UNA LÍNEA SIN RUMBO
Hotline es una película problemática. La potencia que presenta la trama (como estructura, entramado, soporte de relaciones de sentido que organiza y al mismo tiempo manifiesta su razón de ser mediante todos los elementos que constituyen el film) es desaprovechada tras su desaparición prematura en la primera parte del relato.
El principio traiciona: se trata de una producción que aún con problemas logra arrancar y plantear una diégesis, una premisa y un mapa de coordenadas respecto del cine y su Historia: Malena es una joven que tras ser puesta en la lista negra del mundo del espectáculo por un símil-Weinstein, se mantiene haciendo strip en un club de mala muerte y atendiendo llamadas sexuales a hombres. Cuando puede, escribe, soñando con la posibilidad de una carrera. Hasta que un asesino enmascarado que ataca mujeres comienza a acosarla por teléfono.
Magui Bravi interpreta su papel con la intensidad necesaria que la parte estable del guión necesita; de hecho, una pequeña sorpresa en el film es la escena que comparte con Luis Ziembrowski, el padre enfermo de Malena, que no la reconoce. Y si bien el guión y todo lo que de él depende se estanca en el momento de pasar al desarrollo del film, la interpretación de Bravi es casi la única en la que nos podemos apoyar para entrar de alguna manera en el inconsistente universo, entramado y estatutos de personaje que la película presenta.
La película empieza en el momento en que Malena entra a una lista negra de la industria tras estallar contra un productor importante que la abusó en varios momentos; ante el intento de chantajearla con un futuro brillante a cambio de sexo (léase en este caso sumisión), Malena lo agrede.
Sepultadas las posibilidades de la carrera, conocemos su nueva normalidad: trabajar dos laburos, uno donde baila y se muestra pero no se deja tocar, y otro donde actúa el papel de prostituirse. La puesta en escena cómica e ingeniosamente desarrollada nos muestra cómo ella simula por teléfono estar caliente y disfrutando el momento mientras que en realidad está estudiando o escribiendo o quizás tomando un té. Esta presentación construye al personaje de Bravi como productora de su máscara: paga las consecuencias de decidir no aceptar la propuesta del gran productor hijo de puta, no se deja tocar en el club de strip donde hace su performance, y hace dinero con su otra performance al final de la línea móvil, donde incluso incorpora elementos dispares para cementar la ilusión que vende.
Una cuestión es fundamental: el universo en que esta película inicia, existe en la medida en que está claramente definido como un universo donde todo tiene un precio a pagar. Malena sabe cuál es el precio que no va a pagar, aquel que todos alrededor pagan y que ella evidencia al productor al principio: “Vos también sos una puta. Te los cogerías vos, pero no podés”. Antes él dice “No se trata de una cuestión de principios, sino de cuánto dinero hay”. Entonces, ella tiene sus principios, y los tiene claros. Mientras que el mundo a su alrededor comparte un único principio y es el principio del dinero. Pensar ahora este aspecto del personaje de Malena comparado con el despliegue sustancial que ha tenido Magui Bravi en su propia carrera y últimamente con sus participaciones recurrentes y de importancia mayor en el terror nacional como “escena” o “movimiento”. Pensar así los roles repartidos a diversos protagonistas masculinos del film, todos íconos dentro del nicho.
Hasta acá, estos elementos son observables en la película, si bien la planificación no es particularmente agradable ni coherente, y la fotografía resulta, así como la banda sonora, blanda, repetitiva, agotada tras un primer acto del film, además de no muy interesante como propuesta más allá de la referencia hueca al “look” de cierto tipo de slasher.
Es este entramado lo que sostiene ese primer despliegue de la película que no es perfecto pero funciona y tracciona con Bravi al frente. En este entramado jamás logra ingresar de forma coherente el asesino y todo lo que este significa en cuanto al desarrollo de la trama y las líneas arrojadas en la introducción. No hay una coherencia en el guión. No hay motivaciones. Hay solamente casualidades que anulan absolutamente la necesaria causalidad, por más encriptada que se pueda presentar; arbitrarias menciones a films, de esas que abundan hace años por todas las latitudes; una mal ejecutada, des-intencionada mostración de la violencia, como mero fetiche, como mera materia maleable sin espíritu.
El fuera de campo no existe puesto que difícilmente es reconocible un campo narrativo que tenga sentido. Todos los demás personajes carecen de motivaciones, carácter, intencionalidad, están pobremente interpretados, desentonan con lo construido en el primer tramo del film, y terminan por ser risibles ejecuciones de efectos especiales que no tienen efecto ni pertinencia.
Es casi insultante para el espectador sobre todo porque al no sostenerse el guion, necesariamente el golpe de efecto debe funcionar para por lo menos hacer fluir el film. Pero la puesta en escena logra ser por momentos torpe y chata hasta en el sentido más “gramático”.
Este repentino shock en la película se siente fuertemente y hace pensar retroactivamente en que quizás el inicio no es fallido, sino la pequeña cuota lograda de cine en una pieza traicionera, que amaga con tener un despliegue de aquello que evidentemente tiene en algún lado para contar, pero que aborta espontáneamente para luego dejar andar los restos hasta que tenga duración de corte final.
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Dirección: Lucas Nicotti. Guion: Nicanor Loretti, Paula Manzone Elenco: Magui Bravi, Demián Salomón, María Eugenia Rigón, Ezequiel Rodríguez, Luis Ziembrowski Producción: Magui Bravi. Duración: 89 minutos.









