A Sala Llena

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, Parte 2, según Carlos Federico Rey

El que escribe estas líneas pregunta ¿Esto era Harry Potter?.

El que escribe estas líneas nunca había visto anteriormente una película de Harry Potter ni había leído ni un renglón de ningún libro de Harry Potter, ya que, el que escribe estas líneas,  nunca se interesó ni le gustó el mundo de la magia ni pensó que le podría atraer un mundo condicionado por varitas mágicas. El que escribe estas líneas decidió nunca ver Harry Potter porque, prejuicioso,  desconfío inmediatamente de una obra literaria que fue leída por gente que no lee otra cosa. El que escribe estas líneas va mucho mas allá en su pensamiento y cree que los amantes lectores de Harry Potter, esos geeks que ponen el grito en el cielo si lo que leyeron en uno de los libros de J.K. Rowling no es representado “fielmente” y “de la misma manera” en el cine, hablan de “la saga de una generación”. No le pidamos a dichos geeks sentarse ante una pantalla y tratar de “interpretar” o la posibilidad de que se representen los únicos siete libros leídos en su vida de manera “ambigua” una palabra que el que escribe estas líneas, se dio cuenta solo con ver una película de la saga que es una palabra prohibida.

Pero bueno, sigamos, el que escribe estas líneas ama el cine y ante la ultima oportunidad de ver al famoso Harry Potter en el cine decidió romper su promesa de nunca incursionar en el mundo del mago y de los espectadores que van disfrazados de caricaturescos personajes representados en la saga y fue a ver Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte, Parte 2.

Un plano general aéreo de Hogwarts abre la película, describiendo un lugar burtoniano, de tonalidades oscuras donde vemos a Alan Rickman desde las alturas y a las “tropas” marchando abajo en un plano picado donde demuestra que Rickman es el “mandamás” de la escuela. Ese ambiente oscuro se quiebra con amplios planos generales del mar y de una playa, donde por primera vez, el que escribe estas líneas se encuentra mano a mano con Harry Potter y con sus íntimos amigos de aventuras Ron y Hermione donde quieren convencer a un Duende que los lleve a un banco, custodiado por curiosas criaturas para buscar y destruir algo llamado horocruxes (si el “algo” de el que escribe estas líneas, denota desconocimiento de la saga) que supuestamente son los elementos que convierten en inmortal al enemigo del tridente de amigos, el nariz less Lord Voldemort, alguien “muy malo” que quiere matar a Harry y esta dispuesto a todo para lograrlo.

Con la aventura planteada comienzan los indicios que esta película no responde a los canones del cine tradicional y se comienza a detener la diégesis cada cuatro o cinco minutos con larguísimas explicaciones de lo que paso, de lo que pasa y de lo que va a pasar, esas sobre explicaciones impiden el desarrollo normal del genero de aventuras, la película no arranca, siempre se detiene, aquí es donde los indicios de la “importancia” de la fidelidad de las adaptaciones se hacen reales. Esta relación carcelaria con la literatura parece atar de pies y manos a David Yates, quien tampoco se preocupa demasiado en revelarse, mas que nada es un director conservador que lo único que hace es reformular lo visto en otras sagas donde, por ejemplo, el ataque de la gente de Voldemort a Hogwarts parece salido de El Señor de los Anillos: Las Dos Torres o el “limbo” donde queda Harry tras entregarse a Voldemort en el bosque parece el de Neo en Matrix Revoluciones y la charla entre Harry y Dumbledore en ese lugar es exactamente la misma que Gandalf tiene con los hobbits en El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey cuando se lleva a Frodo para el “otro lado”.

En fin, Harry Potter le pareció al que escribe estas líneas un personaje gélido y Daniel Radcliffe el actor que se hizo millonario con esta saga, una pequeña heladera con anteojos, inexpresivo e imposibilitado en construir un ápice de épica. Hablando de frío, estos cuerpos de veinteañero en su plenitud sexual son mostrados como fiambres en esa pequeña escena homoerotica donde Harry y Ron se sacan las remeras ante la mirada de Hermione. La pulsión sexual en Harry Potter no existe (la asexuada Star Wars es Calígula al lado de Harry Potter) Ni Disney se anima a disimular la sexualidad en personajes mayores de veinte años, la híper conservadora Harry Potter hace casi un culto de esto, y en el medio del ataque a Hogwarts Harry casi le pide permiso a la hermana de Ron para robarle un pico, o se aprecian los grandes esfuerzos que hace Yates para que la hermosa Emma Watson se vea afeada y aniñada.

La épica que no puede construir Radcliffe tampoco la puede construir Yates, el enfrentamiento final no se vibra durante toda la película, no se siente, no se aprecia. El director especula con el conocimiento previo, es vago, no confía en su cine y lo deja en manos del lector del libro, que el lo construya el enfrentamiento entre Potter y Voldemort. La película debió terminar con el enfrentamiento pero, recurriendo al vicio que tienen estas sagas, siguió unos minutos mas y tiene otros dos finales, ellos sintiendo que “el viaje terminó” el primero y el vergonzante final dejando la puerta abierta a “otra generación de magos” luego de consumadas las relaciones entre los personajes (como toda historia conservadora y aleccionadora, los novios de la infancia se casan y tienen hijos). Todo va finalizando en un plano de Harry con su hijo donde se continúan explicando cosas, el que escribe estas líneas no puede creer que a esto, dos horas de explicaciones que desconfían en el espectador se las llame película. Como diría Billy Wilder “no más Harry Potter” claro, salvo las re ediciones en 3D, los Director’s Cut y las 10 ediciones en Blu Ray que van a venir: ahora arranca la maquina de hacer chorizos.

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