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51° New York Film Festival – Día N°16 – 12 Years a Slave

51° New York Film Festival – Día N°16 – 12 Years a Slave

Cobertura exclusiva
desde NY por Carla Cuesta

12 Years a Slave está basada en relato autobiográfico
de Salomon Northup, un hombre libre de Saratoga Springs, estado de Nueva York,
quien fuera secuestrado y vendido como esclavo en Louisiana. Si bien el tema de
la trata de esclavos ya fue retratado en diversas ocasiones, la película de
Steve McQueen nos permite ver el punto de vista único de quien experimentara
tanto la libertad como la esclavitud.

Northup (Chiwetel Ejiofor) es un hombre de
familia con una vida agradable, que se gana tocando el violín para la alta
sociedad. Pero en medio de una gira, es secuestrado por un vendedor de
esclavos, y su vida cambia del modo más radical posible. Así comienza una
odisea que lo llevará desde Washington D.C., donde estaba trabajando, hasta Louisiana,
y que terminará abarcando los doce años que le toma recuperar la libertad. Como
espectadores, acompañamos la lucha de Northup por sobrevivir y preservar su
dignidad en el contexto de la ardua y denigrante vida en las plantaciones.

La película logra mostrarnos la maquinaria de
la esclavitud en toda su magnitud, desde la subasta de esclavos, hasta su
explotación en las plantaciones de algodón y tabaco, pasando por su uso como
medio para pagar deudas o devolver favores. Pero también nos muestra muchos
matices dentro de los distintos roles, tanto de esclavistas como esclavos.

Salomon es comprado inicialmente por William
Ford (Benedict Cumberbatch), un predicador cuya religiosidad entra en
contradicción con su rol como dueño de esclavos. Si bien intenta ser amable con
Salomon, y brindarle ciertas comodidades, no deja de ser su explotador, y lo
vende cuando sus deudas lo obligan. Este personaje, planteado como un “hombre
bueno” que sólo conoce el esclavismo y no tiene las fuerzas y recursos para
oponerse a él, nos obliga a preguntarnos si es posible la bondad dentro de un
sistema perverso.

El segundo amo de Salomon, Edwin Epps
(Michael Fassbender), es un hombre atormentado que desata su ira tanto en
Salomon como en cualquier esclavo que parezca desfiarlo (de manera directa o
percibida). Dotado de un temperamento brutal, carece de piedad y capacidad para
la empatía. Tiende a pensar que el mundo está en su contra. Es alcohólico y
tiene una fijación con su esclava Patsey (Lupita Nyong’o), de quien abusa
sexualmente. Esta situación es incomprensible para él, e inaceptable para su
esposa (Sarah Paulson), una mujer estricta cuya brutalidad hacia los esclavos
está a la par de la de su marido.

Ejiofor realiza un trabajo monumental como
Salomon Northup, tanto por la exigencias físicas y emocionales del rol, como
por su habilidad para mostrarnos su conflicto: conservar la dignidad y la
fuerza que le permite nunca acostumbrarse a la plantación, a la vez adaptarse a
sus circunstancias. Algunas de sus mejores escenas son sus conversaciones con
Eliza (Adepero Oduye), una esclava secuestrada junto con él y separada de sus
hijos, y con Patsey. Ambas actrices dan interpretaciones poderosas que nos
permiten sentir la profundidad de su padecimiento. Fassbender y Paulson son
terroríficos, él siempre a punto de perder el control, ella con una frialdad
quizá igual de temible. Cumberbatch encarna perfectamente la contradicción
entre bondad y cobardía. De los papeles más chicos, se destaca Paul Dano como
el encargado de la plantación de Ford, y Alfre Woodard como una esclava que
asciende de status al casarse con su dueño.

La narración de McQueen es poderosa y
profundamente dolorosa de presenciar, pero valiente y necesaria, tanto por
contar la esclavitud desde el punto de vista del esclavo, como por aportar al
debate sobre la opresión racial, todavía presente hoy en día. Nos recuerda una
cara de la humanidad de la cual preferimos distanciarnos, pero que sería
peligroso olvidar. También resulta reveladora al mostrar aspectos de la
esclavitud menos explorados por otras historias.

La fotografía es bellísima, resultando en un
contraste poderoso con las situaciones horribles que muestra. La reconstrucción
del mundo de las plantaciones es impresionante en su minuciosidad, logrando que
el espectador se sienta inmerso en ese mundo.

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