A Sala Llena

La Reconstrucción, según Rodolfo Weisskirch

Las vidas posibles.

Tras conseguir un auspicioso debut con tres comedias románticas, con algunos tintes melodramáticos, Juan Taratuto ha regresado en voz baja al cine con un drama hecho y derecho, con sutiles toques de humor. No voy a decir que tanto No sos vos, soy¿Quién Dijo que es Fácil? sean películas que me desagradan, pero cierta sensación de querer hacer comedias efectistas con remates televisivos, nunca termina por convencerme. Admito que los guiones son bastante interesantes y Taratuto trata de darle un giro a la visión de la vida en pareja, especialmente cuando se trata de segundas oportunidades amorosas, acaso el eje de toda su filmografía – incluso Un Novio para mi MujerLa Reconstrucción – pero quedaba latente esa perspectiva, de que sus historias parecían apuntar a un público más acostumbrado a la televisión que al cine.

Esta perspectiva cambia por completo en La Reconstrucción, donde el realizador demuestra con guión propio esta vez, una visión más personal e introspectiva de la vida, en un tono más sobrio y dramático que confirman, que este cuarto opus, sea acaso el mejor de su carrera. Desde un comienzo, la geografía patagónica nos recibe con la visión de un desierto, y en ese desierto encontramos a Eduardo – Diego Peretti – un personaje callado, austero; un ingeniero hidráulico, que fuera de su trabajo, vive como un completo ermitaño, casi como un salvaje, un hombre incivilizado que ha escapado de la sociedad, y disfruta, en cierta forma de la condena que se impuso.

La llamada de un amigo, Mario – Alfredo Casero, nuevamente en el fin del mundo, como con Todas las Azafatas van al Cielo – provocará en Eduardo un cambio radical en su rutina, encontrando la oportunidad de redimirse, reconciliarse con su pasado, explorar sus sentimientos y reinsertarse en la sociedad. La evolutiva forma que tiene el director de ir mostrándonos al protagonista con sus conflictos internos y el admirable trabajo – sin duda la mejor actuación de su carrera – de Peretti, son los pilares de esta película que decide expresarse mejor en imágenes y sensaciones que en palabras. Durante la primera media hora, el director va construyendo lentamente el panorama, para que cuando suceda el principal golpe bajo, no caiga de sorpresa a fin de causar una sorpresa. Taratuto juega con la previsibilidad. No tiene la intención de sorprender. Es un relato que de por sí se vuelve sentimentalista, pero a través de la mirada de este personaje lacónico logra evitar hasta los últimos 15 minutos caer en el efecto lacrimógeno y emotivo.

La Patagonia nuevamente se convierte en una geografía ideal para personajes solitarios que andan en una búsqueda interna de descubrimiento. Ya sea el personaje de Alejandro Awada en Días de Pesca, de Carlos Sorín, o Ana Celentano en Las Vidas Posibles de Sandra Gugliotta, o el taxidermista epiléptico de El Aura, De Bielinsky. La áridez y el frío no solamente son parte del arte, sino tiene que ver con el tono del film y del corazón del protagonista. Taratuto logra, que ninguna acción que toma el protagonista sea imprevisible, porque hay un armado muy sólido, basado en las mínimas acciones y las repercusiones que dichas acciones del protagonista tienen en el desarrollo de la trama. Sí, es un film soul food, pero no cae mal. Por lo menos hasta los últimos 15 minutos, en los cuáles el director tiene una búsqueda simbólica y un incremento del volumen de la banda sonora completamente forzada. Los diferentes signos que aparecen de fondo de las situaciones adquieren protagonismo por la banalidad y obviedad que tienen en el plano visual.

Sin embargo, este film consigue un resultado equilibrado más allá de todo. El drama no se hace pesado, el humor aparece en los momentos justos para romper la tensión y la solemnidad, las actuaciones superan la corrección. A Peretti lo acompaña Claudia Fontán, que consigue una interpretación verosimil, y Alfredo Casero que le aporta comicidad a sus diálogos. El resto proviene de la propia sensibilidad que transmite el film. Situaciones que generan empatía: el duelo, la ausencia, la figura paternal, la madurez, la adolescencia, y una forma identificable de ver estas mismas escenas. Todo trabajado en forma sutil, apreciando los silencios y momentos de contemplación.

Acompañado por un factoría técnica notable, y gracias a una tremenda interpretación de Peretti, La Reconstrucción es un film lento, pero que atrapa a pesar de todo, que no pretende gustar inmediatamente al espectador medio, acostumbrado a productos superficiales. Taratuto logra evitar los clisés y aunque cae en algunos lugares comunes y dispersa piezas del rompecabezas en ciertas escenas que era un poco innecesario agregarlas, consigue un relato fluido y honesto.

calificacion_3

Por Rodolfo Weisskirch

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