A Sala Llena

TL2: La felicidad está en una sala de Villa Crespo.

El domingo 14 de agosto asistimos, en el ciclo de cine de Abrancancha Teatro –un espacio para tener en cuenta-, a la proyección de TL2: la Felicidad es una Leyenda Urbana, segundo largo del director Tetsuo Lumiere, quien estuvo presente para hablar de su film y contestar preguntas del público. Afable, divertido y entusiasta, fiel a su breve pero vital filmografía, el joven realizador contó, entre divertidas anécdotas de rodaje, que ya se encuentra trabajando en la tercera parte de esta particularísima saga nacional, objetivo que depende, por supuesto, del apoyo financiero que tanto escasea para este tipo de obras. Mientras tanto, y sin perder tiempo, Tetsuo Lumiere –al igual que el personaje central de su película- combate estas indiferencias a pura inventiva, convirtiendo en el camino cada desventaja en virtud.

TL2 es la “secuela” de TL1 (también presentada en este mismo ciclo), aunque puede ser vista y disfrutada perfectamente sin necesidad de haber visto ésta, tal es mi caso. La película trata sobre el deseo irrefrenable de un director (el mismo Tetsuo Lumiere, quien se revela también como un  muy buen comediante) por realizar su tan ansiada película de platos voladores, y la imposibilidad permanente de conseguirlo. Pero en este caso, y como ya lo mencionáramos, la realidad ha superado a la ficción, y el director Tetsuo Lumiere sí ha podido realizar su film, y el final feliz es para nosotros.

Es imposible no ver en ella una noble cruza entre el cine de Buster Keaton (especialmente El Cameraman), el de Chaplin (ahí anda una bellísima cieguita para comprobarlo) y el Ed Wood de Tim Burton. Moviéndose entonces permanentemente entre el slapstick, la sensiblería cómica y autoconciente, y el cine bruto y como sea, Tetsuo Lumiere agrega “testimonios” que recuerdan a los mockumentaries del gran Christopher Guest, además de una bienvenida voz en off que potencia cada gag como comentario o contrapunto cómico. El resultado es algo que  hace  aún más grande a TL2: el hecho de no pertenecer a ninguna etiqueta de fábrica del cine argentino actual, sea éste “nuevo”, “nuevísimo”, o lo que venga después del último epíteto de moda.

Pero más allá de academicismos simplistas, digamos que TL2 es ante todo una gran comedia argentina –de bajísimo presupuesto, ultraindependiente, “experimental”, lo que quieran-, una que (y acá sí vale la pena poner el piloto automático) “cumple con creces con su cometido”: es divertidísima, está repleta de gags que funcionan casi siempre, y tiene más cantidad de risas por minuto que varias docenas de comedia que se ven –o se nos imponen- hoy día. Es una película alocada, irreverente, desquiciada, pero que también se permite un sentido homenaje a una manera de hacer y pensar el cine; una que quizás haya muerto hace unos 80 años, pero que jamás dejó de ser una enorme influencia a la hora de planear cualquier escena en un arte que es, ante todo, imagen. Por esto también es que TL2 no deja nunca de conmover, entre carcajadas, con el (cinéfilo) tema del cineasta tenaz que no sólo quiere, sino que necesita filmar cueste lo que cueste.

Una de las mejores y más emotivas  escenas del exitosísimo tanque Super 8 de J.J.Abrams llega durante los títulos de cierre. Allí se muestra parte de la película en formato Super 8mm que los personajes han estado filmando a lo largo de la historia. Casi la totalidad de la sala, tomada por sorpresa, la sigue de pie, en las escaleras y abrigo en mano, disfrutando de 2 o 3 minutos a pura y honesta carcajada por lo bizarro y lo primitivo. Cuando termina, aplaude. Y no sólo el cinéfilo, el freakie, el amante del gore, sino también mi tía o el señor con la laptop. A ese espectador (o sea, a esos miles) le digo que vea TL2, porque va a vivir exactamente lo mismo… pero durante 75 minutos. Y nada de bajarla o pedirle al yerno que le explique qué diablos es Cuevana:  de su visión en una sala, cualquiera que ésta sea, depende mucho la realización de TL3 y de mucho del buen cine que Tetsuo Lumiere aún tiene para ofrecer.

¿No sabe dónde o cómo? Para eso estamos: este domingo 28 vuelve a darse en el mismo lugar (Martínez Rosas 941, timbre 3, Capital Federal), y luego podrá encontrarla, seguramente, en algún otro espacio. Porque TL2 se lo merece. Y usted, señor espectador, también.

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