A Sala Llena

Hansel y Gretel: Cazadores de Brujas (Hansel and Gretel: Witch Hunters)

(Alemania/ Estados Unidos, 2012)

Dirección y Guión: Tommy Wirkola. Elenco: Jeremy Renner, Gemma Arterton, Famke Janssen, Pihla Viitala, Thomas Mann, Peter Stormare. Producción: Adam McKay, Will Ferrell, Beau Flynn, Chris Henchy y Kevin J. Messick. Distribuidora: UIP. Duración: 88 Minutos.

Las brujas también sangran.

Confieso que esta nueva moda de adulterar los cuentos de los Hermanos Grimm – o cuentos de hadas en general – no me atrae mucho. El año pasado tuvimos que soportar dos adaptaciones mediocres de Blancanieves, el anterior una de Caperucita Roja y ni siquiera la aventura épica con Heath Ledger y Matt Damon dirigida por Terry Gilliam terminó siendo demasiado atractiva, más allá del gran diseño artístico típico del animador de los Monty Python y el humor inglés que le pudo aportar a un guión bastante pobre en ideas.

La primera película del noruego Wirkola – realizador de una obra de culto sobre nazis zombies que regresan en la actualidad – sobre suelo estadounidense (en sentido figurativo, porque fue filmada en Europa), se acerca un poco más a la película de Gilliam que a los exponentes adultos más recientes. Y esto, en cierta forma, resulta positivo, ya que si hay algo que no se le puede dejar de reconocer al director de 12 Monos, es que a pesar de todo nunca ha perdido el humor negro, y en ese sentido Los Hermanos Grimm resultaba exitosa más allá de la sobrecarga de efectos especiales, el previsible guión o las superficiales interpretaciones (aunque gracias a esta actuación, Ledger demostró que podía interpretar a algo más que una cara bonita).

A pesar de darle otra lectura al clásico cuento infantil, Wirkola diseña un guión demasiado obvio, lleno de lugares comunes y personajes esquemáticos, imitando modelos acartonados del cine Blockbuster estadounidense de los últimos años, héroes reos, antipáticos con pasados torturados que deben aprender a superar sus resentimientos en el presente de la historia.

El prólogo de la película nos muestra en forma sintetizada, similar a La Leyenda del Jinete sin Cabeza de Tim Burton (incluida la música de Danny Elfman), la historia de los dos hermanitos que son abandonados en el bosque y encuentran una casa hecha de dulces para atraer niños. Adentro descubren una bruja a la que cocinan rápidamente. Varios años después los hermanos son adultos y al mejor estilo Van Helsing viajan cazando brujas de pueblo en pueblo con un arsenal de armas demasiado modernas para la época. Todo va bien hasta que llegan a un sitio donde desaparecieron varios niños. La culpa es de una Gran Bruja – Famke Janssen, en piloto automático de una Jean Grey enojada – que descubrió una manera para sobrevivir al fuego, el elemento más efectivo para asesinar a las mujeres de su clase.

Hansel y Gretel deben competir contra un siniestro sheriff local – el siempre maravilloso Peter Stormare – para recuperar a los niños y derrotar a Muriel, la gran bruja. Lo que más llama la atención de esta adaptación es que Wirkola no quiso hacer una versión para adolescentes y jóvenes, sino decididamente apunta a un público mayor, fanático del horror – como Joe Johnston pretendió hacer con la fallida El Hombre Lobo – más que de la fantasía o la aventura. No solamente hay sangre, sino verdadero gore: cabezas que explotan, cuerpos mutilados, insinuaciones sexuales (con una sugerente subtrama incestuosa). Se hace un poco de hincapié en la “virginidad” de los protagonistas para incorporar otros personajes que consiguen separar a la pareja protagónica y abrirle otras posibilidades de relaciones. Por suerte esto se explica en forma más sutil que discursiva. Por otro lado nunca se juzga el comportamiento de los hombres frente a las mujeres – sean brujas o no-: no hay prejuicio moral en pegarles, quemarlas o torturarlas un rato.

Wirkola no le teme a explotar la utilización de efectos visuales para mutilar seres humanos y de fantasía, y tirarle al espectador, partes de los cadáveres, aprovechando el efecto 3D. Y acaso, el mayor logro del director, es justamente la falta de pretensiones, divertirse con el material que tiene en las manos, no tomárselo demasiado en serio, aportarle alta dosis de humor negro y efectiva tensión. Acaso, por la ausencia de solemnidad y la omnipresencia de remates cómicos habría que agradecerle a Will Ferrell y Adam McKay, que sorprendentemente son productores del film.

Ni Jeremy Renner – que a esta altura no logra diferenciar si está interpretando a Aaron Cross, Hansel o Hawkeye – así como la fría Gemma Arterton – la princesa inmutable de Príncipe de Persia y la empetrolada secretaria de Quantum of Solace – logran transmitir genuina comicidad o carisma a sus personajes, aunque hay que decir que tampoco desentonan (pese  si ellos son alemanes, Schwarzenegger es italiano). Sin duda, lo mejor del elenco es un Troll diseñado con CGI e interpretado en Caption Motion por Derek Mears que le aporta un poco de humanismo irónico y calidez al reparto. Tanto por el diseño de su rostro, como por la “bondad” que inspira el personaje, parece que Wirkolda lo sacó del Laberinto de Jim Henson.

Además de todo, pese a sus falencias narrativas y pocas ideas ingeniosas – hay un efectivo chiste referido a la “enfermedad” del personaje de Renner – Hansel y Gretel: Cazadores de Brujas, se deja ver, es entretenida, dinámica, divertida sin demasiadas pretensiones y con mucha artificialidad. En esta adaptación, las brujas no logran asustar. Esperen a ver la secuela, cuando los protagonistas deban enfrentarse a sus respectivas suegras y ya veremos.

calificacion_3

Por Rodolfo Weisskirch

 

“Hansel & Gore-etel…”

De por sí conocida historia, de por sí conocido cuento, pero hacía falta una vuelta de tuerca tan aggiornada como riesgosa: como si alguna mente funesta llevara a Abraham Lincoln a combatir con vampiros, los hermanitos come dulces debían enfrentarse por carácter transitivo a una de las criaturas más explotadas de todos los tiempos por cine, la literatura y la realidad arcaica de los feudos en que se ambienta: Las brujas.

Con la facilidad extrema que versa el relato clásico, era de esperar y como sucede cabalmente en el filme, que la introducción resultase breve, dinámica y efectista en pos de una rápida evolución a la pre-adultez de los jovencitos y su pasión y deber en la matanza de las abominaciones que aterrorizan los pueblos de aquel mundo ficcional y de carácter pesadillezco donde las criaturas a combatir se alejan un poco del estereotipo atractivo y bello de lo que suele ser la maldad y alcanzan límites más narrativos respecto de figurines infantiloides  [A modo ilustrativo, podemos mencionar que las brujas en cuestión son bien parecidas a lo presentado en La Maldición de las Brujas (The Witches, Reino Unido, Estados Unidos, 1990) de Nicolas Roeg]. Volteamos la página.

1. Necronomicón light. Las secuencias de títulos, en su generalidad relatan a través de imágenes abstractas, características generales y texturales de lo que se visará en la proximidad, y claro, sin advertir ni spoilear ni un ápice de los giros dramáticos ni el desarrollo de los protagonistas. Es así como Hansel & Gretel: Cazadores de Brujas brinda una recorrida por formas generadas a través de animaciones computadas y relata sutilmente y con una dosis considerable de sanguinolencia el crecimiento de los pequeños que fueron abandonados por su familia en el bosque por diversas cuestiones que difieren según la versión del cuento.

2. Braindead. Tiene Hansel & Gretel un elemento que, contra todo pronóstico, resulta atractivo y gozoso de ser visto que es la presencia de litros y litros de sangre con el aditamento de incluir tripas y demás partes de cuerpos mutilados. Si el actualizar de la historia infantil rompe la estructura y bajada de línea que alguna vez supieron retratar negativamente Dorfman y Mattelart. A este respecto, nos vemos sumergidos y atraídos como dos polos opuestos hacia una carnicería en donde no solo las brujas son víctimas fatales sino que con la tecnificación del cine hacia la tercera dimensión, estamos a un solo paso de bañarnos de vísceras. Por tanto, resulta en un pulgar arriba ya que el detalle no peca de abyecto y dota a la literatura universal de un giro que, visto de otro modo, no podría haberse aceptado veinte años atrás. Pero, si vamos al caso, este filme hubiese sido muy mal recibido en aquel entonces pero ya nos abocaremos en esos detalles.

3. El talón de Hansel. Si bien el relato es pausado pero atractivo, con giros que ponen en duda la pauta original existe una falencia en cuanto al equilibrio de fuerzas que se contraponen tanto a nivel general como en la puesta en marcha de cada sangrienta batalla de cacería. Los muchachitos vengadores del sufrimiento del pasado se presentan, en una primera instancia, como rebeldones que abusan de la palabra “fuck” y que no escatiman al momento de mandar al diablo al alcalde o al “Sheriff” del pueblo. Por otro lado es percibida una sequedad que contrasta con las épicas batallas contra las brujas. La fuerza que manejan es desproporcionada a lo largo de todo el relato. Por momentos vapulean incansablemente a un ser infernal y por otros son masacrados por simples humanos poco dotados de las condiciones de lucha contra el mal. Esto supone una falla a nivel narración porque genera el desconcierto y pierde la empatía que se gesta inicialmente por mostrarlos ambiguos y capaces de todo. Ahora bien, si el talón es la debilidad hay algo en Hansel & Gretel que figura como un puño en alto y es la capacidad majestuosa, obra del director noruego Tommy Wirkola, de sembrar cada acción, cada diálogo y cada recuerdo con un puntapié que, si bien puede resultar a primera vista como fuera de lugar, luego cobra sentido y se conjuga como signo del pasado de los niños y el porqué de su lucha.

4. 3D o Tesis de Agresión Visual. Atracción o repulsión respecto de la generalización del innovador pero a veces equívoco Fusion Camera System, Hansel & Gretel nos presenta un buen uso que se transforma en abuso al arrojar a nuestros ojos indiscriminadamente toda mampostería, cuchillo o flecha que volase en medio del caos que generan los encontronazos de los bandos opuestos. Este uso de la tercera dimensión recuerda al Spiderman de Marc Webb (The Amazing Spiderman, Estados Unidos, 2012) pero con menor nivel de criterio. Si bien la incursión en este aspecto técnico revela una nueva posibilidad al juego de profundidades y climas oscurísimos que presenta el filme, la repetición constante de recursos resta en lugar de hacer a la trama. A pesar de este factor puramente subjetivo, el 3D se supo aprovechar en la mayoría de los niveles narrativos (incluso en la secuencia de títulos), pero aquí su elección no es justificable y es claramente contingente a los efectos del relato visual ya que perfectamente funcionaría en el formato estándar.

“Jamás entres a una casa hecha de dulces”, grita Hansel como regla básica de su vida y a estos términos debe sumarse un “jamás reniegues de la innovación de género, de la metamorfosis del mismo y de las infinitas variantes que la cinematografía propone” porque, en este caso, somos espectadores de un “algo” por venirse, de una gestación que intenta abrirse paso. Lógicamente, una historia como la que nos convoca y como también lo fue (con menor realización y menos efectividad) Blancanieves y el Cazador (Snow White and the Huntsman, Estados Unidos, 2012), no hubiese salido airosa respecto de la taquilla y de la crítica general unos cuantos años atrás, pero en una actualidad en donde los caminos se tornan infinitos y dan lugar a lo que la mente desee llevar adelante, Hansel & Gretel: Cazadores de Brujas rompe con el cimiento original y la buena usanza y se sumerge en la experimentación y si, triunfa por novedosa, por resuelta, por locuaz y por escupir a la cara un fundamento sincero.

calificacion_3

Por Uriel De Simoni

 

Reirse más.

¡Que envidia no haber podido participar en esta película! Eliminando toda seriedad y depositando un alto grado de autoconsciencia, Hansel y Gretel: Cazadores de Brujas le hace honor a su gracioso título. Es un film que desde los primeros minutos le avisa al espectador, a través de detalles cómicos excelentes, que lo que se verá a continuación será una fiesta.

No es casual entonces que el film esté producido por, nada más ni nada menos, Will Ferrell y Adam McKay (director de Anchorman, Policías de Repuesto), creadores de los mejores exponentes de la llamada “Nueva comedia americana”. Algunos de los elementos más representativos de esta ola se encuentran en el universo absurdo y totalmente querible que propone Hansel y Gretel…, entre ellos excelentes situaciones cómicas que bien podrían estar en las películas con Ferrell y de McKay.

El asunto es así: los niños Hansel y Gretel (que luego crecerán y serán Jeremy Renner y Gemma Anterton) son raptados por una bruja pero consiguen matarla. A partir de este hecho traumático, los dos hermanos se convierten en cazadores de brujas. Luego de un logrado (y espeluznante) comienzo -bien enmarcado en el género del terror-, la escena que sigue es un plano de unas botellas de leche con dibujos de jóvenes desaparecidos. Como las de cartón, tan clásicas en Estados Unidos pero en la edad media. No es el único caso de la traslación de objetos y códigos actuales a muchos siglos atrás. Es interesante entonces que la película, a partir de este plano, rompa con ciertos esquemas y temores que se pueden tener ante la propuesta de darle un giro al clásico cuento. Hay algo liberador en mostrar esas botellas, como si el director proponga un pacto con el espectador. Al igual que en los films con Ferrell (da la sensación de que también Sam Raimi podría haber sido productor o director), si se logra el entendimiento con el humor planteado se la puede pasar muy bien.

Hansel y Gretel… sigue la línea de Blancanieves y el Cazador en la búsqueda de darle al clasicismo de los cuentos infantiles un giro más “adulto”. Sin embargo, en este film cualquier sentido de épica es reemplazado por la urgencia de reírse de todo. La batalla final recuerda a -nuevamente citamos a Raimi- El Ejército de las Tinieblas o al último acto de Vampiros, de John Carpenter. Como en estas dos obras maestras, Hansel y Gretel… siente la necesidad de desprenderse de los moldes, liberarse de las ataduras clásicas y llenar la pantalla de algo fresco y extremadamente divertido. Es camp, trash y cine de explotación mezclado con el mayor espíritu clase B que se puede encontrar en los cines en este año. Entonces, se recomienda (como ocurre también con Jack Reacher –otra gran película que sigue en cartelera-), sentarse en la butaca y disfrutar de una maravillosa comedia.

calificacion_4

Por Luciano Mariconda

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