A Sala Llena

Quizas

 

Quizás 

Dramaturgia y dirección: Sol Pávez. Elenco: Sol Pávez, Mariano Cerri. Asistencia de dirección: Jonathan Esquivel Producción ejecutiva: Pablo Silva. Asistencia de producción: Vicky Lagos.  Escenografía: Pablo Calmet. Vestuario: Mariana Ron. Diseño de luces: Christian gadea. Música original: Alejandro Kauderer. Diseño gráfico: Santiago Fraccarolli. Prensa: Caro Alfonso. 

Una cita a ciegas y un eje temático: el amor. Quien firma esta nota está convencida de la inexistencia de ficción alguna que hable de otra cosa que el amor. Sin embargo la propuesta nos aclara, en sí misma, que nos circunscribimos en el universo del amor de pareja. Y ahí estamos. Frente a una puesta que intriga, que seduce por su exceso.

Se nos presentan nuestros personajes, aparecen y nos atrapan. Las actuaciones de Pablo Cerri  y Sol Pávez son muy interesantes. Enseguida nos sumergen, enredador, dentro de sus propias confusiones, sacándonos algunas risas y sonrisas.

La historia, que parece una más de tantas comedias de equívocos, pega un giro dramático interesante, que, sin embargo, se maneja sobre los márgenes de cierta superficialidad que nos dificulta asir de inmediato el viraje. Nos pasa, quizás, lo mismo que a los personajes de nuestra historia. El eje temático de la pieza, interesante por demás, ronda por los equívocos resultantes del deseo y la necesidad extrema de lograr que el otro sea quien queremos que sea. Aún pese a la evidencia de lo contrario, vemos en escena los esfuerzos denodados de dos personas/personajes que se esfuerzan por desoír las voces de la realidad; dos personajes/personas que siguen adelante recostados en las pocas señales que les resultan funcionales para sus deseos, para su idea preconcebida sobre el otro. Y hacia allí se dirigen. Firmes y claros, pasean negando lo que no cierra y descansando sobre lo que les sirve, de manera tal que cuando la realidad se les cae, cuando se devela ante sus ojos y los artificios quedan expuestos, serán capaces de culpar al otro por no ser quien se creía (y quería) que fuese.

El giro dramático de la pieza, la bisagra que expone el equívoco, resulta interesante a nivel dramatúrgico, sin embargo, en la escena se trata con una cierta liviandad que impide la caída, que deja al espectador con la sola herramienta de la comprensión conceptual en lugar de llevarlo de viaje por la ficción. La reiteración sucesiva de ese nuevo dato que nos cambia la historia, también ayuda a una cierta superficialidad que resulta incomprensible cuando el cuerpo de esos dos actores tenía mucho resto para sostener esa caída.

La puesta genera, a priori, una intriga interesante. Los objetos en el escenario son todos de una contundencia simbólica innegable. La intriga que despierta esta presentación inicial tiene que ver justamente con ese peso simbólico que cada uno de esos objetos conlleva, la pregunta por su elección, el desafío de la apuesta. Sin embargo, en la representación, la escenografía jugará más como impedimento que como herramienta. Los elementos elegidos dan cuenta de un mundo, pero un mundo que no podemos asociar a la acción dramática que sucede en escena, al mismo tiempo que no podemos negar su existencia y viajar a otro universo de pura abstracción. Esto, más allá del análisis conceptual o las observaciones técnicas que puedan realizarse, nos genera un alejamiento difícil de resolver aún con tan buenas actuaciones.

Por mi parte, elijo quedarme con la prepuesta temática. Más allá de la idea de amor, que puede bien ser circunstancial o aleatoria, la idea de la incomprensión, de la carencia de escucha, de la proyección que convierte al otro, durante buena parte de este vínculo, en quien uno quiere que sea, más allá de lo que denota la realidad, más allá de las evidencias y más allá de la propia narración del interpelado. Esta propuesta resulta interesante en sí misma y también como síntoma, como reflejo de una realidad individual y fraccionada, de una soledad inmensa dentro de este mundo gigante, de una incomunicación supina dentro de un universo que sostiene su ficción relacional sobre las bases de redes que, de comunicación, carecen bastante.

Esta obra realizó funciones en el ciclo 2010 en el Teatro Tadrón y formó parte del “Festival del amor” en Febrero 2011 en el Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”

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