A Sala Llena

XX Festival Santiago a Mil de Chile: La Reunion

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La Reunion (Chile)

Dramaturgia y dirección: Trinidad González. Compañía: Teatro en el Blanco. Elenco: Jorge Becker, Paula Zúñiga y Trinidad González. Asistencia de dirección y música: Tomás González. Coproducción: Teatro en el Blanco. Teatro Mori.

Esta excelente obra relata ficcionalmente la reunión que podrían haber tenido Cristobal Colón e Isabel la católica. Con una mirada ácida y un humanismo emocionante, la obra nos deja con la sensación de que, sea lo que sea que haya ocurrido verdaderamente, jamás sabremos como ocurrieron los hechos ni cuáles fueron los pormenores acerca de los acontecimientos más importantes de la historia de la humanidad. Por eso, tratar de reconstruirlos es en algún punto, más una tarea que requiere del trabajo del artista que del historiador.

Se trata de la ficcionalización del hecho histórico que describe que Cristobal Colón es acusado por los reyes católicos de haber hecho abuso de su poder en “las indias”. Es encarcelado y pide audiencia a la Reina – Isabel, la católica – de quién siempre había sido su protegido. Esta es “la reunión” que veremos tras la mirilla mágica del hecho teatral.

Los 75 minutos que dura la obra la escena tendrá la misma escenografía y utilería, al igual que la iluminación. Estamos hablando de una mesa y dos sillas. La genialidad necesaria proviene de  parte de la dirección, para mantener en todo momento la atención del espectador tan sólo a través del trabajo artístico que emana de los diálogos y las actuaciones deberá ser grande.

Isabel, la católica está en una silla de ruedas, Cristobal usa una silla normal. La mesa es redonda con un importante mantel como de velour color durazno. Me parece sabia y precisa la elección del color, que sugería lo rojizo con lo que habitualmente se encuentra asociada la tragedia, pero también la piel humana y así todo lo relacionado con la humanidad. Destaco en general la coloratura bien pensada de la escenografía, así como de los vestuarios. Isabel viste una camisa muy negra y cerrada, con una especie de capucha negra que marca la época y sobre ella la corona. Esta no es dorada y con puntas, típica y obvia, sino que apenas dibujada con alambres se asemeja por momentos a las coronas de flores de las doncellas en la campiña. Pero sus pantalones sí son rojos muy oscuros. ¿Por qué Isabel está en sila de ruedas? Por haber perdido a sus hijos, cuando embarazada se subió a un caballo para defender a su patria, quedando así esteril y paralitica.

Cristobal está caracterizado como un tano bruto y arribista, que sólo muestra fidelidad a Isabel para conseguir la financiación de sus viajes. Viste un pantalón de jean y una camisa color durazno, abierta que permite que se le vea el pecho y un colgante de tiento. También descubrimos más tarde una peluca de indio, con su trensa de cacique.

Con sólo estos elementos, la obra muestra con inteligencia a una Isabel muy humana, decente, lógica y si bien firme, hasta dulce, contra el zátrapa de Cristobal, que llora arrastrándose y diciendo lo que fuera para conseguir su ayuda. Ésta abarca tanto la protección de la Reina respecto de un juicio en su contra, hasta el dinero para el financiamiento de un cuarto viaje “a las Indias” o América. En la obra y desde la boca de Isabel, se relatan las atrocidades cometidas por los españoles contra los indios. Y cómo mientras vemos a una Isabel muy enojada y dolida por los hechos, Cristobal acusa a sus hombres de bárbaros, lavándose las manos y así, todo el imperio español de la época. Pero por otro lado, la humanidad con la que está trabajada el texto es magistral. Tenemos la impresión de que por todos los tiempos, todas estas cosas se tratan de la naturaleza humana, tan luminosa como oscura. ¿De quién dependemos? ¿Qué depende de nosotros?

La obra también sugiere una relación amorosa entre la Reina y Colón. Lo que dramaturgicamente hablando, le da una grandiosa pisca de pimienta a “la reunión”. Isabel no lo niega pero tampoco da importancia al asunto, mientras que Colón lo usa a su favor ante la necesidad imperiosa de sentirse más, a través de su ruda hombría. De nuevo tenemos la sensación de que estos asuntos, siempre que las partes fueron heterosexuales, tuvieron este condimento, también especialmente propio de la naturaleza humana.

Al comenzar la reunión vemos a Cristobal llorando, suplicando, poniéndose de rodillas ante la Reina que le pide que tenga un poco de dignidad. Pero al finalizar muestra su verdadera cara, la que habla del cansancio de siempre del pueblo, compuesto por muchos, que trabaja para unos pocos: los reyes del mundo. Todo ese teatro de Cristobal está blanqueado desde el principio a través de la actuación de súplica exagerada, mediante una especie de trabajo de sobreactuación sutil y cuidado, por parte del actor. En interesante contraposición tenemos la labor de la actriz, con una energía concentrada, con movimientos precisos, claros y profundos, desde una silla de ruedas. ¿Pero quien puede mover más los hilos?

Es impactante la comparación que hace Isabel entre sus hijos perdidos y los hijos que no quiere perder, los de América. Vemos a una Reina no sólo decente, sino profunda y sensible. Que a pesar de ser muy católica no es fanática, pero que está sola y siente que su único amigo es su confesor. Los que tienen poder son los que son más proclives a perderlo. Pero hay algo, una sóla cosa que no se anima a decir y se atreve con Colón. Es una visión, la visión de su muerte que siente próxima. En lo que va a dar comienzo al momento culminante de “la reunión”, Colón le dice a la reina que él tiene poderes chamánicos y le propone un viaje revelador que ella acepta. No sin antes cubrirse la cara para tener cierta intimidad. Lo hace con una interesante máscara medieval metálica formada por cadenas y se duerme, para dejarnos ver a una Reina que no puede derrotar sus propias trabas. Al despertar, Colón le dice que el viaje no funcionó. En este momento la batalla la pierden ambos.

En la discusión acalorada que continúa, Colón ofende a Isabel a quien por fin se le acaba la paciencia. Ella se levanta de la silla de ruedas para decir que es la Reina, que todo le pertenece, que los indios de America son sus hijos, que ella es la Reina de España y que le pertenece “España y la tierra entera”. Pero como exceso por exceso nunca da un buen resultado, Colón la agarra del cuello para revelar sus verdaderos sentimientos. Desde el rencor y el cansancio de la clase social a la que pertenece, dice llevar la voz de los que están hartos de trabajar para unos pocos “dueños de todo, de la tierra”. En ese único momento, con angustia, nos ponemos de su parte. Pero un sonido los separa. La Reina indica que quién sea diga su nombre en alto. Como respuesta se escucha “no puedo decir mi nombre porque no tengo”. Es un niño. Sale de abajo de la mesa en donde había estado todo el tiempo. Pero este niño con aspecto de indio que vemos tan dulce e inocente, no sería ninguna de esas tres cosas. La Reina al verlo, siente un gran amor por él, una gran atracción. Mientras, a Colón no le gusta nada. En algún momento empieza a tocar un cascabel y la Reina comienza a ahogarse. Colón la asiste y le dice al muchacho palabrotas preguntandole qué brujeria le está haciendo, éste responde que ella morirá al 5to sonido del cascabel. Y así ocurre. Cristobal se da cuenta de que está frente a la muerte y en un último acto de soberbia le pregunta cómo morirá. La muerte le responde, sólo y abandonado. ¿Quién o qué domina sobre los hombres?

Las actuaciones son muy buenas, pero en la opinión de quien escribe lo que hace a la obra excelente, es la dirección. Lo acertada de cada elección, en el desplazamiento en el tiempo y el espacio, en cada acción. Si Isabel o Cristobal, uno u otro, se hubieran alejado mucho de la mesa la reunión se hubiera dilatado, disgregado, ablandado. Hubiese perdido fuerza. Si por otro lado, hubiera habido demasiada monocordia sin ningún movimiento que sacara a Cristobal de la silla para sentarse en la mesa a hacerse el vivo con Isabel para que ella lo reubique, la reunión hubiera sido densa, monótona, aburrida.

Esta obra tiene como temática central “el poder” y eso es lo que ejerce sobre el espectador. Porque el poder se nutre de la sagacidad, de cierto talento y destreza para la manipulación de un quehacer. En este este rubro, el público más que agradecido.

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