A Sala Llena

[22] BAFICI | Israel

En la Competencia Oficial (ex Latinoamericana y ahora) Americana del BAFICI circula con bajo perfil esta película de Ernesto Baca que fluye en su construcción gramatical mixta con la fluidez del plano de la pareja en moto que se destaca en el tercer acto… Aunque no hay tal tercer acto… Porque no hay actos en el cine de Baca, que no es narrativo desde una arista de observación convencional y desde ninguna otra arista. Baca es un esclavo liberto por medios propios de la tiranía esclavista del “guion de hierro”, así como de otras “leyendas urbanas” o exageraciones que asuelan el actual quehacer cinematográfico mundial, gobernado por la exclusividad del elitismo de la eficiencia técnica per se. 

Aunque sí hay actos de magia en los espectros blanquinegros y coloreados de los fotogramas analógicos del cine fílmico de Baca; pero actos de magia del tipo en el que incurrió el entertainer Georges Méliés, no el que propone ese juglar moderno llamado Alejandro Jodorowski; hablamos de la magia de luces y sombras y fantasmas: de la magia de lo real cuando no es documentación y del montaje como brujo creador de sentidos disparados hacia todas las dimensiones del ser. Si el tema es la consistencia de la aventura por la supervivencia del nunca del todo obsoleto material o soporte fílmico en Argentina, del tamaño que fuere, Ernesto Baca no se encuentra mejor posicionado para reclamar un sitial de respeto por su estoicismo en la militancia de una cultura de la imagen radicalmente “antiobsolescente”. 

En Israel, Baca abandona el territorio que llama el “monopolio de lo real”, por citar palabras suyas. Se desprende de la ausencia absoluta de un hilado narrativo y deja filtrar cierto halo de algo parecido a una historia lineal, aunque rápidamente, lo que llamamos “sentido” se deja abrazar por la fantasía extremada, la que proviene de un rincón espeso del inconsciente; la que es (pro)pulsada por las canalizaciones universales de la creatividad. Israel es muy distinta a Réquiem para un film olvidado, la anterior película de Baca, inspirada en la clásica pero aún desafiante teoría general de “La sociedad del espectáculo”, la obra más popular de Guy Debord. Aunque ni a Debord ni a Baca le caben a su medida el adjetivo “popular”. Baca no representa al mundo con formas conocidas (personajes, historia), sino que lo proyecta desde un lugar en el que su espiritualidad hace las paces con los dominios de la mente más activa. La propuesta en el cine de Baca nunca se desliga de la intención de experimentar. Y lo hace cada vez más, por un lado, por mérito propio, por el otro, por desmérito impropio: el del público que busca emociones compartidas y coloquiales que le ofrezcan seguridad. Lo intuitivo –que también es desestabilizador– que se percibe en la confrontación del cine de Baca con lo real como escenario purista de lo permitido contra las posibilidades infinitas de la hibridación estética, está presente en “Israel” más allá de la clarividencia profundamente subjetiva de que por momentos somos cómplices de la proyección de una narrativa de origen mental, no aleatoria en tanto es inteligente y remite al deseo y al sentido. Sin melancolía mecanicista, Baca apela al 35mm, al 16mm y al super8/HD, y estas apelaciones, además, van del blanco y negro a los colores, y así alcanzan el objetivo de construir una letanía de objetos y encuadres que hallan solaz en el poder lírico que les es intrínseco. 

Para el final, una obviedad: el cine – cuántas veces habrá que decirlo – es muchísimo más de lo que nos cuentan. ¿No es cierto, maestro Baca? 

calificacion_4

© Miguel Peirotti, 2021 | @MPeirotti
Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.
(Argentina, México, 2021)
Dirección: Ernesto Baca. Duración: 64 minutos.

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