A Sala Llena

Mujeres de Ambas Clases

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Mujeres de Ambas Clases

Dirección: Dora Milea. Autor: José Sanchis Sinisterra. Dramaturga: Anabel Cristóbal. Voz en off: Osmar Núñez. Escenografía y vestuario: Alejandro Mateo. Iluminación: Leandra Rodríguez. Producción sonora: Julieta Milea. Producción ejecutiva: mujeresdeambasclases. Elenco: Arantza Alonso, Ruth Pallejà, Zaida Rico. Prensa: Tehagolaprensa

Mujeres de ambas clases propone abordar el complejo universo de “lo femenino”, buscando en sus multifacéticas manifestaciones aquello que está oculto, velado, inaccesible; su esencia, su ser mismo. Y lo logra a través de una dirección impecable de Dora Milea, quien a partir de la dramaturgia de Anabel Cristóbal (en base a textos del dramaturgo español José Sanchís Sinisterra), llega a darle forma a este universo a través de cinco historias breves que tienen por protagonistas a tres mujeres.

Es para resaltar el lucido desempeño actoral de estas actrices españolas (Arantza Alonso, Ruth Pallejà y Zaida Rico), porque logran realizar un trabajo de gran intensidad dramática, sorteando muy airosamente la complejidad que entraña la interpretación de varios y disímiles personajes a lo largo de toda la puesta.

La pieza, desde su entramado hasta su presentación escénica, plantea desde el comienzo que “lo femenino” hay que buscarlo más allá de lo visible, dirigiendo nuestra mirada por debajo de la superficie; y para lograrlo, la obra nos ofrece algunas pistas acerca de cómo, desde dónde y hacia dónde mirar.

Uno de estos indicios nos lo da el diseño del vestuario (a cargo de Alejandro Mateo, también responsable de la escenografía), ya que para las tres actrices es el mismo y se caracteriza por ser uniforme y despojado. Se trata de unos vestidos color beige muy claro -casi transparente- que dejan traslucir sus ropas interiores color negro; pareciera que las tres están desnudas; que nos hallamos frente a “la femineidad al desnudo”. Y lo que queda al descubierto, es algo de ese universo femenino que emerge a través de los gestos, las palabras, los tonos de voz, los silencios y las miradas; que aflora y se expresa a medida que la trama se desarrolla a través de un lenguaje emocional y corporal.

Es para destacar el gran trabajo de iluminación de Leandra Rodríguez, puesto que además de lograr la construcción de distintos climas, logra que en todo momento permanezcan visibles hasta los más mínimos gestos para que puedan ser percibidos por el espectador.

Otro aspecto muy interesante de la puesta es el diseño del reducido espacio de la escena, que se circunscribe a un cuadrilátero compuesto por baldosas blancas, negras y grises, -que bien podría ser un tablero de juego similar a un damero-, sobre el cual aparecen distribuidos varios pares de zapatos negros de tacón (todo un símbolo de lo femenino). Lo interesante es que a lo largo de toda la puesta, las protagonistas se van calzando y descalzando estos zapatos; y esta acción, además de marcar el principio y el final de cada historia, sugiere algo más: que cada actriz cada vez que interpreta un personaje distinto, literalmente “se está poniendo en sus zapatos”, está encarnándolo, le está dando cuerpo y vida; se está sumergiendo en las profundidades del ser de lo femenino.

Y la presentación de este piso-tablero de algún modo propone cierta visión acerca del universo social en que estas mujeres se hallan inmersas; desde la propuesta escenográfica, el mundo parece ser un juego, en el cual, cada una de las protagonistas es sólo una pieza, es sólo una parte de este gran juego que es vivir, en donde cada acción –cada movida- produce una reacción y sus consecuencias.

También es para resaltar la importancia que tiene el discurso dentro de esta puesta. La palabra habita todos los espacios, atraviesa los cuerpos, se encarna en ellos, se hace gesto, se oculta en el silencio; circula todo el tiempo. Y no es casual esta centralidad de la palabra en el contexto de la obra, ya que lo que permanentemente se está buscando es encontrar un significado para “lo femenino”.

La centralidad que ocupa el texto se exacerba en la última de las cinco historias (Sangre Lunar), en la que lejos de encontrarse el significado buscado para definir “lo femenino”, magistralmente se nos revela lo que ya intuíamos: hay preguntas a las que la racionalidad no puede dar respuesta, y mientras se siga uno preguntando dentro de esa lógica, la pregunta quedará resonando infinitamente (¿cómo se dice?); porque hay preguntas que sólo pueden ser respondidas desde un terreno totalmente opuesto, antagónico: desde la emocionalidad.

Mujeres de ambas clases es una bellísima pieza teatral recomendada sólo a aquellos que se atrevan a mirar más allá de lo visible.

Teatro: La Carbonera – Balcarce 998 – C.A.B.A.

Funciones: Domingos 20.30 hs. Hasta el 27/11/2011

Entradas: $ 50.

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