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CRÍTICAS - STREAMING

Remando como un solo hombre (The Boys in the Boat)

George Clooney actúa en películas y también las filma. Filma mucho y con una regularidad que otros directores deben envidiar. Las películas de Clooney pasan sin demasiado estruendo, silbando bajito, como si se agotaran rápido y en silencio. ¿Las ve alguien? ¿Se las recuerda? Una idea godardiana: las películas de Clooney se parecen a su director (o al menos a cómo Hollywood y los medios lo presentan), son amables, frontales, bonachonas incluso cuando se trata de mostrar un compromiso con una causa; como un vecino cordial y generoso al que tratamos de evitar en el pasillo. Las películas de Clooney narran tratando de reconstruir con esmero las coordenadas de un género de ocasión: en una escena filmada por Clooney hay planificación, esfuerzo, dedicación, y es ahí espera el director que evaluemos su cine, menos por sus resultados que por el empeño puesto en cada detalle, como pasa en uno de los planos iniciales de Operación monumento, donde un montón de personas trata de sostener el mural de La última cena en medio de un ataque aéreo; el tumulto coordinado, la composición barroca, el movimiento de la cámara, los ruidos del bombardeo, todo comunica el artificio de la escena, como si nunca llegáramos a ver el peligro de la guerra sino a un puñado de personas ejecutando una coreografía. Un problema: el cine de Clooney no parece poder nunca derribar esa pared, como si la franqueza y el clasicismo de sus películas no llegaran a transmitir las emociones del mundo evocado y nos dejara pasmados, como asistentes de un espectáculo que nunca nos incluye, que no existe más que como la mera suma de unos intérpretes, un escenario y algo de utilería. Una hipótesis: Clooney no es consciente de esto o no le importa demasiado; tal vez su única preocupación sea simplemente seguir filmando sin romperse mucho la cabeza, pasar de un proyecto a otro, como quien se da a sí mismo objetivos para llenar el tiempo y vivir en la ligereza de las ocupaciones. Como si estuviéramos, en suma, ante alguna especie de camp, pero de un camp mainstream e involuntario.

The Boys in the Boat es otro cuento narrado con el entusiasmo maquinal de las películas anteriores. Chico pobre pero talentoso estudia para tener un futuro mejor mientras descubre el remo y conoce a chica. Clooney filma con la misma prolijidad desangelada de siempre: las actuaciones, los conflictos, las emociones están ahí, portadas por la película con gracia dispar, como si cada escena indicara qué es lo que se trata de contar en ese momento y cuál la reacción esperada de parte del público. Una novedad: imposible saber si se debe a una carambola del director o de su equipo, o a una cortesía del género deportivo (los géneros pueden ser generosos o tacaños, todo depende de la manera en que se los invoque), pero The Boys in the Boat hace bien lo que la mayor parte de las películas de Clooney hace mal o, en todo caso, no hace, que es construir un mundo en el que cosas ocurren y nos hablan de sucesos, de cambios, de pasiones. Como si The Boys pudiera cruzar el grado cero del cine que minaba las películas anteriores del director y ofrecer algo más que un dechado de esfuerzos y buenas intenciones (si alguna vez fuera lícito usar la espantosa fórmula  de “las buenas intenciones”, sería con las películas de Clooney).

Tampoco hay que pensar que The Boys logra las cumbres de otras películas deportivas como, digamos, Los osos de la mala suerte, de Linklater. En The Boys también se respira el malestar del narrador esmerado que no siempre logra hacernos creer el cuento. Pero la velocidad de la película deportiva, la adrenalina de la competencia, la búsqueda de un puesto en el equipo universitario de remo (que coincide con lucha por afirmarse en otros frentes), los vaivenes entre la camaradería y la rivalidad, los comentarios bastante explícitos sobre la desigualdad, todo eso termina dándole forma a una película que le reserva, finalmente, un lugar al espectador. Más elegante que de costumbre, Clooney se permite algunos lujos discretos, como el hablar de las diferencias sociales sin subrayar los tantos, o mostrar el acercamientos de personajes de orígenes distintos conteniendo las grietas que los separan. Joel Edgerton trabaja poco pero bien, hace lo justo, lo que mejor le sale: su entrenador es uno más de sus duros suaves (aunque sin la oscuridad ni los dobleces que otros directores, como Paul Schrader, le exigen); personajes que ejercen con severidad algún tipo de autoridad mientras sugieren un rostro secreto, blando, casi de padre amoroso, como un martillo hecho de terciopelo.

(Estados Unidos, 2023)

Dirección: George Clooney. Guion: Mark L. Smith. Elenco: Joel Edgerton, Callum Turner, Peter Guinness, Sam Strike. Producción: George Clooney, Grant Heslov. Duración: 123 minutos.

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