A Sala Llena

Nada es lo que Parece (Now You See Me)

Nada es lo que Parece (Now You See
Me, EEUU, 2013)

Dirección: Louis Leterrier. Guión: Ed Salomon, Boaz
Yakin, Edward Ricourt. Producción
: Bobby Cohen,
Alex Kurtzman, Roberto Orci. Elenco:
Jesse Eisenberg, Mark Ruffalo, Woody Harrelson, Isla Fisher, Dave Franco,
Mélanie Laurent, Morgan Freeman, Michael Caine, Michael Kelly, Common. Distribuidora:
Alfa. Duración: 116
Minutos.

Desprestigiados

El
Gran Truco
. Acaso uno de los mejores y más subvalorados films de
Christopher Nolan. Una obra personal, compleja, meticulosa, que además de
hablar de magia… habla de cine. En ella, Michael Caine – intérprete fetiche del
realizador – nos introducía en la película y en el mundo de las ilusiones
relatando, los tres actos que tiene un truco de magia: la presentación, donde el
mago nos muestra algo ordinario, pide que lo examinemos y nos demos cuenta que
exactamente se trata de algo normal. La actuación, el acto en sí, donde el mago
convierte eso ordinario en algo fantástico o extraordinario… y el prestigio.
Esta es la parte más difícil, porque el mago debe convertir lo extraordinario
nuevamente en ordinario. Reaparecer las cosas, por así decirlo.

El cine clásico – modelo de todos los
films industriales de Hollywood – está compuesto por tres actos: principio –
nudo – desenlace. Es muy importante que el principio sea bueno, para atrapar al
espectador. Es realmente muy importante que el nudo sea mejor que el principio
para mantener la tensión del espectador. Pero es fundamental que el desenlace,
supere en calidad al principio y el nudo, para dejar un sabor agradable en el
paladar del espectador.

Últimamente, el cine de Hollywood – y
a excepción, posiblemente de Iron Man 3
– está fallando con el tercer acto de sus films. Veamos que pasa con Nada es lo que Parece, en donde se
fusionan nuevamente el cine y la magia.

Presentación.
Louis Leterrier – director francés que ha realizado entretenidas
obras de acción y artes marciales como El
Transportador 2
y Danny, The Dog,
pero también bodrios pochocleros como El
Increíble Hulk
y Furia de Titanes
– nos presenta de entrada a cuatro magos, cada uno espectaculares a su manera:
Daniel, el as de las cartas (Eisenberg), Merrit, el hipnotizador y lector de
mentes (Harrelson), Henley, la experta en escapes (Fisher) y Jack, el doblador
de metales y carterista (Franco). Los cuatro reciben una carta (literalmente)
de invitación a una habitación ordinaria que esconde, una tecnología
extraordinaria. Varios meses después, los mismos magos son la atracción
principal de Las Vegas y en medio de un show, roban frente a todo el mundo
(inclusive cámaras) un banco en París sin moverse de Estados Unidos. ¿Cómo
hicieron? Ni el FBI (Ruffalo, verdadero protagonista del film), ni Interpol
(Laurent) pueden resolverlo. Hasta acá vamos bien. Un gran elenco, simpático, carismático
y atractivo. Todos creíbles y verosimiles en sus roles. Y a eso hay que sumarle
la elegancia de Morgan Freeman y Michael Caine, nuevamente juntos… después de
trabajar para Bruce Wayne.

La
Actuación.
Si la presentación, nos muestra una posible comedia de
acción, con humor y un poco de suspenso dosificado gracias a un buen montaje,
actuaciones y dos temas, que confluyendo consiguen atrapar (magia y robos), en
el segundo acto, debemos ver LO EXTRAORDINARIO. Eso, en la Biblia de Hollywood
significa agrandar lo normal: agregar efectos especiales a los trucos para
sorprender, persecuciones de autos para mantener la tensión, más gags para no
caer en la solemnidad y continuar el tono humorístico. A eso le tenemos que
sumar un par de vueltas de tuerca “imprevisibles” para que el espectador,
desconfíe constantemente de lo que puede pasar, y también de los personajes.
Como dice el título en castellano: nada es lo que parece.

Hasta acá, bárbaro. Leterrier consigue
una obra entretenida, clásica, divertida, ingeniosa, sin golpes bajos. Es
cierto que los personajes son medio acartonados. Pero poco importa si la
estamos pasando bien ¿no? Además se genera la intriga: ¿quién está detrás de
todo? ¿cómo se hacen los trucos?

Como sucede con la magia, y llegando a
instancia, el espectador que va a ver el film sin demasiadas pretensiones, por
un lado necesita que le respondan estos interrogantes, pero por otro pide que
no le digan una sola palabra que quede el misterio, que no sepulten el film con
soluciones facilistas sacadas del manual del guionista amateur. En cierta
forma, esto se logra, pero no de la mejor manera. Así pasamos al tercer acto.

El
Prestigio o Desenlace.
Si bien la historia del film
pertenece al casi novato Edward Ricourt, en el desarrollo del guión metieron
mano dos veteranos como Ed Salomon y Boaz Yakin. Rutilantes nombres del cine
industrial. Sin embargo, ni seis manos juntas consiguen darle a Nada es lo que Parece, un cierre que
consiga tensionar, sorprender, emocionar y/o entretener a la altura del resto
del film. El truco no termina de convencer. ¿Por qué? ¿Dónde fallaron los
magos? En primer lugar Leterrier se saca de las manos el último truco que
realizan los protagonistas, como si fuera una papa caliente, como el que se
agotó de ideas para filmar y ya no sabe como “innovar”. Después viene un error
básico de los guionistas de los últimos tiempos: la sobrexplicación y
recapitalización. Esto significa, contarte toda la película desde el punto de
vista del mago, subestimando la inteligencia, ingenio e imaginación del
espectador. Por último: el rebuscado factor sorpresa. Acaso como los
espectadores ya vieron los mismos trucos una y otra vez, los realizadores optan
por darle a todo, una resolución imprevista… pero inepta. O sea, por caer en la
sorpresa, se desnuda una estructura precaria, donde ante la menor duda, queda
expuesto el sin sentido de toda la obra, de los tres actos. Y cuando sucede
esto, se pierde la gracia. No, no se justifica poniendo a un personaje casi
frente a cámara diciendo: “no todo debe explicarse” después que explicó ¾ parte
del argumento.

Claro, en la magia, lo que termina
siendo más importante para un mago, es el poder de distracción. La forma en que
el artista juega con la espectacularidad para distraer al público del truco. O
sea, sin la distracción, el espectador es capaz de creer que existe la magia.
Pero acá el entretenimiento funciona al 75% y cuando en el último cuarto de
hora, ya no nos creemos la espectacularidad, se cae el doble forro y vemos al
conejo escondido en el compartimiento secreto, los hilos del film. Y si se
pierde la magia, no hay cine.

De esta forma Nada es lo que Parece se termina pareciendo a… la nada… o mejor
dicho a cualquier otro mediocre producto de una industria agotada de ideas que
ya no tiene cartas bajo la manga.

wei[email protected]

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