A Sala Llena

[23] BAFICI | Foco David Fisher

Aunque el cine israelí tiene cierta difusión en las salas cinematográficas de Argentina, es poco lo que se presenta en nuestro país, cuando se lo compara con una producción de unos treinta largometrajes por año. Casi todos los estrenos locales son films de ficción, con lo cual no sorprende que el nombre de David Fisher sea casi absolutamente desconocido, incluso entre el público cinéfilo.

Afortunadamente esa ausencia ha sido reparada por la 23 edición del BAFICI, al presentar siete de sus ochos largometrajes, todos del género documental, con el plus de su presencia en el festival.

El nombre elegido para dicho evento, “When Private Meets Public”, resultó muy fiel a su exposición, que presentó en inglés, pese a entender nuestra lengua, reconociendo que no tiene la suficiente fluidez para hacerla en castellano. Su conocimiento de nuestro idioma deriva de que su esposa, la cálida Liliana, nació en Argentina.  

Este cronista tuvo la oportunidad de ver todos sus films, previo a la masterclass, con lo que la asistencia a la misma le resultó muy productiva, además del diálogo privado posterior. Por su temática y contenido, se ha preferido dividir a los films, que a continuación se comentan, en tres grupos, atento al diverso enfoque de dichas producciones. 

Films “familiares”

La que el propio director califica como trilogía, abarca tres títulos (cuarto a sexto de su filmografía) filmados entre los años 2000 y 2011. 

El primero de ellos es Love Inventory, al que dedicó casi la mitad de su clase magistral y que, en cierto modo, explica el nombre que eligió para presentar al evento. Fue incluso el único donde se presentaron dos fragmentos bien elegidos y en verdad, como él afirmó, coexisten en Love Inventory varias capas (multilayers). Por un lado, la que involucra a sus cuatro hermanos y en especial a Ronel (diez años menor), un publicista al que podría describirse como un ser que por momentos es muy extrovertido y, podría agregarse, carismático. El primer fragmento lo muestra pescando en un bote, al que se aproxima David con su cámara, sabiendo que el hobby de la pesca vuelve a su hermano muy “emocional y capaz de compartir todo lo que tiene en la mente”. Esa escena, que fue la primera que filmó, es la preferida del director por lo que, como explicó, en el montaje era más lógico insertarla hacia la mitad de la película. Otra de las “capas” refiere a un tema, también familiar, pero algo común en los primeros años del estado de Israel: la desaparición de personas. Ocurrió con sus propios padres que tuvieron mellizos con el varón muriendo de poliomielitis a los siete meses, pero de cuya hermana gemela todo ignoran de su destino, los cinco hermanos Fisher. Y allí introduce el realizador un tema más político, ligado al anterior, regresando al tema de la desaparición de bebés, sobre todo entre la población judía yemenita, algo bastante frecuente en la década del 50. 

La trilogía se completó con otras dos películas filmadas “back to back”, o sea casi simultáneamente, en 2011. Mostar Round Trip se refiere a su hijo Yuval, a quien visitó cuando estudiaba en el Colegio Mundial Unido (UWC), situado en Mostar, al sudoeste de Sarajevo en Bosnia-Herzegovina. Este le recrimina a su progenitor que en todo momento siente la falta de intimidad entre ellos, ya que constantemente su padre lo está filmando, cámara en mano. El planteo de una brecha generacional se repite, pero en sentido inverso, en Six Million and One, en que es ahora David, el hijo, quien siente que su padre no supo nunca comunicarse con él. Pero, en este caso la explicación surge cuando, junto a sus hermanos, visitan varios campos de concentración en Austria (Mauthasen, Gusen), donde estuvo su padre, quien además sobrevivió a Auschwitz. 

SHOAH

Six Million and One no es sólo un film “familiar”, ya que también se refiere a la Shoah (Holocausto), cuyo recuerdo mundial anual coincidió, casualmente, con el día del evento ya nombrado. Este tema se encuentra también, como lo aclaró Fisher, en Little Big Sister, el único documental no incluido en la retrospectiva. Trata, dijo, de dos hermanas sobrevivientes de la Shoa, cuyos efectos en su vida posterior en Suecia, fueron muy diferentes, sobrellevando ellas dicha carga psicológica y emocional de muy diversa manera.  

Un tercer film sobre esta temática, el preferido de quien esto redacta, es The Round Number, producción de Errol Morris, filmado hace apenas un año. Refiere a uno de los mitos del nazismo que tienen que ver con la exactitud de este número (seis millones de víctimas del holocausto) y del origen, posiblemente no muy claro del mismo. O sea, quién fue el primero en formularlo, dado que existen varias hipótesis, aunque una de las más mencionadas refiere a un miembro de la SS, Wilhelm Hoettl, quien atestiguó tanto en Núremberg como en el juicio a Eichmann. Fisher no está muy convencido de dicha paternidad y nombra con justa razón al gran historiador Raul Hilberg y su extensa obra “El aniquilamiento (Vernichtung) de los judíos europeos”, cuyas estimaciones indicaban 5,1 millones de víctimas. The Round Number contiene valiosos testimonios de Yehuda Bauer y Dina Porat (argentina), ambos del Yad Vashem (Jerusalem).  Menciona también a las personas negacionistas de la Shoah, pero sobre todo acierta al calificar al número de seis millones como un símbolo (icono), cuya discusión (exactitud) no se justifica discutir. Hay muchos puntos en común con el número de desaparecidos por el Proceso. En última instancia, no cambia la precisión con que se conozca la veracidad de dicho “número redondo”, frente a la gravedad de la Shoah.  

ISRAEL

Los tres restantes films de Fisher podrían englobarse en este tercer grupo al tener en común el hecho de referirse al país natal del director, aunque con temas muy diferentes. 

Buried Alive es su primer film (1996) que, como indicó en su clase, nació de una nota que apareció en un diario donde se mencionaba la gran cantidad de mujeres abandonadas por sus maridos en Israel. La curiosidad es que, en dicho país, por cuestiones no sólo legales sino también religiosas, una mujer abandonada no puede volverse a casar. Y en particular eligió el caso de Mazal Saiel, cuyo esposo Danny se había unido a una organización denominada Black Panthers, que luchaba por los derechos de las comunidades orientales (sefaradíes) en Israel. El hecho de que nunca se supo donde fue a parar Danny (Iraq o acaso asesinado), llevó a Mazal a pedir a la Corte Rabínica de Tel Aviv, para que la dispensara de la prohibición de rehacer su vida. Lamentablemente pasaron muchos años y cuando finalmente ella logró la autorización para casarse, ya había transcurrido demasiado tiempo como para pensar en rehacer una familia y tener hijos.

Street Shadows (2015) es quizás el film menos interesante de Fisher, en gran parte por el “localismo” de su tema. Se refiere a una calle del sur de Tel Aviv (Nave Sha’anan), cerca de la estación central de ómnibus, adonde se mudaron varios comerciantes de otra zona poca segura de la ciudad. Lo más interesante es la pluralidad de países de donde provienen los dueños de los negocios incluyendo a Irán, Etiopía, Eritrea, Filipinas, Egipto, Sudán, por sólo nombrar algunos de ellos. Fisher señala que la recorría con su abuela y que la denominaba la “calle de los zapatos”, por el tipo de comercio que allí abundaba.

A Shepherd’s Affair (1997), siendo apenas su segundo largometraje, es uno de los más logrados de toda su producción. El interés mayor es que está ambientado en los altos del Golán, territorio que pertenecía a Siria hasta 1967 (Guerra de los Seis Días). En particular, el film está enfocado hacia la población drusa, que como me explicó David, son una “raza” aparte, ya que su religión no es ni judía, musulmana o cristiana. Se podría decir que no tienen un país propio y que, pasaron de vivir en Siria para, para de golpe encontrarse haciéndolo en Israel (en Mastar Shams, al norte de los Altos del Golán). Lo interesante es la diversidad de opiniones de los drusos, en su mayoría satisfechos con la vida que llevan. Se los ve tanto en sus ocupaciones agrícolas (cerezas, aceitunas, etc.) como ganaderas (vacas, caballos). Llama la atención que se les permita hacer el servicio militar al igual que la población judía. Y el director agrega hacia el final una cuasi ficción cuando muestra como un padre druso (que estuvo a cargo del ayuntamiento) expresa su enojo con su hijo al que atribuye una relación con una mujer casada, que ésta desmiente categóricamente. El otro tema que el film desarrolla es la preocupación de algunos de los habitantes por lo que les podría ocurrir en caso de que Israel devolviera a los sirios el Golán. Pero aun cuando ya han pasado más de veinte años desde la realización del film, nadie puede predecir, como afirma Fisher, si algún día esos territorios serán devueltos a Siria.  

Finalmente resta mencionar que en la presentación del miércoles se proyectó un corto fragmento de un Work in Progress de un nuevo film cuyo título provisorio es “Cicatrices de despedida” y donde el personaje central es Liliana Fisher, su esposa. Lo visto comienza con una frase de Jorge Luis Borges que dice “El tiempo es olvido y memoria” y está filmado en Argentina. Es un homenaje a su mujer, también presente durante la proyección y cuya sabia voz se escucha en otro fragmento del ya mencionado Love Inventory. 

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