A Sala Llena

#TIFF21 | Saloum

Coproducción congoleña/senegalesa francoparlante también hablada en molof, una de las lenguas papúes más crípticas, ya que es dominada por no más de doscientas personas en Nueva Guinea, “Saloum” responde al tipo de matriz estilística internacionalista organizada, manufacturada, patentada, propulsada, distribuida e impuesta por el sistema de valores plásticos que más cotiza en la Bolsa de Hollywood. Ergo, un pastiche con escasa identidad estética. Por más que aborde algunas calles oscuras del folclore guineano, Saloum no tiene la papelería adecuada para suscribir el folk-horror, una tendencia actual que se consagró con La bruja, de Robert Eggers en 2015. Se defiende mal en este sentido, con escasa convicción de género, si se me permite el término: pulso desordenado al encuadrar la acción (a veces es difícil identificar un punto de vista o entender el eje de una escena con movimiento de cámara al hombro); un hilo argumental endeble que podría resumirse en un meme (tres mercenarios deben trasladar a un narco a Dakar, Senegal); un personaje femenino protagonista pero completamente prescindible, lo que refleja un espíritu de inclusión meramente burocrático, por ende, cínico; abordaje superficial de lo místico (un personaje chamánico adornado con collares y amuletos como si fuera un arbolito de Navidad no es suficiente mérito para internarnos psíquicamente en terra incognita); y, primero y principal, la acción y la virulencia física subalternan su potencial de dramatización a una jerga temperamental de historieta poco sofisticada que no termina siendo ni graciosa ni terrorífica.

El poderío hipnótico de la música de Oceanía es de una seducción étnica irresistible, no estamos descubriendo nada. La singularidad de su insularidad ha producido obras musicales que sólo habitan en ese confín místico del planeta. Es –por eso la menciono– prácticamente el único elemento artístico que sostiene el clima enrarecido de este narco-thriller que termina a las piñas con la intrusión del “grand género” pertinente, el Fantástico.

Sí, hemos llegado a la parte en que vinculamos Saloum con Del crepúsculo al amanecer (1996), aquella divertidísima película dirigida por Robert Rodríguez y Quentin Tarantino (seamos sinceros) en el que dos hermanos criminales secuestraban a una familia de cristianos y todos terminaban en un tugurio que resultaba ser un templo antiquísimo consagrado a los sacrificios humanos en pos de sangre fresca. Antes de seguir, una medalla al mérito a los actores. Los rostros asustados y sudados de todos los personajes rubrican un esfuerzo histriónico que puede evidenciarse claramente en pantalla, no sin cierto alivio. Ellos se cargan la diégesis al hombro para defender un producto ciertamente indefendible, ante la disgregación generalizada que desmiembra la salud orgánica de Saloum. El honor de la derrota debe venderse caro.

En Saloum, la primera decepción asoma ante nuestra incapacidad de reconocer que no hay baño de sangre alguno ni orgía de violencia o explosiones splatters de refinería gore. La gramática velocista que utiliza engañosamente el director para hacer avanzar la acción cuando realmente nada sucede en el guion, no es suficiente para que este grupúsculo de delincuentes que protagoniza la película sostenga el interés hasta que las velas no ardan, no ya hasta el amanecer, que sería mucho pedir. Además, nuestros agonistas no se enfrentan a vampiros sedientos de las proteínas y demás propiedades de la hemoglobina, sino a una entidad física que, a eones-luz de las criaturas que pueblan el código postal del Horror (dráculas, hombres lobos, frankensteins, momias y una lista larga de sagradas monstruosidades), parece, en cambio, un ligustro antropomórfico viviente que se mueve arremolinadamente mientras ruge y pierde hojas, algo viscoso e informe y seco que tal vez podría atemorizar a un niño en una de las murgas que se hacen en Caballito, pero no a un espectador avezado. ¿Ha besado el polvo que ha mordido aquella combinación de comedia y terror que tan buenos frutos diera en las décadas de los setentas y ochentas, y que hoy languidece exangüe en la morgue, a la espera de que alguien la reconozca? Vivimos tiempos solemnes.

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Congo, Senegal, 2021)

Dirección: Jean Luc Herbulot. Guion: Pamelo Diop, Jean Luc Herbulot. Elenco: Yann Gael, Evelyne Ily Juhen, Roger Sallah. Duración: 80 minutos.

 

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