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CANNES - Festivales

#CANNES79 | Crítica de “La Vénus électrique”, film de apertura dirigido por Pierre Salvadori

EL APAGÓN ELÉCTRICO

Es sabido que a los franceses les atrae la idea de recrear, homenajear o concebir proyectos basados en determinados autores que no sean compatriotas. En este caso particular, según palabras del propio director Pierre Salvadori (autor de la muy simpática Mujer de lujo), obras de los consagrados Lubitsch y Wilder. El dilema se plantea cuando el homenaje queda trunco y las afirmaciones pasan a ser sólo una intención.

La Vénus électriqueLa Venus electrificada o The Electric Kiss, como es denominada en inglés- va sobre Suzanne (Anaïs Demoustier), una integrante de esas ferias también conocidas como Carnival, en las que existen diversas atracciones: el lanzamiento de cuchillas a una mujer, la caída desde una altura considerable a una batea de agua, las sesiones espiritistas… y cuando surgió la electricidad, se energizaba a una mujer a través de las palmas de sus manos y, al no tener contacto con el suelo, quedaba aislada y cargada por el dispositivo. El espectáculo consiste en que un hombre, sin carga, la bese para conducir la electricidad entre ambos cuerpos hasta que este aguante la descarga. Una demostración digna de una diosa del amor aparejada al éxtasis de un beso.

El conflicto aparece cuando el pintor Antoine Balestro (Pio Marmaï), deprimido y en estado de ebriedad por haber perdido a su pareja Ìrene (Vimala Pons), entra en la carpa de la médium y la confunde con Suzanne. Ella aprovecha la situación y, por dinero, le hace creer a Antoine que tiene poderes sobrenaturales. Así se establece una relación comercial entre ellos, a través del marchant Armand (Gilles Lellouche), quien a su vez representa al artista y ve trunca la comercialización de sus pinturas debido a su depresión. Al conectar al pintor a Ìrene por medio de Suzanne, genera el impulso necesario para que él regrese a su tarea y así comience a girar la producción y comercialización de obras, acuerdo mediante entre Armand y Suzanne. Como es de esperar, y ante los enredos que se van presentando, Suzanne y Antoine comienzan a conectarse entre ellos de otra manera no creíble.

Tanto Demoustier como Marmaï han trabajado con Quentin Dupieux en comedias que no tenían un tono tan desacertado como esta; aquí falta la gracia. Hay repeticiones innecesarias de acciones e ideas, como el uso reiterado de los lentes de contacto para fingir el trance, y la inclusión de elementos vagos, empezando por un diario que narra la historia paralela de Ìrene. Este diario es leído por Suzanne y otra integrante del Carnival, un personaje incidental que parece perderse en el azar de la trama. Los protagonistas están fuera de tono; mientras Marmaï recurre a los exabruptos, Demoustier interpreta de forma sutil frente a la energía más conservadora de Lellouche o la presencia etérea de Pons. Debido a esto, la película salta entre la comedia y el drama de manera errática. 

La Vénus électrique generaba interés por estar basado en ideas de los directores Robin Campillo y Rebecca Zlotowski, de quienes Pierre Salvadori tomó el guante para confeccionar el guión. Sin embargo, el intento de admirar y adaptar la obra ajena no siempre resulta en un homenaje certero. Si no se comprende la esencia del cine de los homenajeados, la película termina distanciándose irremediablemente del tributo pretendido.

(Francia, Bélgica, 2026)

Dirección: Pierre Salvadori. Guion: Benjamin Charbit, Benoît Graffin, Pierre Salvadori. Sobre idea original de Robin Campillo y Rebecca Zlotowski. Elenco: Pio Marmaï, Anaïs Demoustier, Gilles Lellouche, Vimala Pons. Producción: Philippe Martin. Duración: 122 minutos.

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