A Sala Llena

Amapola

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Amapola (Argentina/ Estados Unidos, 2014)

Director y Guión: Eugenio Zanetti. Elenco: Camilla Belle, François Arnaud, Geraldine Chaplin, Leonor Benedetto, Lito Cruz, Elena Roger, Nicolás Pauls. Producción: Rodrigo H. Vila y Dalila Zaritzky. Distribuidora: Fox. Duración: 85 minutos.

El caso de Amapola es el de aquellos films que incitan a la risa pero que no pretendían hacerlo. Zanetti se toma en serio una película de aspecto visual de cuento de hadas solemne e incoherente, pero el efecto es el contrario al buscado por el director. Es que no hay ni una sola cosa que esté bien en Amapola. Ni una que funcione. Nadie le dijo a Zanetti que en los cuentos de hadas también existe algo que se llama coherencia y/ o verosimilitud dentro del relato.

Ya en los primeros minutos de la película es posible detectar el -intento- de realismo mágico y ver a Amapola como una prima de Un Cuento de Invierno. Como ella, tiene saltos temporales, reconstrucción de época y una serie de situaciones ridículas tomadas seriamente una tras otra sin ningún tipo de criterio narrativo. Ok, sin ningún tipo de criterio a secas.

El desastre es tal que en medio de la lamentable exposición de una historia de ¿amor? entre Amapola (Camilla Belle) y un chongo que llega a las orillas del río, remando y sin remera (después vestirá una camisa leñadora), está Shakesperare dando vueltas con Sueño de una Noche de Verano (para que quede claro que se está hablando de magia y fantasía); y para colmo vemos sucesos histórico-políticos como la muerte de Eva Perón, el golpe de 1962 y la Guerra de Malvinas mostrados de la manera menos ingeniosa de la historia del cine: a través de un televisor. Sí, todos a través de un televisor. Ni hablar de las horribles pestañas postizas de Belle y su delineado hecho por una maquilladora con Parkinson o de las escenas ridículas e innecesarias de transición, las sobreactuaciones o la participación de Geraldine Chaplin en una película de este nivel de grasada. Esos son solo detalles. Ahora, hablemos de una película que costó alrededor de 10 millones de pesos en la que absolutamente todos los actores -argentinos o no- están horrorosamente doblados, con una falta de sincro en los labios que es lastimosa a los ojos, sobre todo en las escenas en las que los personajes cantan ópera.

Una buena película no necesita de una conferencia post proyección que explique cuán buenos son los actores que vimos en pantalla. Señor Zanetti, haber tenido el privilegio de trabajar con gigantes de la industria cinematográfica no significa ser uno. Estamos ante una narración que divaga, que no tiene claro de qué habla y que carece de un clímax, que no cuenta ningún cuento: un director que afirma haber visto toda la historia del cine en un cineclub debería poder llevar a cabo la tarea de contar un cuento. Pero, ¿qué se puede esperar en pantalla de un director que en la conferencia de prensa -más bizarra aún que la película- afirmó que “Amapola no es una ópera prima, porque una ópera prima la hace alguien de 25”?

Pues Amapola solamente puede verse como una comedia inconsciente y totalmente ridícula de principio a fin, realizada de manera torpe. Sin duda, el peor estreno del año.

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Por Elena Marina D’Aquila

Pestañas postizas de la historia argentina.

La historia argentina es una narración sobre hombres y mujeres que intentaron construir una nación a partir de la imposición de unos ideales emancipatorios europeos a los pobladores de un virreinato a la deriva debido a las guerras napoleónicas. El mito de la independencia es el leitmotiv de una historia que se rompe con los golpes de estado, generándose así una dialéctica negativa que deja al descubierto todas las contradicciones de la edificación del ser nacional.

En esta construcción, la aristocracia que miraba hacia Europa fue la que estuvo a cargo del proyecto y sucumbió ahogada en la sangre que ella misma había contribuido a derramar. Amapola, la ópera prima de Eugenio Zanetti, un conocido vestuarista argentino de Hollywood, relata el devenir de una familia aristocrática argentina de artistas de ópera, cine y teatro, dueños de un hotel de lujo en el Tigre.

La película comienza con un mensaje radial anunciando la muerte de Eva Duarte de Perón para contextualizar la vida de Amapola, una inocente niña con vocación de artista que vive en el hotel y le regala su fonógrafo al río para que le devuelva un amor, como cuentan las leyendas populares.

Durante el golpe de Juan Carlos Onganía, el hotel vive días apacibles, pero la realidad amenaza con agitar las aguas del fastuoso establecimiento. Con saltos temporales sin sentido y una pretensión absurda de trazar un recorrido por la historia argentina a partir de varios sucesos que marcaron la identidad del país, Amapola intenta recrear el apogeo y la caída de la aristocracia argentina. El esplendor de la época dorada sucumbe ante la corrupción, el pillaje, la desunión, la desidia y el desamor.

El guión de Zanetti falla en su propuesta estética de reconstrucción histórica y de creación ficcional de un mundo señorial que queda a mitad de camino entre una historia anodina sobre el amor verdadero y la representación de la idiosincrasia popular a partir de pequeñas dosis de humor. A pesar de los pocos momentos logrados y de las buenas actuaciones de algunos actores secundarios, el primer largometraje de Zanetti carece de profundidad y nunca indaga en las ideas que pone en juego, cayendo de esta manera en el aburrimiento y la intrascendencia.

Sin encontrar el rumbo en ningún momento, el guión se convierte en una parodia no buscada de su pretensión de ofrecer una cálida y amena historia de amor en medio de un contexto histórico convulsionado con el trasfondo del hermoso Museo de Arte de Tigre.

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Por Martín Chiavarino

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