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Festivales - Otros Festivales

#JEONJU2026 | El retorno de la crónica festivalera

No existe el amor por el cine sin el amor por los libros de cine.

Thierry Frémaux en su libro Selección oficial

Primera introducción

Estas crónicas (a continuación) deberían haber empezado ayer. O hace dos días. Pero la locura de los festivales, ser el esposo de una de las programadoras del festival en cuestión y la llegada de los invitados (uno de mis héroes en el terreno de la crítica y la programación como el ahora director Kent Jones, quien presenta aquí su película Late Fame (2025) en función de apertura), hizo que todo estos escritos se retrasaran hasta vaya uno (yo) a saber cuando. Incluso ahora que me siento a escribir no sé si esto finalmente tomará una forma digna para ser leída por ustedes, queridos y pacientes lectores. Porque al principio había un plan, pero como sabemos, los humanos creamos planes para que luego el Dios del cine (¿Bazin?, ¿Godard?, ¿Ford?, ¿Martel, quizás?, elijan el suyo) se ría de nosotros. El plan en cuestión era el siguiente: volver a la crónica de festivales. Esa manera de escribir que alguna vez Mark Peranson supo definir (en un texto que no encuentro como para citar y hacer más fácil mi tarea) como una mezcla de diario de viaje (turismo), comentarios gastronómicos, chismes y alguna que otra mención sobre las películas que se van viendo.

Esa forma (digamos) literaria fue abandonada por los críticos (y adoptada por los literatos, eso que llaman “la literatura del yo”), vaya uno a saber porqué, ya que nos dio uno de los mejores libros de crítica en Argentina, aunque publicado por los amigos chilenos del festival de Valdivia. Obviamente estoy hablando de Luz y sombra en Cannes – Nueve años en el centro del cine contemporáneo, de Quintín y Flavia de la Fuente. Existe otro libro similar, que no tan extrañamente también transcurre en Cannes, titulado Two Weeks in the Midday Sun: A Cannes Notebook, de Roger Ebert, pero es medio un plomo. Las aventuras de Ebert en la Costa Azul son un poco como su escritura y pensamientos sobre el cine: anodinas. ¿Cómo puede ser que con tanto material la literatura sobre cine no tenga su Miedo y asco en Cannes? ¿Por qué la crítica de cine nunca tuvo su Hunter S. Thompson o su Lester Bangs? ¿Debería haber ocupado yo ese lugar? (Imposible, mi contextura física y mi siempre endeble salud no me lo habrían permitido). ¿Por qué cuando Jonathan Rosenbaum se preguntó, en un recordado texto escrito durante el festival de Rotterdam, si el porro que se había fumado antes de una función le había mejorado la percepción de un programa de cortos no hizo escuela? Misterios que no lo son tanto si uno conoce al mundillo de los críticos.

Ese texto en cuestión, el de Rosenbaum, aparece en el famoso libro titulado Movie Mutations: The Changing Face of World Cinephilia, quizás el último intento de la crítica de establecer un canon y una forma de pensar y mirar el cine. Hoy las cosas cambiaron, el cine perdió su centro, ya nadie sabe qué es lo bueno, qué es lo malo, ni siquiera si existe esa diferencia. Pero este es un tema, anoten queridos lectores, sobre el que hablaremos más adelante. Movie Mutations fue editado por Rosenbaum y Adrian Martin, quien visitó Jeonju el año pasado; en esta edición del festival, por esas casualidades, se juntaron aquí otros dos de sus participantes: el mencionado Kent Jones, alguien que ya abandonó la crítica, al menos de forma activa, y Mark Peranson, aquí en función de jurado, quien no abandonó la crítica ni la programación, pero en el catálogo (virtual) del festival aparece como “productor”.  Sobre este tema, los críticos que abandonan el barco (el barco sería el trabajo de crítico, un barco que quizás se haya hundido hace mucho y sus tripulantes -ya fantasmas- siguen sin enterarse), volveremos más adelante. (Si hay algún lector que haya ido tomando nota de todos los temas que prometí hablar alguna vez y nunca lo hice, me haría un gran favor en armar la lista).

Mientras escribo esto recuerdo que en aquellos lejanos BAFICIs se editó una versión abreviada de Movie Mutations que llevaba como subtítulo la aclaración Cartas De Cine, ya que solo incluía las cartas con las que comienza el libro original. Mientras busco más información sobre ese libro, me encuentro con unas crónicas escritas por Flavia de la Fuente sobre un evento llevado a cabo en la ciudad de Córdoba en el año 2010, llamado la Semana internacional de la crítica, organizado por el Cineclub Hugo del Carril. Entre los participantes la estrella era Jonathan Rosenbaum, y los argentinos presentes eran Roger Koza, Diego Lerer y Quintín, y en el primer comentario al texto aparece Diego Battle. Al ver todos esos nombres juntos es imposible no pensar en todo lo que ocurrió en los últimos años en la Argentina y no solo en el universo de la crítica. Recuerdo, también, que no pude asistir a Córdoba al evento en cuestión pero le pedí a alguien que sí lo hizo que lleve mi ejemplar de Movie Mutations – Cartas de cine para que me lo autografíe Rosenbaum. Finalmente, no solo el norteamericano estampó su firma, sino casi todos los presentes. No tengo el ejemplar del libro conmigo, pero nunca me voy a olvidar que, entre todos las dedicatorias, Quintín me escribió la mejor: “A ver si aprendes algo”.

El texto de Flavia de la Fuente está lleno de fotos, tomadas por ella misma, y en una aparece un joven Ramiro Sonzini, con menos años y más pelo, sonriendo a la cámara. Sonzini también se encuentra en Jeonju presentando, junto al co-director Ezequiel Salinas, su nueva y cinéfila película La noche está marchándose ya (2025) (de aún más melancólico título en inglés: The Night is Fading Away), que participa de la competencia oficial y en donde el mencionado Cineclub Hugo del Carril cumple una función importante. Aquí las mañas de la escritura periodística me deberían llevar a conectar esto con la gran presencia del cine argentino en el  festival de Jeonju, pero la verdad es que tantos recuerdos me humedecieron los ojos y me dificultan la escritura. (Me quiero hacer el irónico, pero en verdad sí me emociono al recordar cómo fueron las cosas y, peor aún, al ver cómo son ahora).

Por eso me detengo aquí. Sin haber hablado -casi- ni de cine, ni de la ciudad, ni de gastronomía. Aunque tengo mis apuntes sobre Jeonju en donde anoté cosas como que acá se inventó ese delicioso plato llamado bibimbap, que tiene un poco más de 600.000 habitantes, que en ella se lleva a cabo uno de los mejores festivales de cine del mundo y que es una de las ciudades que más veces he visitado y que más conozco en todo el mundo. Extraño destino para un gaucho.

Y aquí los dejo porque, entre todas las cosas que hay que hacer en un festival, una de ellas es ver películas. ¡Habrase visto!

Nos vemos en la próxima entrega de estas crónicas.

Saludos desde Jeonju,

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