un equipo de cinco pilotos para correr la que fuera la última de las Mil Millas, un circuito primaveral que contaba con Brescia como punto de inicio y final y, en el medio, con motores de alta potencia rugiendo a través de pueblos y grandes ciudades.

Es Enzo quien toma las decisiones finales de la empresa, pero Laura quien se ocupa de la gestión total de sus recursos. Laura aborrece la falta de continuidad de Enzo en la familia y en la empresa. Entiende que esa es la causa de la muerte de su hijo Dino y la crisis económica que atraviesan.

Es con el Alfa Romeo particular que Laura descubre la fuga de capitales y la doble vida de Enzo en un segundo hogar. Alfa Romeo que no presenta fallas técnicas, pero Enzo no lo conduce. Alfa Romeo, marca con la cual Enzo da sus primeros pasos industriales, pero es despedido después de décadas de vínculo laboral y profesional. Por ende, en el intento de borrar las huellas de su origen, es el mismo pasado automotriz quien delata su vida paralela.

Las mujeres de Ferrari no niegan su estirpe. Laura no tiene problemas con la doble vida de su marido, acepta su naturaleza, toma las riendas del negocio familiar y lo aborrece por el deterioro de las creaciones mutuas a causa de su ausencia. Lina Lardi (Shailene Woodley) no tiene problemas con criar a su hijo Piero, pasa con él todo el tiempo que sea necesario, acepta la etiqueta de “amante”, pero no tolera la anulación total del linaje del niño con la ascendencia paternal.

Tanto Laura como Lina reconocen, aceptan y ejercen su rol en el mundo, pero los hombres protagonistas de Ferrari son colaterales.

Piero es parte de la familia, pero no por línea directa matrimonial. 

De Enzo ya mencionamos las ausencias cubiertas por Laura. Y colateral, incluso, es el activo financiero que Laura le concede a su esposo para costear la inscripción a la carrera, aunque el motivo de que ella sea la portadora lo comprendamos verbalmente.

Vayamos a Alfonso De Portago (Gabriel Leone), el personaje colateral por excelencia en esta película. Lo es, por un lado, a través de una simetría filmográfica. Resulta inevitable asociar la presentación entre De Portago y Ferrari con la de Vincent (Tom Cruise) y Max (Jamie Foxx) en Colateral. 

Por un instante, Vincent casi no se sube al taxi de Max porque este último no lo vio en una primera oportunidad. Ferrari rechaza a De Portago en un primer encuentro con la excusa de un semáforo en verde que realmente estaba presente.

Vincent podría haber sobrevivido aquella noche si no se subía al auto de Max y es por Vincent que Max se reúne con la mujer que ama. De Portago, en cambio, es más persistente que Vincent, le produce muchos malestares a Ferrari, como Vincent a Max. De Portago podría haberse ahorrado un costo excesivo de no subirse al auto de Ferrari, como Vincent de haber descartado el taxi de Max. Sin embargo, en ambos casos los pasajeros colaterales resuelven los grandes dilemas de los protagonistas colaterales. 

Y es por De Portago que, al seguir por simetría dramática el discurso de su empleador -de que, ante una crisis de identidad, los pilotos de Ferrari pisan el acelerador para volverse competidores en vez de deportistas-, se elimina de las Mil Millas a Jean Behra, la gran promesa de Maserati, y el Cavallino Rampante se libera de su hecatombe financiera, mediante un gesto tan colateral como su autor, puesto que no ocurre en el tramo final de la carrera, pero sí en el más decisivo del relato.

Michael Mann así pone en confrontación constante las contradicciones de sus personajes. No victimiza, ni demoniza, a nadie. Tampoco avala la denuncia de negligencias en este tipo de carreras. Lo peor que viven todos los pilotos en Ferrari son las altas posibilidades de chocar y salir volando de sus vehículos, a diferencia de Ford v. Ferrari (producida por él), donde el riesgo es mayor adentro del auto. Es que, para 1957, los cinturones de seguridad apenas se habían incorporado en la vía pública, pero no de manera deportiva.

Para Mann la explicación de cómo se fundó una empresa es irrisoria. El ímpetu por encontrar ese punto axial que condensa la manifestación de los verdaderos peligros humanos en el rubro –dentro y fuera de las pistas- está más que cumplido. Hay ademanes visuales y sonoros que apuntan a conocedores, sean “ratones de biblioteca” o no, y el paulatino reconocimiento de los mismos engrandece el visionado de la película. Que eso sirva de repelente para posibles espectadores que solo gozan de la recolección de “Easter Eggs” es gratificante en sobremanera.

Gracias, Michael, por volver a las salas. Ahora toca esperar por el inminente rodaje de la adaptación de tu única novela y por tu tan anhelado y misterioso relato de ciencia ficción que rendiría cuentas con tu no tan amada The Keep.

A tu salud. Y gracias nuevamente.

(Estados Unidos, Reino Unido, Italia, China, 2023)

Dirección: Michael Mann. Guion: Troy Kennedy Martin, Michael Mann, Brock Yates. Elenco: Adam Driver, Shailene Woodley, Sarah Gadon, Penélope Cruz, Patrick Dempsey. Producción: Monika Bacardi, Thomas Hayslip, Andrea Iervolino, Michael Mann, Laura Rister, Thorsten Schumacher, Lars Sylvest, P.J. van Sandwijk, Gareth West. Duración: 130 minutos.

1 comentario en “Ferrari”

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