A Sala Llena

[19] BAFICI | Día 3 – Críticas 1

Críticas publicadas el viernes 15 de abril.

 

Las Plantas, de Roberto Doveris (Chile, 2015 – Competencia Latinoamericana), por Ximena Brennan

Bienvenidas las hormonas

En Las Plantas, la película de Roberto Doveris que se presentó en el Festival de Berlín, al principio parecería que no pasa demasiado. El ritmo es lento, las actuaciones un poco insulsas y unos sonidos raros ambientan una historia que quizá necesitaba de un empujón contextual y metafórico.

La película toca varias temáticas. Por un lado, la de una chica de 17 años que se enfrenta a la ausencia de sus padres en una casa enorme y vacía, en donde se siente insegura todo el tiempo y vive con su hermano que está en estado vegetativo, a quien debe cuidar. Por otra parte, Florencia está en plena edad de descubrimiento de su sexualidad, hecho que el director refuerza con el uso de internet constantemente por parte de ella. A su vez, entre elementos antiguos encuentra un comic titulado Las Plantas.

A partir de ese hecho todo toma otro color. El ritmo se va acelerando y, por lo tanto, se va haciendo cada vez más interesante la trama. En la mixtura de temas encontramos afortunadamente un único enfoque, que Doveris se encarga de representar con una bella metáfora, relacionada con el relato fantástico del comic en cuestión: “Por las noches las platas adquieren poderes y salen a poseer cuerpos humanos. Ellas, a quienes vemos siempre inmóviles, en realidad no están durmiendo y sienten absolutamente todo”. Vaya metáfora de la “planta” que es su hermano.

Más allá de la fantasía del relato, Las Plantas compone una obra realista de toda una situación familiar particular. En cuanto a lo técnico, no es ambiciosa pero no molesta, porque alberga elementos interesantes que no necesitan de parafernalia para contarse. Una buena historia a la que hay que darle un poco de tiempo para desarrollarse.

calificacion_3

 

 

 

Favio: Crónica de un Director, de Alejandro Venturini (Argentina, 2015 – Cinefilias), por Matías Orta

La figura de Leonardo Favio nunca perderá vigencia ni interés. Otra prueba de que fue y sigue siendo un cineasta único es el documental Favio: Crónica de un Director.

Una sucesión de entrevistas a amigos, familiares y colegas permite conocer íntimamente a Fuad Jorge Jury (tal era su nombre verdadero), y es posible descubrir cómo episodios y personajes de su entorno -en especial, de Luján de Cuyo, Mendoza, donde pasó su niñez- fueron cruciales para darle forma a su universo cinematográfico. También hay imágenes de las nueve películas que dirigió, pero el material más novedoso y notable es el audio de una entrevista que el director Alejandro Venturini le realizó al mismísimo Favio años atrás; los fragmentos de esta nota están distribuidos a lo largo del documental, que, como indica el título, se centra en su faceta como director.

Favio: Crónica de un Director resulta imprescindible, ideal para adentrarse en el universo de Favio por primera vez o para seguir descubriendo más sobre un genio del séptimo arte.

calificacion_4

 

 

 

Homeland (Iraq Año Cero), de Abbas Fahdel (Iraq, 2015 – Derechos Humanos, Fuera de Competencia), por Guido Pellegrini

Una película de seis horas es todo un desafío. Desde el vamos, tenemos que controlar nuestra ansiedad, abandonar nuestras pretensiones de productividad, permanecer sentados durante un largo período de tiempo que normalmente ocuparíamos con otras actividades, quizás remuneradas. Pero los 334 minutos de Homeland no son ni una provocación ni el resultado de un capricho. Nos permiten zambullirnos en la intimidad de una familia iraquí, la del mismo director, que atraviesa como puede la ocupación estadounidense.

La primera mitad del documental fue grabada justo antes de la invasión. Asistimos a la cotidianeidad doméstica de los protagonistas; a sus almuerzos y cenas; a los preparativos que llevan a cabo para sobrevivir la ineludible guerra. De lo que no hablan es de política. La figura de Saddam Hussein es ubicua, se cuela por todos lados. Pero nadie lo menciona, ni para criticarlo ni para alabarlo, salvo durante los festejos por su cumpleaños. Estos tramos del film son tan tranquilos como perturbadores: no solo porque sabemos que se avecina el caos sino también porque notamos que algo falta, que algo no se está diciendo, que algo turbio se esconde detrás de los constantes y grotescos clips musicales dedicados al líder que se emiten por televisión.

La segunda mitad, en cambio, se filmó cuando el ejército estadounidense ya estaba instalado en territorio iraquí, y es desesperanzadora. Vemos un país desordenado, acéfalo. Los soldados norteamericanos disparan y matan por cualquier motivo, generan resentimiento, y no logran controlar a las bandas armadas de iraquíes, que también son una pesadilla para sus coterráneos. Visitamos estaciones de radio bombardeadas, estudios de cine saqueados, ciudades en ruinas. Ni siquiera el pasado sirve de horizonte edénico para encarrilar el país. Al ser destronado Saddam Hussein, se vuelven a mencionar los asesinatos durante el régimen, las fosas comunes repletas de disidentes. Hay que empezar casi de cero, desde un presente de ocupación extranjera y nula autonomía económica e institucional, ante la falta de partidos políticos fuertes, con una población divida y un legado cultural enterrado.

calificacion_5

 

 

 

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