A Sala Llena

Yo sé lo que Envenena

(Argentina, 2014)

Guión y dirección: Federico Sosa. Elenco: Sergio Podeley, Federico Liss, Gustavo Pardi, Valeria Correa, Ezequiel Tronconi, Marta Haller, Claudio Rissi, Ariadna Asturzzi, Florencia Otero. Producción: Federico Sosa, Julieta Arévalo y Aylén López. Distribuidora: Independiente. Duración: 84 minutos.

La amistad, la amistad contra todo y contra todos. Un valor que cada vez se vuelve más difícil, más lejano. Pero no es así para los tres protagonistas de Yo sé lo que Envenena, la ópera prima de Federico Sosa.

Iván (Federico Liss) trabaja en un taller mecánico, pero toca en una banda -cuando quiere o puede- y sueña con ser telonero de su ídolo absoluto y referente de vida: Ricardo Iorio, vocalista y principal ideólogo de la legendaria banda de heavy metal Almafuerte. Chacho (Gustavo Pardi) va de casting en casting; sueña con ser un gran actor como su adorado Marlon Brando. Rama (Sergio Podeley) se la rebusca como repartidor, pero su atención está puesta en Lucy (Valeria Correa), la empleada de una veterinaria, y para conquistarla, se zambullirá en el mundo de los peces. Tres amigos, tres sueños, tres luchas por ser felices. Y, sobre todo, el metal como filosofía de vida.

Se trata de una comedia sobre la actual generación de treintañeros; una etapa en la ya no se es tan joven, y conseguir los objetivos anhelados parece cada vez más difícil… pero no imposible. Si bien cada uno de los protagonistas tiene un carácter diferente, los tres despiertan ternura y empatía, y resulta imposible no acompañarlos durante sus peripecias.

Sosa (quien, junto a su equipo, filmó en el conurbano de manera independiente) maneja con soltura los momentos desopilantes, y sabe ponerse serio cuando corresponde, y más teniendo en cuenta que el trasfondo real de la historia no deja de ser dramático y real. El director viene de desempeñar la misma tarea en dos capítulos de la serie Germán, Últimas Viñetas, de Flavio Nardini y Cristian Bernard, quienes, a su vez, supieron hacer otra emblemática película sobre tres amigos y sus avatares: 76 89 03.

La película no sería lo que es sin el trío principal. Porque la química entre Sergio Podeley, Gustavo Pardi y Federico Liss hace creíble y genuina la relación entre estos antihéroes cotidianos. Cada uno complementa al otro, y el espectador podrá identificarse con al menos uno de ellos. Además de Valeria Correa, los acompañan Florencia Otero, Ezequiel Tronconi, Marta Haller, Claudio Rissi y Ariadna Asturzzi. Yo sé lo que Envenena saca una buena cantidad de carcajadas y también recuerda que, sin importar los contratiempos, sin importar el qué dirán, vale la pena dar pelea por lo que uno ama.

calificacion_4

Matías Orta

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Evitando el ablande

“Yo sé, dirás, muy duro es aguantar; mas quien aguanta, es el que existe…”, canta Ricardo en Almafuerte. Y en Yo sé lo que Envenena -frase de Larralde en su oda al humo escupida por Iorio en su monólogo desde el silloncito de Beto Casella, que desbordó las cloacas televisivas y da nombre a la película- los protagonistas aguantan. Los tres aguantan los trapos a su manera, Rama fleteando, Iván de mecánico y de violero, y Chacho en la búsqueda de materializar su vocación. Sosa los delinea con la facilidad de un campeón del mundo, forja un naturalismo no forzado, alejado tanto del férreo autorismo anticlasicista como del extremo realismo -algunas veces, tan potente como artificial- de los actores no profesionales. La propuesta en una primera instancia parece inundada de una iluminación televisiva que resta fuerza a los planos; sin embargo, esas decisiones genéricas (no de género) o de bajo presupuesto dejan de molestar a los pocos minutos, cuando la narración y los cuerpos se ponen por encima del drama de la austeridad y la película empieza a interesarnos y a ser graciosa desde los planos -como en esos primerísimos de la cara desquiciada del serio Iván- y divertida desde las situaciones más que desde diálogos puntuales, aunque, paradójicamente, todo surja de un diálogo puntual de Ricardito.

Yo sé lo que Envenena es, entre otras cosas, un lado B fascinante y cáustico de la caretona La Vida de Alguien, acá no hay compañías discográficas interesadas ni pop para divertir, acá la música pasa por una sala de ensayo chivada y por un pool medio roñoso como el de tantos barrios. Hay pizza, birra y faso pero no desde el lumpenaje “no future” del neoliberalismo noventoso, sino desde la coyuntura del neoperonismo, del choque del laburante con la herencia de los sueñitos liberales, del gil trabajador al trabajador con sus sueños de salvación shampoo, el egoísmo intrínseco del individualismo cool que ya atravesó todas las clases. Porque Chacho quiere ser actor, e Iván -el metalero true que todavía tiene ídolos- quiere triunfar con el metal, pero podrían querer ser directores o críticos de cine, el sueño mongo es el mismo, lo diferente de la actualidad y lo que no admite ni admitió nunca el poder del ala reaccionaria y sus gusanos es que ahora los soñadores también lleguen de los sectores que nunca habían podido elegir. Pero salgamos del divague, lo político aparece de lejos y tal vez sin intención, lo preponderante es la divertida historia de amor de Rama, la representación ajustada de la difícil dinámica de la amistad, del mundo de los motoqueros que fletean, de los verdaderos antros del rock, y de la pelea de unos tipos con pasión, con hambre de gloria, todo con el conurbano de empapelado. Con garra, sentido y poca plata, Yo sé lo que Envenena se erige como una película de overol más profunda que muchas de frac. Enhorabuena, compañeros.

calificacion_4

Ernesto Gerez

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