A Sala Llena

Música Campesina

Música Campesina (Chile/EstadosUnidos, 2011, 100’), de Alberto Fuguet

El escritor y director de cine Alberto Fuguet vuelve a las andadas. Esta vez, en territorio estadounidense.

Luego de romper con su novia en San Francisco, Alejandro Tazo (Pablo Cerda) viaja a Nashville, tierra de la música country. Allí, guitarra en mano, de dedica a vivir. Pero, por supuesto, nada es fácil en la tierra del Tío Sam, sobre todo si se es latino. Alejandro debe rebuscárselas con distintos trabajos (cuando encuentra un trabajo) y con distintos personajes que irán pasando durante su aventura yanqui: una ama de casa de clase media, una camarera, un dúo de músicos que sobrevive vendiendo marihuana…

Música Campesina es una historia acerca de la vida de un extranjero en Estados Unidos. Entre los momentos de humor agridulce también queda reflejada la visión que los latinos tenemos de Estados Unidos y la visión que ellos tienen de nosotros. Hay referencias a Obama, a Hugo Chávez, al mito del “latin lover”…

Fuguet es un cinéfilo declarado y aquí vuelve a dejarlo patente, ya que incluye citas a diversos films (Por ejemplo, Nashville, dirigida por Robert Altman).

Además, la película muestra a una persona con el corazón destrozado, que así y todo trata de seguir adelante, de avanzar y de expresarse con la música.

Sin estar a la altura de Velódromo —también del tandem Fuguet-Cerda—, Música Campesina resulta una nueva muestra de que el cine chileno es uno de los más atractivos del panorama latinoamericano actual.

Por Matías Orta 

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Un film tranquilo para empezar el BAFICI. Las (des)aventuras de un chileno perdido en Estados Unidos tras haber sido abandonado por una novia estadounidense. Grabada como un diario de viaje medio improvisado, mezcla de road movie indie cassavetiana y Un Argentino en Nueva York. Lo más interesante es que el protagonista no es un completo ignorante de la lengua inglesa. Al contrario, se comunica bastante bien, pero rechaza el idioma.

Fuguet critica la ignorancia estadounidense con los sudamericanos y a la vez el comportamiento egoista del protagonista, pero nunca es demasiado profunda en ambas cuestiones. Estéticamente está cuidada. Lo mejor es la actuación de Pablo Cerda, espontánea y creíble. Hay situaciones previsibles y lugares comunes que no logran que sea una gran obra reflexiva, sino más bien una agradable curiosidad. Muy buena banda sonora. Nunca puede faltar una argentina en el medio, y el dúo de drogones estadounidenses son lo mejor de la segunda y fallida mitad de hora. Destaca la discusión sobre Chávez.

 

Por Rodolfo Weisskirch 

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